El papa León XIV recibió este lunes en el Palacio Apostólico Vaticano a una delegación de la United Jewish Appeal-Federation of New York, una de las principales organizaciones filantrópicas judías del mundo. Durante el encuentro, el Pontífice aprovechó la ocasión para reivindicar el legado de Nostra Aetate, la declaración del Concilio Vaticano II que marcó un antes y un después en las relaciones entre la Iglesia católica y el judaísmo, y recordó el papel desempeñado por san Juan XXIII en ese proceso histórico.
León XIV situó el encuentro dentro de una larga trayectoria de acercamiento entre ambas comunidades religiosas y evocó una audiencia celebrada hace sesenta y seis años, cuando una delegación de la misma organización fue recibida por Juan XXIII. En aquella ocasión, el Papa pronunció unas palabras que pasarían a la historia del diálogo judeo-cristiano: «Yo soy José, vuestro hermano», dijo citando el libro del Génesis.
Según recordó León XIV, aquel gesto simbolizó el reconocimiento de una herencia espiritual compartida y contribuyó a preparar el terreno para una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia y el pueblo judío.
El legado de Nostra Aetate
El Pontífice señaló que los contactos iniciados en aquellos años desembocaron en la elaboración de un texto que acabaría convirtiéndose en «el corazón y núcleo generador» de Nostra Aetate, la declaración conciliar promulgada en 1965 sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.
León XIV recordó que la Iglesia celebró el año pasado el sesenta aniversario de aquel documento, al que atribuyó la apertura de «un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual».
Según explicó, Nostra Aetate permitió superar décadas de incomprensión y sentó las bases para una relación más estrecha entre católicos y judíos. «Plantó una semilla de esperanza que ha crecido hasta convertirse en un árbol robusto, ofreciendo refugio y produciendo abundantes frutos de comprensión, amistad, cooperación y paz», afirmó.
El Papa subrayó además que el documento reafirmó una verdad fundamental: que todos los seres humanos pertenecen a una misma familia humana.
Una condena clara del antisemitismo
Al repasar los frutos de Nostra Aetate, León XIV destacó la condena explícita del antisemitismo formulada por la Iglesia y reiteró la vigencia de ese compromiso.
«Reconociendo la dignidad inherente de todos los hombres y mujeres, Nostra Aetate adoptó una posición firme contra el antisemitismo y declaró que la Iglesia rechaza toda forma de discriminación o acoso por motivos de raza, color, condición de vida o religión», recordó.
En un mundo que sigue marcado por conflictos, divisiones y tensiones identitarias, el Pontífice sostuvo que el mensaje del Concilio continúa siendo una invitación a superar prejuicios y malentendidos para colaborar en la construcción del bien común.
El servicio a los necesitados como espacio de encuentro
Junto al diálogo entre judíos y católicos, León XIV quiso destacar la labor humanitaria desarrollada por la organización neoyorquina, que presta ayuda a personas vulnerables en Estados Unidos, Israel y más de setenta países.
El Papa elogió especialmente el trabajo realizado en favor de los pobres, los refugiados, los ancianos y las personas con discapacidad, señalando que ese compromiso encuentra un terreno común con la doctrina social de la Iglesia.
«El amor es ante todo una manera de mirar la vida y una manera de vivirla», afirmó, añadiendo que el servicio a los más débiles constituye una ocasión privilegiada para reconocer la presencia de Dios en medio del mundo.
Apoyándose en las palabras del profeta Isaías, recordó que cuando se comparte el pan con el hambriento y se atiende al necesitado, «la luz irrumpirá como la aurora», una imagen que utilizó para subrayar la dimensión espiritual de la caridad.
Un llamamiento al diálogo y a la cooperación
En la parte final de su intervención, León XIV agradeció a los miembros de la delegación su compromiso frente al odio y la intolerancia y los animó a seguir trabajando por una sociedad más justa y pacífica.
