Entre los muchos gestos que han marcado la visita de León XIV a España, uno de los más significativos ha pasado casi desapercibido. No se produjo en una audiencia oficial ni en un gran discurso doctrinal, sino en torno a un canto mariano que forma parte del alma religiosa de Cataluña.
Durante la vigilia de oración celebrada el 9 de junio en el Estadio Olímpico Lluís Companys y nuevamente al día siguiente en la Abadía de Montserrat, la Escolanía interpretó el Virolai, el himno dedicado a la Virgen de Montserrat compuesto por Jacint Verdaguer y Josep Rodoreda. Entre sus estrofas resonó una frase que durante generaciones fue asumida con total naturalidad por los fieles, pero que en los últimos años ha resultado incómoda para determinados sectores: «Dels catalans sempre sereu Princesa; dels espanyols, Estrella d’Orient».
No se trata de una adición posterior ni de una lectura interesada. Forma parte del texto original y expresa una realidad que históricamente acompañó la devoción montserratina: la Moreneta es profundamente catalana, pero nunca exclusivamente catalana.
Una advocación que trasciende fronteras
La historia de Montserrat desmiente cualquier intento de reducir la Virgen a un símbolo local o identitario.
Desde hace siglos existen parroquias, capillas, cofradías y comunidades dedicadas a Nuestra Señora de Montserrat en numerosos lugares de España. La expansión de esta devoción no respondió a proyectos políticos ni a campañas culturales, sino a la fuerza espiritual que irradiaba el santuario benedictino.
La propia visita de León XIV ha vuelto a poner de manifiesto esa dimensión universal. Miles de peregrinos procedentes de distintos puntos de España participaron en los actos celebrados en Cataluña, confirmando que Montserrat sigue siendo un lugar de referencia para católicos de muy diversas procedencias.
El detalle más significativo del discurso papal
Sin embargo, lo más relevante no fue únicamente que la Escolanía interpretara el Virolai. Lo verdaderamente significativo es que el propio León XIV decidió recoger esa tradición en el momento culminante de su intervención ante la Virgen de Montserrat.
Después de hablar de reconciliación, de mansedumbre y de la necesidad de superar las divisiones, León XIV pidió a María que enseñe a los cristianos a renunciar «a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias».
Fue entonces cuando invitó a los fieles a dirigirse a la Moreneta con unas palabras inspiradas directamente en la célebre estrofa de Verdaguer:
«Dels catalans sempre sereu la Princesa,
dels espanyols i de tot el món l’amor».
La referencia no fue casual. El Papa había escuchado esos versos durante la vigilia celebrada la noche anterior. Y cuando llegó el momento de concluir su discurso, quiso retomarlos expresamente.
Cataluña, España y la universalidad de la Iglesia
El Pontífice no eliminó la referencia a España. Tampoco la sustituyó por una formulación neutra. Conservó la referencia a los españoles y añadió una dimensión aún más amplia: «i de tot el món».
La Moreneta aparece así como Princesa de los catalanes, signo de amor para los españoles y referencia espiritual abierta al mundo entero.
Difícilmente puede encontrarse una expresión más coherente con la naturaleza de la Iglesia católica, que no destruye las identidades legítimas, sino que las integra en una realidad superior.
La fe permite amar la propia tierra sin convertirla en un absoluto. Permite valorar una cultura sin levantar fronteras espirituales frente a otras.
Una Virgen que no pertenece a ninguna ideología
Precisamente por eso la Virgen de Montserrat no puede ser monopolizada por ningún proyecto político.
Durante décadas, distintos sectores han intentado presentar Montserrat como patrimonio exclusivo de determinadas sensibilidades ideológicas. Sin embargo, la realidad eclesial del santuario siempre ha sido mucho más grande que cualquier construcción partidista.
León XIV lo recordó sin necesidad de entrar en debates políticos. Lo hizo apelando a la maternidad de María.
Porque precisamente una madre no divide a sus hijos. Los reúne.
Por eso el Papa insistió en que la Virgen invita a todos a reconocerse «hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división».
La lección de Montserrat
Resulta llamativo que algunas crónicas hayan destacado otros aspectos del discurso pontificio mientras han pasado por alto esta referencia explícita a la tradicional estrofa del Virolai.
Sin embargo, la elección de esos versos encaja perfectamente con el mensaje que León XIV ha repetido durante toda su visita a España: la necesidad de construir puentes, superar fracturas y recuperar aquello que une.
Mientras la Escolanía cantaba y el Papa rezaba ante la Moreneta, Montserrat ofreció una lección que trasciende cualquier coyuntura política.
La Virgen sigue siendo «Princesa dels catalans». León XIV lo afirmó sin reservas.
Pero quiso recordar también que su maternidad no termina ahí. Por eso mantuvo la referencia a los españoles y la proyectó hacia una dimensión universal.