El debate sobre la inmigración sigue ocupando un lugar central en la vida pública y eclesial en España. En este contexto, el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, rechazó este jueves que la denominada «prioridad nacional» pueda constituir el criterio desde el que los cristianos afronten el fenómeno migratorio y defendió que «los inmigrantes forman parte de nuestra vida» porque «cuidan a enfermos, ancianos, trabajan los campos» y están presentes «en muchos sectores de la vida social y económica».
Las palabras de Benavent se suman a distintas declaraciones con las que los obispos y la Conferencia Episcopal Española han insistido en la acogida de los inmigrantes, mientras desde distintos ámbitos políticos y eclesiales se ha reivindicado el derecho de los Estados a ordenar los flujos migratorios conforme al bien común.
Durante un desayuno organizado por Fórum Europa Tribuna Mediterránea en Valencia, el arzobispo defendió que «la prioridad de los cristianos es, cuando tenemos ante nosotros a una persona necesitada, no distinguir si una persona es de una raza o de otra». «Para nosotros todos los seres humanos son hijos de Dios», añadió.
Benavent insistió en esa idea con una afirmación aún más explícita: «Cuando podemos ayudar a alguien, no podemos negarle la ayuda por ser de una raza, de una lengua, de una religión o de otro país distinto». A su juicio, «cuando se trata de ayudar a personas necesitadas, la prioridad es la vulnerabilidad de las personas».
El prelado matizó, no obstante, que esa obligación moral no elimina la responsabilidad propia de los poderes públicos. «Otra cosa es que los Estados tengan sus recursos limitados», afirmó. Por ello, reconoció que «evidentemente, tiene que haber unos criterios de distribución», aunque reiteró que las instituciones de la Iglesia «actuarán siempre movidas por esta prioridad».
Volviendo sobre la cuestión migratoria, Benavent defendió que los inmigrantes «forman parte de nuestra vida» porque «cuidan a enfermos, ancianos, trabajan los campos» y están implicados «en muchos sectores de la vida social y económica». «Debemos pensar que deben ser tratados como seres humanos con toda su dignidad», sentenció.
La evangelización y el crecimiento de los grupos evangélicos
Más allá de la cuestión migratoria, el arzobispo reflexionó sobre el auge de determinados movimientos evangélicos y admitió que la Iglesia debe preguntarse por la forma en que presenta la fe en una sociedad cada vez más secularizada.
En este sentido, consideró que «tal vez una institucionalización excesiva de la religión puede ser una dificultad para la evangelización» y que «un excesivo intelectualismo en la manera de presentar la fe puede ser para ciertos sectores una dificultad para la evangelización». Con todo, advirtió de que «no nos podemos quedar con el puro emotivismo».
Benavent afirmó también que la secularización ha cambiado el modo de transmitir la fe y sostuvo que hoy ésta «se transmite por el testimonio», más que por la herencia familiar. Asimismo, defendió que la Iglesia «no es una institución monolítica», sino una realidad en la que conviven diversas espiritualidades y formas de vivir la fe.
En el turno de preguntas abordó igualmente el debate sobre el uso del valenciano en la liturgia. El arzobispo negó que exista prohibición alguna para celebrar en esa lengua, pidió «despolitizar» la cuestión y recordó que durante su etapa al frente de la diócesis de Tortosa convivían con normalidad celebraciones en valenciano y en castellano, sin que ello generara polémica entre los fieles.
Las declaraciones de Benavent se enmarcan en una línea de posicionamientos mantenida por distintos miembros del episcopado español sobre la cuestión migratoria. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha rechazado la denominada «prioridad nacional» y ha defendido que la respuesta a la inmigración debe inspirarse en el Evangelio, mientras que el obispo de Canarias, José Mazuelos, ha abogado por la regularización de inmigrantes ya presentes en España y ha pedido desvincular la inmigración de la confrontación política. Estas intervenciones han ido consolidado un discurso episcopal con posiciones próximas a las políticas migratorias impulsadas por el Gobierno, relegando a un segundo plano otros principios de la doctrina social de la Iglesia, como el bien común, la subsidiariedad o el derecho de los Estados a ordenar los flujos migratorios.