La falta de vocaciones obliga a los jesuitas a abandonar Murcia tras más de 150 años de presencia

La falta de vocaciones obliga a los jesuitas a abandonar Murcia tras más de 150 años de presencia
Foto: Diócesis de Cartagena

La Compañía de Jesús ha cerrado su última comunidad religiosa en la diócesis de Cartagena, poniendo fin a más de 150 años de presencia continuada en Murcia desde el regreso de la orden en 1871. La despedida oficial tuvo lugar el pasado domingo en la iglesia de Santo Domingo, donde el obispo de Cartagena, monseñor José Manuel Lorca Planes, presidió una multitudinaria misa de acción de gracias por la labor desarrollada por generaciones de jesuitas en la región.

La decisión responde a la profunda crisis vocacional que afecta a la vida religiosa en Europa y a la propia Compañía de Jesús. El provincial de los jesuitas en España, el padre Enric Puiggròs Llavinés, reconoció que la orden atraviesa «un momento institucional de fuerte debilidad» provocado por la escasez de nuevas vocaciones y el progresivo envejecimiento de sus miembros.

La clausura de esta comunidad supone el final de una presencia histórica que se remonta a 1555, cuando los hijos de san Ignacio se establecieron por primera vez en Murcia.

El cierre de la última comunidad jesuita

La salida de los jesuitas no afecta únicamente a la iglesia de Santo Domingo. Con ella desaparece la última comunidad religiosa estable de la Compañía de Jesús en toda la diócesis de Cartagena.

Al finalizar la celebración se leyó el acta oficial que certifica el cierre de esta última comunidad, en la que la diócesis expresó su agradecimiento «a todos los jesuitas que han servido en esta tierra», desde quienes predicaron y enseñaron hasta quienes desarrollaron silenciosamente su apostolado desde el confesionario y el acompañamiento espiritual.

El documento reconoce además que la diócesis acoge esta decisión «con espíritu de comunión eclesial», comprendiendo las circunstancias que la han hecho necesaria y comprometiéndose a custodiar el patrimonio espiritual recibido de la tradición ignaciana.

Una historia que comenzó en tiempos de san Ignacio

La presencia de la Compañía de Jesús en Murcia hunde sus raíces en los años de san Ignacio de Loyola. Según recordó el provincial de España, los jesuitas fundaron en 1555 el colegio de San Esteban, que permaneció activo hasta la expulsión de la orden decretada por Carlos III en 1767.

La Compañía regresó a Murcia en 1871, haciéndose cargo de la iglesia de Santo Domingo. Años después recibió también el monasterio de San Jerónimo, hoy sede de la Universidad Católica San Antonio de Murcia. Durante décadas, desde estos enclaves se impulsó una intensa actividad educativa, espiritual y misionera que dejó una profunda huella en la vida religiosa de la región.

El propio provincial destacó que desde San Jerónimo partieron numerosas misiones populares que contribuyeron a fortalecer la vida cristiana de la huerta murciana y a difundir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María.

En los últimos cincuenta años, tras abandonar otras obras apostólicas, la actividad de los jesuitas se había concentrado principalmente en torno a la iglesia de Santo Domingo, el Centro Loyola y el ministerio de la Eucaristía, la reconciliación y los ejercicios espirituales.

«Nos deja herido el corazón»

La despedida estuvo marcada por un tono de gratitud y dolor. En su homilía, monseñor José Manuel Lorca Planes confesó que este tipo de despedidas «dejan herido el corazón» y recordó la huella espiritual que la Compañía ha dejado en la diócesis.

«Los jesuitas nos han dejado a lo largo de los tiempos la impronta por la educación, el celo misionero, el amor al Corazón de Jesús y la obediencia al Papa como cuarto voto», afirmó el obispo.

El prelado evocó además otras despedidas anteriores de la orden en la región, como las de Caravaca de la Cruz, Lorca, San Esteban o el monasterio de Los Jerónimos, lugares donde todavía permanece visible la huella histórica de la Compañía.

Dirigiéndose directamente a los religiosos, Lorca Planes les agradeció «sus vidas gastadas y desgastadas por esta Iglesia» y les aseguró que la diócesis seguirá recibiéndolos «con los brazos abiertos».

El repliegue de la vida religiosa en Europa

El provincial de España enmarcó la decisión en un fenómeno que afecta a numerosas congregaciones religiosas del continente.

«Que así hayan sucedido las cosas, después de intentar durante no poco tiempo que fueran de otra forma, es un capítulo más de ese momento de repliegue que experimenta hoy la vida religiosa en la Iglesia de Europa», afirmó.

Puiggròs reconoció que la Compañía se ve obligada a reorganizar sus presencias porque ya no puede mantener comunidades junto a todas sus obras apostólicas. «Nos estamos resituando aquí y allá, experimentando siempre el desgarro de la partida», explicó.

Un adiós que no quiere ser definitivo

Pese a la clausura de la comunidad, los jesuitas quisieron subrayar que la espiritualidad ignaciana seguirá presente en Murcia a través de distintas iniciativas apostólicas y de la labor desarrollada por ECCA Social y el Centro Loyola.

El provincial concluyó su intervención dejando abierta la puerta a un futuro regreso.

«Ponemos en manos de Dios el futuro y nos confiamos a la guía que hace de él, con el deseo de que permita que nuestra retirada no sea definitiva».

Con esta despedida concluye una presencia que, entre expulsiones, retornos y siglos de apostolado, ha formado parte de la historia religiosa de Murcia durante casi cinco siglos.

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