El papa León XIV recibió este lunes en audiencia a los participantes en el primer congreso de los fieles de la Iglesia siro-malankar residentes en Europa. Durante el encuentro, celebrado en el Palacio Apostólico Vaticano, el Pontífice destacó la importancia de conservar el patrimonio espiritual y litúrgico de esta Iglesia oriental católica y alentó a sus fieles a permanecer unidos a sus tradiciones y a su jerarquía.
La Iglesia siro-malankar es una de las Iglesias orientales católicas en plena comunión con Roma. Tiene sus raíces en la antigua tradición cristiana de la India vinculada a la predicación del apóstol santo Tomás y cuenta actualmente con varios millones de fieles, principalmente en el estado de Kerala. En las últimas décadas, la emigración ha favorecido el crecimiento de comunidades siro-malankares en Europa, América del Norte y otras regiones del mundo.
En su discurso, León XIV recordó la figura del venerable Mar Ivanios, impulsor de la reunificación de la Iglesia siro-malankar con Roma en el siglo XX, destacó la vocación misionera de esta comunidad e insistió en la necesidad de preservar sus tradiciones litúrgicas y espirituales en los países de la diáspora.
Discurso completo de León XIV:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
Su Beatitud, Excelencias,
Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas,
Queridos hermanos y hermanas:
Me complace dar la bienvenida a esta significativa delegación de la Iglesia siro-malankar con ocasión del primer congreso de vuestro clero y de vuestros fieles residentes en Europa. Vuestro arzobispo mayor, el cardenal Baselios Mar Cleemis, cumple hoy 67 años. ¡Feliz cumpleaños, Su Beatitud! Asimismo, deseo expresar mis felicitaciones y oraciones con motivo de su próximo Jubileo de Plata Episcopal, que celebrará en agosto y cuyas conmemoraciones ya comenzaron ayer aquí en Roma con una celebración especial. Dirijo también un saludo particular a monseñor Kuriakose Mar Osthathios, recientemente nombrado Visitador Apostólico para los fieles siro-malankares residentes en Europa, quien ha organizado este congreso.
Queridos hermanos y hermanas, tengo entendido que toda vuestra Iglesia sui iuris ha emprendido un intenso camino plurianual de renovación espiritual en preparación para su centenario. Ahora que acabamos de entrar en el año 95 desde el establecimiento de vuestra jerarquía mediante la constitución apostólica Christo Pastorum Principi del papa Pío XI, promulgada el 11 de junio de 1932, deseo recordar ese texto de mi ilustre predecesor, que se abre con una acción de gracias a Cristo, el Príncipe de los Pastores.
También nosotros «rendimos las más humildes y fervientes gracias» a Dios por el venerable Mar Ivanios, quien, junto con Mar Theophilos, condujo a varios sacerdotes y a un buen número de fieles, incluidos religiosos y religiosas de las Congregaciones Bethany, a redescubrir la comunión eclesial con el sucesor del apóstol Pedro como parte esencial de la vida cristiana. El primer arzobispo metropolitano siro-malankar de Trivandrum fue verdaderamente un pastor según el Corazón de Jesús, a través del cual el Espíritu Santo guio al rebaño de Dios.
Encarnó admirablemente ese «gran deseo de una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierte en fermento para un mundo reconciliado» del que hablé durante la solemne misa de inicio de mi pontificado.
Incluso siendo un joven sacerdote, Mar Ivanios miró mucho más allá de las fronteras de su propia comunidad cristiana en Kerala y percibió con claridad la necesidad de recuperar el dinamismo de la buena semilla plantada en la India por la predicación y el martirio del apóstol santo Tomás. También insistió en que la labor misionera no debía realizarse únicamente con palabras, sino mediante una vida virtuosa y un auténtico servicio de caridad.
Por esta razón, desde sus orígenes vuestra Iglesia ha sido siempre un faro de energía evangélica y de caridad apostólica, llevando justicia social, educación y desarrollo humano integral a quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad. De este modo se difunde el Evangelio, tal como señaló mi venerado predecesor Benedicto XVI: por «atracción», del mismo modo que Cristo «atrae a todos hacia sí» mediante la fuerza de su amor, culminado en el sacrificio de la Cruz.
La Iglesia siro-malankar comenzó así a crecer rápidamente más allá de las fronteras étnicas y lingüísticas, inicialmente en Tamil Nadu, fruto de un esfuerzo evangelizador que se remonta a 1934. Estas vigorosas comunidades católicas siro-malankares florecieron gracias al compromiso de la jerarquía y también a la dedicación de las religiosas de la Congregación de las Hijas de María.
Animo al Sínodo de los Obispos y a los institutos religiosos de vuestra Iglesia a mostrar el mismo compromiso con las circunscripciones creadas más recientemente en la India, especialmente las extensas eparquías de San Efrén de Khadki y de San Juan Crisóstomo de Gurgaon.
Al mismo tiempo, es igualmente urgente comprometerse con la preservación y promoción de los inestimables tesoros encarnados por todas las Iglesias orientales, especialmente en las crecientes diásporas, como tuve ocasión de señalar durante vuestro Jubileo, celebrado pocos días después de mi elección como Papa.
En este contexto, reconociendo la presencia de numerosos fieles siro-malankares en América del Norte, el papa Benedicto XVI erigió un Exarcado Apostólico para los fieles siro-malankares en Estados Unidos. Diez años después, al elevar dicho Exarcado a la categoría de Eparquía, mi venerado predecesor Francisco extendió la atención pastoral del obispo eparquial a todos los fieles siro-malankares de Canadá.
Con una intención similar, ya en el primer año de mi pontificado, nombré al primer Visitador Apostólico permanente para los católicos siro-malankares de toda Europa, monseñor Mar Osthathios. Su responsabilidad consiste en evaluar el estado actual de la atención pastoral y presentar propuestas tanto a los obispos locales como a la Santa Sede para el bien espiritual de los fieles.
A este respecto, he pedido al Dicasterio para las Iglesias Orientales que me ayude a «definir principios, normas y directrices mediante las cuales los obispos latinos puedan apoyar concretamente a los católicos orientales en la diáspora en sus esfuerzos por preservar sus tradiciones vivas y, mediante su testimonio particular, enriquecer las comunidades en las que viven».
La misma institución curial me ayudará también a evaluar las mejores formas de establecer bases sólidas y duraderas para que las futuras generaciones de fieles siro-malankares continúen profundizando su amistad con el Señor Jesús a través de sus propias tradiciones, beneficiando así a toda la Iglesia católica.
Queridos hermanos y hermanas, os pido que promováis un mayor conocimiento de la preciosa identidad de la Iglesia siro-malankar y una identificación más profunda con ella, participando activamente en su vida eclesial y experimentando la riqueza de vuestro patrimonio particular, conscientes de vuestra gran dignidad y permaneciendo unidos al arzobispo mayor y al Sínodo de los Obispos.
Sabiendo que los cristianos de santo Tomás de la India gozan de una merecida reputación por la solidez de sus familias y por las numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas que surgen de ellas, rezo para que una fe fuerte siga floreciendo en vuestros hogares y en vuestros corazones, especialmente en los de los jóvenes.
Invocando abundantes gracias de Dios Todopoderoso sobre todos los que participan en esta gozosa celebración, para que podáis seguir a Cristo cada día con mayor fidelidad y convertiros en mensajeros de esperanza para todos, os imparto de buen grado la Bendición Apostólica.
Que la Santísima Virgen María, Reina de la Paz, el apóstol santo Tomás y todos vuestros santos patronos, especialmente el venerable Mar Ivanios, intercedan por vosotros.
Muchas gracias.