Una corona de flores al mar y una cruz con madera de cayucos

Una corona de flores al mar y una cruz con madera de cayucos

El próximo 11 de junio, el papa León XIV visitará el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, uno de los lugares emblemáticos de la crisis migratoria que afecta desde hace años al archipiélago canario. Allí escuchará el testimonio de varios inmigrantes, participará en un homenaje a quienes murieron intentando alcanzar Europa y bendecirá una cruz construida con madera de cayucos llegados a las costas españolas.

La visita pretende recordar el drama humano que se esconde detrás de una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Sin embargo, llega también en un contexto político especialmente sensible, marcado por el debate sobre la inmigración irregular, la regularización masiva impulsada por el Gobierno y los intentos de presentar la presencia del Pontífice en Canarias como una confirmación moral de determinadas políticas migratorias.

El «muelle de la vergüenza»

Arguineguín se convirtió en símbolo de la crisis migratoria en 2020. Durante varios meses, más de 2.600 personas llegaron a permanecer hacinadas en un espacio diseñado para albergar apenas una fracción de esa cifra.

El puerto terminó representando el colapso de unas administraciones incapaces de responder a una situación que, aunque previsible, encontró a las instituciones sin infraestructuras suficientes ni una estrategia clara de actuación. Aquellas imágenes de centenares de personas durmiendo sobre el cemento dieron la vuelta al mundo y convirtieron el enclave en un referente de la crisis migratoria europea.

Fue también el lugar donde parroquias, voluntarios y organizaciones eclesiales comenzaron una intensa labor de asistencia que continúa hasta hoy.

El homenaje a las víctimas del Atlántico

Uno de los momentos centrales de la visita será el lanzamiento al mar de una corona de flores en recuerdo de quienes perdieron la vida intentando alcanzar Canarias.

El gesto evoca el realizado por Francisco en Lampedusa y busca poner rostro a una tragedia que sigue dejando miles de víctimas. Según diversas organizaciones especializadas en el seguimiento de las rutas migratorias, la vía atlántica continúa siendo una de las más mortíferas del mundo.

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Junto al homenaje, varios inmigrantes compartirán sus testimonios ante el Papa y se formará una cadena humana en memoria de quienes desaparecieron durante la travesía.

La visita concluirá además con la bendición de una cruz construida con madera de embarcaciones llegadas a Canarias, convertida ya en uno de los símbolos de la Iglesia local.

La apropiación política de la visita

Pocas horas después de reunirse con León XIV, Pedro Sánchez afirmó que la inmigración es «un asunto en el que la Iglesia católica y el Gobierno de España tenemos una sintonía bastante alta», presentandolo como una oportunidad para los países de origen y acogida y destacando la sensibilidad del Papa hacia esta realidad.

Las palabras del jefe del Ejecutivo revelan hasta qué punto la visita a Canarias está siendo leída en clave política incluso antes de producirse.

No resulta extraño. Durante años, distintos organismos eclesiales han respaldado públicamente iniciativas como la regularización extraordinaria de inmigrantes impulsada por el Gobierno. Aunque las motivaciones puedan ser distintas, la convergencia entre determinados planteamientos eclesiales y las políticas migratorias del Ejecutivo es un hecho difícil de negar.

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Por eso, cualquier gesto papal relacionado con la inmigración corre el riesgo de ser utilizado como respaldo moral a decisiones políticas concretas.

Entre la compasión y la instrumentalización

La cruz construida con madera de cayucos permanecerá en el muelle como recuerdo de quienes murieron intentando alcanzar Europa. El homenaje es comprensible. Lo que resulta más discutible es el uso político que puede hacerse de ese simbolismo.

Porque mientras el Gobierno impulsa una regularización masiva de inmigrantes y presenta la inmigración como una oportunidad económica y moral, la ruta atlántica continúa cobrando miles de vidas y enriqueciendo a las mafias que controlan el tráfico de personas. En ese contexto, la visita de León XIV corre el riesgo, ya es evidente, de ser utilizada como una legitimación simbólica de agendas políticas e ideológicas.

Hoy ya resulta difícil ignorar que el Gobierno de Pedro Sánchez está intentando presentar la visita papal a Canarias como una confirmación moral de su propia agenda migratoria, una agenda que cuenta además con el respaldo explícito de amplios sectores de la Iglesia española.

La verdadera cuestión no es cuántas flores se arrojarán al mar ni cuántas fotografías dejará el acto. La verdadera cuestión es si dentro de un año habrá menos personas embarcándose en cayucos rumbo a Canarias o si, por el contrario, Arguineguín habrá quedado incorporado a esa geografía simbólica de la inmigración irregular donde el drama humano, la política y la religión terminan fundiéndose en un mismo relato.

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