El arzobispo Guido Pozzo, una de las voces reconocidas en el ámbito litúrgico vaticano, ha defendido la conveniencia de que cada diócesis cuente al menos con una misa dominical en latín según el Novus Ordo acompañada de canto gregoriano. Además, ha advertido contra las «jaulas ideológicas» que enfrentan la liturgia tradicional y la reformada, insistiendo en que ambas expresiones del rito romano no son incompatibles ni deben considerarse opuestas.
En una extensa entrevista concedida a AdVaticanum, Pozzo abordó cuestiones relacionadas con la música sacra, el papel del latín en la liturgia, la situación del rito tradicional y la necesidad de recuperar una visión de continuidad entre la tradición litúrgica de la Iglesia y la reforma posterior al Concilio Vaticano II.
«El canto gregoriano debe ocupar el puesto principal»
Actualmente superintendente de la economía del Coro de la Capilla Sixtina Pontificia, Pozzo recordó que el Concilio Vaticano II estableció claramente que el canto gregoriano es el canto propio de la liturgia romana y que debe conservar un lugar privilegiado.
Según explicó, el gregoriano conecta a los fieles con toda la tradición espiritual católica y favorece la contemplación de los misterios divinos. Junto a él situó la polifonía sacra, cuyo patrimonio artístico y espiritual, afirmó, debe ser redescubierto y devuelto al lugar que le corresponde dentro del culto católico.
Pozzo elogió asimismo la iniciativa vaticana «Cantemos con el Papa», impulsada por el Pontificio Instituto de Música Sacra, que busca enseñar a los fieles piezas sencillas de canto gregoriano para facilitar su participación en las celebraciones litúrgicas en latín.
Una misa en latín en cada diócesis
Pozzo propone que todas las diócesis cuenten con al menos una celebración regular de la Santa Misa en latín según el Novus Ordo.
«Lo que me parece aún más importante es que en las diócesis exista al menos una celebración de la Santa Misa en latín según el Novus Ordo, animada por el canto gregoriano, especialmente los domingos y solemnidades», señaló el arzobispo. A su juicio, ello ayudaría a los fieles a percibir con mayor claridad el carácter universal de la liturgia romana.
Aunque no pidió convertir esta práctica en una obligación jurídica, tampoco descartó la posibilidad de incorporar determinadas partes fijas de la misa en latín dentro de celebraciones habitualmente celebradas en lengua vernácula.
«Las dos formas del rito romano no son irreconciliables»
En relación con el debate litúrgico de las últimas décadas, el arzobispo rechazó la idea de que el Novus Ordo y el Vetus Ordo representen dos concepciones incompatibles de la Iglesia.
El prelado sostuvo que la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II debe entenderse como una renovación en continuidad con la tradición anterior y no como una ruptura. Por ello, pidió abandonar los planteamientos ideológicos que presentan ambos usos litúrgicos como adversarios irreconciliables.
Al mismo tiempo, reconoció que la celebración del rito antiguo puede ayudar a redescubrir aspectos doctrinales y espirituales que, en algunos contextos, han quedado oscurecidos por interpretaciones deficientes o banalizadas de la reforma litúrgica. Entre ellos mencionó el carácter sacrificial de la Eucaristía, la dimensión trascendente del culto y el papel específico del sacerdocio ministerial.
Críticas a las deformaciones litúrgicas
Asimismo, denunció las desviaciones que, a su juicio, han afectado en ocasiones a la celebración de la misa reformada.
Sin cuestionar la legitimidad del Misal promulgado por san Pablo VI, lamentó que algunas celebraciones hayan sido empobrecidas por improvisaciones, omisiones arbitrarias de las rúbricas y excesos creativos que terminan oscureciendo el sentido auténtico de la liturgia.
Aun así, insistió en que cuando la misa según el Novus Ordo se celebra con fidelidad, recogimiento y conciencia del misterio, la distancia espiritual respecto al rito romano tradicional resulta mucho menor de lo que algunos sostienen.
Una llamada a la reconciliación litúrgica
El arzobispo recordó además que Benedicto XVI definió el uso antiguo del rito romano como un «tesoro precioso» para toda la Iglesia y señaló que León XIV ha alentado recientemente a los obispos a favorecer la reconciliación e integración de los fieles vinculados a la liturgia tradicional, siempre que acepten las enseñanzas del Concilio Vaticano II y no rechacen la legitimidad del Novus Ordo.
Para Pozzo, el verdadero desafío no reside en la lengua utilizada ni en la coexistencia de distintas formas litúrgicas, sino en la capacidad de la liturgia para conducir a los fieles al encuentro con Dios y despertar nuevamente el sentido del misterio cristiano.