Del rosario de Lepanto a la visita de León XIV: España espera a un papa mariano

Del rosario de Lepanto a la visita de León XIV: España espera a un papa mariano

Del 6 al 12 de junio de 2026, el papa León XIV realizará su primer viaje apostólico a España, acogiendo la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia en nuestro país. Madrid, Barcelona y el archipiélago canario —con etapas en Tenerife y Gran Canaria— recibirán al sucesor de Pedro. La Conferencia Episcopal, al anunciarlo, ha tenido el acierto de pedir que la visita no se lea antes que nada como acontecimiento mediático o gesto diplomático, sino como lo que es: «un acontecimiento de fe», una llamada a la comunión eclesial, a la esperanza y a la renovación del corazón cristiano.

Conviene tomar a los obispos la palabra. Porque la tentación, estos días, será interpretar el viaje con la clave única que ya circula por todas partes. Este mismo lunes, el Vaticano ha presentado Magnifica humanitas, la primera encíclica de León XIV, firmada el 15 de mayo —135.º aniversario exacto de la Rerum novarum— y dedicada a la custodia de la persona humana ante la inteligencia artificial. La lectura es inmediata y, hasta cierto punto, irresistible: si León XIII afrontó una revolución industrial, León XIV afronta otra todavía más disruptiva; si aquel inauguró la doctrina social de la Iglesia, este la actualiza ante las máquinas que aprenden. El propio pontífice lo dejó dicho a los cardenales dos días después de su elección. Y la encíclica lo confirma.

No es una lectura equivocada. Es una lectura incompleta.

Hay un segundo hilo

Existe entre los dos Leones una continuidad menos comentada, pero no menos honda. Lo ha demostrado, con erudición y sin estridencia, monseñor Alberto José González Chaves en De León XIII a León XIV. Unidos por el rosario (Bibliotheca Homo Legens), un libro que tuvo, además, una intuición notable: cuando se publicó, se preguntaba en voz alta si el nuevo papa dedicaría alguna encíclica a la nueva «revolución industrial» y a la inteligencia artificial. La pregunta de aquellas páginas tiene hoy respuesta. Pero el libro no se detenía ahí; sostenía algo más difícil de ver y, por eso mismo, más necesario de decir.

Que a León XIV no lo une a León XIII solo el nombre, ni solo la cuestión social. Lo une, sobre todo, María. Y, dentro de la devoción mariana, una oración concreta, popular, casi desarmada por su sencillez: el rosario.

León XIII fue el gran renovador de la mariología contemporánea. Dedicó cerca de una docena de cartas marianas a esta única devoción, desde la Supremi apostolatus officio de 1883 hasta la Diuturni temporis de 1898, persuadido de que el rosario no es repetición estéril, sino una pedagogía del amor capaz de introducir al más sencillo de los fieles en la contemplación de los misterios de Cristo. León XIV ha empezado su pontificado por ese mismo camino. Fue elegido el 8 de mayo de 2025, día de la tradicional Súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya, y lo recordó esa misma tarde, desde el balcón de la basílica vaticana, rezando con la multitud un avemaría. No fue un gesto improvisado: siendo obispo de Chiclayo había consagrado el Perú al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, había pedido para su diócesis la imagen peregrina de Fátima y había compuesto él mismo una oración de consagración mariana. Dos días después de su elección visitó, por sorpresa, el santuario agustino de la Madonna del Buon Consiglio de Genazzano. Y en septiembre invitó a toda la Iglesia a rezar el rosario, cada día de octubre, por la paz. Como León XIII. Como sus predecesores. Hoy como ayer.

Por qué esto le importa a España

Aquí es donde la visita de junio adquiere un relieve particular. Porque si llega a España un papa mariano, llega a una tierra amasada con el rosario.

No es retórica devota: es historia. El libro de González Chaves la recorre sin sentimentalismo. La Reconquista que comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó en Granada en 1492. Y, sobre todo, Lepanto: el 7 de octubre de 1571, antes de que las flotas se encontraran en el golfo de Corinto, las tropas cristianas de la Santa Liga —con soldados de los Estados Pontificios, Venecia, Génova y España, al mando de don Juan de Austria— rezaron el rosario con devoción. San Pío V lo rezaba a la vez en Roma. La victoria se atribuyó a la intercesión de la Virgen, y de ahí nació la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. España no es un país que necesite que le expliquen qué es el rosario: es un país que tiene en su memoria lo que el rosario ha sostenido.

Recibir a León XIV, por tanto, no es solo recibir a un jefe de Estado ni al protagonista de una encíclica de actualidad. Es reconocer en él la misma confianza que vertebra nuestra propia historia espiritual.

Gaudí, Canarias y una invitación concreta

Dentro de un amplío programa, la Santa Sede ya ha confirmado dos signos elocuentes. En Barcelona, el papa inaugurará la nueva y más alta torre de la Sagrada Familia, en el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Será continuar lo que Benedicto XVI comenzó en 2010, cuando consagró aquel templo: la belleza puesta enteramente al servicio de la fe, que es también una forma de oración. Y en Madrid, intervendrá en las Cortes Generales, no como un dirigente político, sino como el faro que nuestra sociedad necesita.

Los obispos han pedido preparar la visita con oración, conversión y «disponibilidad interior». La forma más sencilla, más española y más fiel a lo que une a los dos Leones tiene un nombre que cabe en una mano: el rosario. El libro de monseñor González Chaves —prologado por Francisco Pérez González, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela— es, en este sentido, mucho más que una obra de circunstancias. Es una guía para entender, y para vivir, lo que va a ocurrir en junio. Su prólogo lo dice mejor que cualquier resumen: unidos a María por el rosario, de León XIII a León XIV, caminamos con esperanza hacia Cristo.

España no espera solo a un papa. Espera la ocasión de volver a rezar como Iglesia. Y tiene, ya impreso, el mapa de ese camino.

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