«Que vuestra misión fortalezca el diálogo, profundice la comprensión mutua y contribuya a la paz que nuestro mundo necesita tan urgentemente», afirmó.
Discurso completo de León XIV:
Distinguídos representantes de la United Jewish Appeal-Federation of New York,
Queridos amigos:
¡La paz esté con vosotros!
Es una alegría daros la bienvenida esta mañana al Vaticano. Vuestra organización sirve como instrumento de la filantropía judía global, proporcionando ayuda humanitaria esencial y servicios sociales a poblaciones vulnerables, por ejemplo, a quienes viven en la pobreza, a los refugiados, a los ancianos y a las personas con discapacidad, en Nueva York, en el Estado de Israel y en más de setenta países. Estos esfuerzos reflejan un claro reconocimiento de la dignidad humana y de la fraternidad, en consonancia con el compromiso de la Iglesia con el desarrollo humano integral y con el llamado a amar al prójimo.
Este compromiso compartido adquiere un significado especial a la luz de nuestra historia común. Hace sesenta y seis años, una delegación de vuestra organización fue recibida por el papa Juan XXIII. Con las sencillas pero profundas palabras: «Yo soy José, vuestro hermano» (cf. Gn 45,4), citando el Libro del Génesis, afirmó nuestra humanidad común, así como nuestra herencia espiritual compartida en Abraham, Isaac, Jacob y José. Más tarde, se preparó un documento que describía una nueva relación entre la Iglesia católica y el judaísmo. Ese texto constituyó el fundamento de lo que llegó a ser «el corazón y núcleo generador» (Discurso con ocasión del 60.º aniversario de Nostra Aetate, Caminar juntos en la esperanza, 28 de octubre de 2025) de Nostra Aetate, la Declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.
Ese documento histórico, cuyo sexagésimo aniversario celebró la Iglesia el año pasado, «abrió un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual» (Audiencia general, 29 de octubre de 2025). Afirmó, entre otras cosas, la verdad de que pertenecemos a una sola familia humana. De este modo, plantó una semilla de esperanza que «ha crecido hasta convertirse en un árbol robusto… ofreciendo refugio y produciendo los ricos frutos de la comprensión, la amistad, la cooperación y la paz» (Discurso con ocasión del 60.º aniversario de Nostra Aetate, Caminar juntos en la esperanza, 28 de octubre de 2025). Al reconocer la dignidad inherente de todos los hombres y mujeres, Nostra Aetate adoptó una postura firme contra el antisemitismo y declaró que la Iglesia rechaza toda forma de discriminación o acoso por motivos de raza, color, condición social o religión (cf. Nostra Aetate, 4-5). En un mundo todavía herido por divisiones y conflictos, nos llamó a superar los malentendidos del pasado para colaborar en favor del bien común.
Este mismo espíritu de solidaridad encuentra una expresión concreta en nuestra preocupación compartida por quienes más necesitan ayuda. En mi exhortación apostólica Dilexi Te, observé que «el amor es, ante todo, una manera de mirar la vida y una manera de vivirla» (120). El servicio a los pobres, marginados e indefensos es un medio para encontrarse con lo sagrado; a través de ellos, la voz divina continúa hablándonos (cf. ibíd., 5). Como nos recuerda el profeta Isaías, cuando compartimos nuestro pan con el hambriento y cuidamos de quienes sufren necesidad, la luz del Señor «brotará como la aurora» (cf. Is 58,7-8). Esa luz nos invita a contemplar el servicio a los vulnerables como un camino que abre los corazones y renueva la sociedad.
Queridos amigos, os felicito por la dedicación con la que asistís a los pobres y necesitados, afrontáis el odio y la intolerancia, y trabajáis para construir un mundo mejor para todos. Que vuestra misión fortalezca el diálogo, profundice la comprensión mutua y contribuya a la paz tan necesaria en nuestro mundo. Tened por seguro mi recuerdo en la oración por vosotros, por vuestros seres queridos y por todas las personas a las que servís.
Gracias.