El nuevo abad de Santa María de Huerta sobre la crisis vocacional: «Puede que nos hayamos vuelto sal sosa»

El nuevo abad de Santa María de Huerta sobre la crisis vocacional: «Puede que nos hayamos vuelto sal sosa»

A pocas semanas de recibir la bendición abacial, Dom Francisco Rivera, nuevo abad del monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, ha advertido que la drástica disminución de vocaciones no puede atribuirse únicamente a los cambios culturales de la sociedad actual. El monje considera que la propia vida consagrada debe examinar si sigue ofreciendo un testimonio coherente y fiel a su identidad.

«No podemos engañarnos» ante la caída de las vocaciones

En una entrevista concedida a Vida Nueva, el sucesor de Dom Isidoro Anguita aborda uno de los desafíos más preocupantes para la Iglesia: la falta de nuevas vocaciones religiosas.

«La realidad es que a día de hoy la afluencia vocacional ha descendido drásticamente», reconoce el abad, que rechaza buscar explicaciones exclusivamente en factores externos como las redes sociales o los cambios culturales.

A su juicio, las comunidades religiosas también deben examinarse a sí mismas. «Puede que nos hayamos vuelto como una especie de sal sosa», afirma, evocando la advertencia evangélica sobre la pérdida de identidad y de capacidad de dar sabor al mundo.

Rivera sostiene que la mejor pastoral vocacional no pasa por estrategias de marketing ni campañas específicas, sino por la fidelidad a la propia vocación. En el caso de los monasterios, considera esencial vivir con seriedad la Regla de San Benito y los compromisos monásticos.

Una autoridad que nace de la oración y del amor a los hermanos

El nuevo abad también reflexiona sobre el ejercicio de la autoridad dentro de la Iglesia, una cuestión especialmente sensible en los últimos años.

Entre los consejos recibidos de Dom Isidoro Anguita destaca tres pilares: ser un hombre de oración, amar a los hermanos de comunidad y actuar con sentido común.

Rivera advierte de que toda autoridad eclesial corre el riesgo de deformarse cuando deja de estar orientada al bien de las personas.

«Solo el amor que nace de buscar el bien del otro debe ordenar las relaciones de autoridad y gobierno en la Iglesia», señala. De lo contrario, añade, existe el peligro de que quienes ejercen responsabilidades terminen gobernando de forma autoritaria.

El silencio como respuesta al mundo digital

Preguntado por el valor de la vida contemplativa en una época dominada por la tecnología y la inmediatez, el abad defiende el silencio como una necesidad profundamente humana y espiritual.

Según explica, el silencio obliga a enfrentarse a la propia realidad interior y a aquello de lo que habitualmente se huye mediante el ruido constante.

Por ello considera que la experiencia monástica ofrece un mensaje especialmente actual en una sociedad marcada por la aceleración permanente y la dificultad para detenerse.

De Granada al monasterio de Santa María de Huerta

Natural de Granada, Dom Francisco Rivera descubrió su vocación monástica durante la adolescencia tras conocer por internet el monasterio cisterciense soriano. La participación en uno de los cursos vocacionales organizados por la comunidad confirmó una inquietud espiritual que llevaba años experimentando.

Elegido abad el pasado mes de mayo, sucederá oficialmente a Dom Isidoro Anguita tras recibir la bendición abacial el próximo 11 de julio.

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