El monasterio de Santa Marta, en Córdoba, se queda sin monjas tras la muerte de su última religiosa

El monasterio de Santa Marta, en Córdoba, se queda sin monjas tras la muerte de su última religiosa

La muerte de sor Fátima, última religiosa del monasterio jerónimo de Santa Marta, ha dejado sin comunidad al convento más antiguo de Córdoba, fundado en 1464. La Orden Jerónima todavía no ha decidido si intentará mantener la presencia monástica en el histórico monasterio o si el cierre acabará siendo definitivo, así lo informó ABC Códoba.

Con este caso, la diócesis cordobesa ha perdido cuatro monasterios femeninos de clausura en apenas una década, una realidad que refleja las dificultades que atraviesa la vida contemplativa en buena parte de España.

La última monja de Santa Marta

Sor Fátima falleció el pasado 15 de junio a los 99 años de edad. Había ingresado en el monasterio en 1943 y, durante más de ocho décadas, vivió conforme al carisma jerónimo de oración, silencio y vida comunitaria. Con el paso de los años fue viendo desaparecer a las demás religiosas de la comunidad hasta convertirse en la única monja propia del monasterio y ejercer también como priora.

En los últimos años estuvo acompañada por sor María de Gracia, religiosa del monasterio jerónimo de Nuestra Señora de los Ángeles, de Constantina, desplazada temporalmente para atenderla debido a su avanzada edad. Tras el fallecimiento de sor Fátima, la religiosa ha regresado a su comunidad de origen, dejando vacío el monasterio.

Cuatro comunidades desaparecidas desde 2016

El caso de Santa Marta no constituye un hecho aislado. En los últimos diez años Córdoba ha visto desaparecer cuatro comunidades femeninas de vida contemplativa.

En 2016 cerró el convento de clarisas de Santa Isabel de los Ángeles; un año más tarde hizo lo propio el monasterio de la Inmaculada Concepción, conocido como el Císter. El pasado otoño se anunció también el cierre del monasterio de la Visitación, de las religiosas salesas. Ahora, la desaparición de la comunidad de Santa Marta agrava una tendencia marcada por la escasez de vocaciones y el progresivo envejecimiento de las religiosas.

En todos estos casos, las respectivas órdenes intentaron mantener abiertas las comunidades, pero la reducción del número de monjas hizo finalmente inviable su continuidad.

El futuro del monasterio sigue abierto

Por el momento, la Orden Jerónima no ha comunicado si intentará restablecer la vida monástica en Santa Marta mediante la llegada de religiosas procedentes de otras comunidades o si el cierre terminará siendo definitivo.

No sería la primera vez que se busca esa solución. En años anteriores el monasterio acogió religiosas llegadas desde India, como también han hecho otras órdenes religiosas para sostener comunidades afectadas por la falta de vocaciones en España. Sin embargo, aquellas incorporaciones no lograron consolidar la continuidad del convento.

Mientras no se adopte una decisión definitiva, se pretende mantener abierto al culto el templo del monasterio, donde habitualmente se celebra la misa dominical y continúa la tradicional devoción a Santa Marta.

Una preocupación que viene de lejos

Las dificultades de continuidad de Santa Marta eran conocidas desde hace años. Ya durante su episcopado en Córdoba, monseñor Juan José Asenjo advirtió de la importancia de preservar este monasterio y llegó a afirmar que «Córdoba necesita a Santa Marta», en referencia al valor espiritual que la comunidad contemplativa representaba para la diócesis.

Además de la incertidumbre sobre el futuro de la comunidad, permanece abierta la cuestión de la conservación del conjunto conventual, uno de los más antiguos y significativos del casco histórico cordobés.

La vida contemplativa busca nuevos caminos

Pese a los cierres registrados en los últimos años, la diócesis de Córdoba mantiene actualmente diecisiete monasterios femeninos de clausura y tres comunidades masculinas de vida contemplativa.

Mientras algunas comunidades femeninas continúan afrontando un acusado envejecimiento y la escasez de nuevas vocaciones, en los últimos años también han surgido nuevas fundaciones masculinas. Es el caso de la Congregación de Eremitas Camaldulenses, establecida en la comarca de Los Pedroches, o de la consolidación de los monjes cistercienses de Santa María de la Escalonias, en Hornachuelos.

Junto al cierre de monasterios históricos por falta de relevo generacional, continúan apareciendo nuevas iniciativas monásticas que muestran que la vocación contemplativa sigue viva, aunque con una implantación distinta a la que durante siglos caracterizó a numerosas comunidades femeninas de clausura.

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