El arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, ha reivindicado sin complejos el valor del conservadurismo entendido como fidelidad a la verdad, la bondad y la belleza, ha defendido el derecho de la Iglesia a intervenir en la vida pública y ha realizado un duro diagnóstico sobre la situación política española.
En una extensa entrevista concedida a El Debate, el prelado ofrece también una reflexión sobre el inicio del pontificado de León XIV, al que presenta como una figura llamada a devolver esperanza a una Iglesia y a una sociedad marcadas por una profunda sensación de orfandad.
Lejos de aceptar las categorías políticas con las que habitualmente se clasifica a los obispos, Sanz Montes reivindica el término «conservador» desde una perspectiva muy distinta a la ideológica.
«Yo soy conservador y además profeso mi conservadurismo porque quiero conservar las cosas que valen la pena. Las que son prescindibles las dejo aparte», afirma. Pero añade también que cree en un progreso auténtico: «Como también soy aventurero, siempre creo en un progreso, porque la vida no tiene botón de pausa».
Para el arzobispo, ambas realidades no se oponen. «Conservo la verdad, la bondad y la belleza, y quiero progresar en ellas, como la tradición cristiana —empezando por el Evangelio— me ha enseñado».
«Del huracán Wojtyła a la brisa Prevost»
Haciendo una reflexión sobre el reciente viaje apostólico de León XIV a España, Sanz resume la visita con una expresión que sintetiza su visión de ambos pontificados: «Del huracán Wojtyła a la brisa Prevost».
El arzobispo recuerda el impacto que supuso la elección de san Juan Pablo II tras los años de crisis posteriores al Concilio Vaticano II.
«Nos devolvió justamente la esperanza, el «no tengáis miedo». Eso fue una constante durante todo su pontificado».
A su juicio, León XIV ha retomado precisamente ese mismo mensaje en un momento histórico muy distinto, pero igualmente complejo.
Sanz describe una sociedad marcada por una triple orfandad. Habla de una orfandad política, provocada por «todas las corrupciones y sus diferentes cloacas»; de una orfandad cultural, fruto de ideologías que pretenden romper con la tradición cristiana; y también de una orfandad interna en la Iglesia, donde en los últimos años «se han dado una cierta confusión y también una cierta desesperanza».
En ese contexto sitúa la llegada del nuevo Pontífice.
«De pronto aparece un hombre que no conocíamos del todo y que tú reconoces en sus palabras, en sus actitudes, en sus textos y en sus gestos al padre. Un padre que te da nuevamente la vida, que la quiere ver crecer y que te regala la esperanza».
Por eso, añade, «la gente sale a la calle como diciendo: «Te estábamos esperando, aunque nosotros no lo sabíamos»».
«El Evangelio siempre será signo de contradicción»
El arzobispo rechaza una visión edulcorada del cristianismo según la cual el anuncio del Evangelio nunca puede resultar incómodo.
«Evidentemente que el Evangelio es signo de contradicción», afirma.
Y explica por qué.
«Cuando tú defiendes la vida frente a los amigos de la muerte; cuando defiendes la verdad en un mundo lleno de engaño; cuando eres amigo de la familia frente a quienes la confunden, la desmontan y, si pueden, la destruyen, serás signo de contradicción».
Para Sanz Montes, precisamente ahí reside una de las tentaciones más frecuentes dentro de la propia Iglesia: sustituir el anuncio de la verdad por un deseo de agradar a todos.
«Aquí no vale el buenismo en donde, por una especie de falso irenismo, quieres estar bien con todos».
Aclara, no obstante, que esa firmeza no implica buscar la confrontación.
«Yo no tengo ningún interés en levantar barricadas o cavar trincheras. Pero defiendo con todas mis posibilidades la vida, la familia, la libertad de educación, la verdad, la belleza y la bondad. A veces eso hace que seas incómodo, pero pagas el precio de ser honestamente quien eres para no falsear tu propia identidad».
«Siempre que puedo me meto en política»
El arzobispo responde a quienes sostienen que la Iglesia debería mantenerse al margen de la vida pública.
«Yo siempre que puedo me meto en política», responde con ironía.
«Entiendo la política como la polis, la ciudad. Soy un ciudadano de este mundo que intenta decir su palabra y construir su obra».
Desde esa perspectiva, sostiene que la Iglesia no puede aceptar ser expulsada del debate público.
«Nuestra palabra y nuestro proyecto deben tener cabida. A base de amenazas, etiquetas y ataques algunos pretenden quitarnos la palabra hasta hacernos mudos y erradicar nuestra presencia hasta hacernos ausentes».
Frente a ello, reivindica el derecho y el deber de los cristianos de participar en la construcción de la sociedad.
«No tenemos que estar mudos ni fugitivos. Tenemos que decir nuestra palabra y exhibir nuestra presencia, porque formamos parte de esta ciudad».
Una crítica muy dura a la situación política española
Sobre la actualidad de España, el arzobispo habla sin rodeos de un clima de deterioro institucional y moral.
«Vivimos una profunda orfandad cuando nos asomamos a los escenarios políticos con todas las corrupciones y sus diferentes cloacas», afirma.
A su juicio, existe una maquinaria permanente dedicada a maquillar la realidad.
«Hay cantidad de asesores que trabajan continuamente adornando, maquillando y edulcorando lo que es un desastre».
Ese esfuerzo comunicativo, sostiene, explica que una parte de la sociedad continúe respaldando a responsables políticos pese a los escándalos conocidos.
«Hay mucha gente trabajando para convencer a una población —a veces muy vulnerable— mediante el maquillaje y el trucaje de una cruda realidad. Eso explica que haya personas que sigan apoyando lo que palmariamente se demuestra que es corrupto, mentiroso, donde hay ladrones y donde la gente se pervierte de las maneras más obscenas».
Preguntado directamente sobre la continuidad del Gobierno de Pedro Sánchez tras los últimos casos de corrupción, Sanz evita mencionar expresamente al presidente, pero deja clara cuál considera que debería ser la respuesta cuando una acción política pierde su legitimidad moral.
«La política es una cosa hermosísima. Es una expresión de la caridad, como dice la Doctrina Social de la Iglesia, siempre y cuando sea una política recta y honesta».
Y añade:
«Cuando se pervierte y se arruina, lo primero que se debe hacer es reconocerlo y dejar que pasen otros para que intenten hacer otra cosa distinta».
Apoyo a jueces, fiscales y periodistas
El arzobispo concluye la entrevista mostrando su respaldo a quienes, desde distintos ámbitos, están contribuyendo a esclarecer los casos de corrupción.
«Hay que seguir apoyando a quienes están sacando a flote este desenmascaramiento».
Cita expresamente a «los jueces y fiscales» y también a «los periodistas que son libres», a quienes considera fundamentales para defender la honestidad de la vida pública.
Desde esa perspectiva, insiste en que la Iglesia no debe renunciar a recordar los principios morales que inspiran la Doctrina Social.
«No debemos dejar de insistir en los principios cristianos con los que hemos construido una ciudad, un derecho y una cultura que llevan el marchamo del santo Evangelio».