El Papa León XIV ha nombrado nuncio apostólico en los Países Bajos a monseñor Santiago Ignacio De Wit Guzmán, un veterano diplomático español de perfil discreto, formación clásica y amplia experiencia en territorios complejos. Tras años representando a la Santa Sede en África y el Caribe, el arzobispo valenciano aterriza ahora en una de las sociedades más secularizadas de Europa.
La Santa Sede hizo público este lunes el nombramiento de monseñor Santiago Ignacio De Wit Guzmán como nuevo nuncio apostólico en los Países Bajos. Hasta ahora, el prelado español era nuncio apostólico en varios países del Caribe —entre ellos Trinidad y Tobago, Jamaica, Bahamas y Barbados— además de delegado apostólico en las Antillas.
Roma envía a los Países Bajos —un país con una profunda crisis religiosa, con una Iglesia reducida numéricamente y sometida a fuertes presiones ideológicas y sociales— a un hombre de carrera, formado en la diplomacia vaticana clásica y con experiencia en contextos multiculturales.
Un valenciano formado en la escuela diplomática de Roma
Nacido en Valencia el 5 de septiembre de 1964, Santiago Ignacio De Wit Guzmán fue ordenado sacerdote en 1989 para la archidiócesis valenciana. Estudió Teología en la Facultad San Vicente Ferrer y posteriormente obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, en Roma.
Su paso por la Pontificia Academia Eclesiástica —la histórica escuela de diplomáticos de la Santa Sede— marcó definitivamente su trayectoria. Desde 1998 pertenece al servicio diplomático vaticano y ha trabajado en nunciaturas de África, Europa y América Latina.
Antes de convertirse en nuncio, sirvió en las representaciones pontificias de República Centroafricana y Chad, Países Bajos, Paraguay, Egipto, República Democrática del Congo y España.
Francisco lo promovió y León XIV lo confirma
El papa Francisco lo nombró arzobispo titular de Gabala y nuncio apostólico en República Centroafricana en marzo de 2017. Días después se añadió Chad a sus responsabilidades diplomáticas.
Su consagración episcopal tuvo lugar en Valencia y estuvo presidida por monseñor Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados y uno de los hombres fuertes de la diplomacia pontificia.
En 2022 Francisco lo trasladó al Caribe, donde terminó gestionando una de las nunciaturas más extensas territorialmente de toda la red diplomática de la Santa Sede. Allí consolidó una imagen de hombre cercano, mariano y con capacidad para mantener buenas relaciones tanto con los obispos locales como con los gobiernos de la región.
Un perfil doctrinal sobrio, sin estridencias
A diferencia de otros obispos o diplomáticos españoles, De Wit nunca ha destacado por intervenciones polémicas ni por participar en las guerras eclesiales internas. No pertenece al grupo de prelados mediáticos ni tampoco se le conoce afinidad pública con corrientes progresistas agresivas.
Sin embargo, su discurso sí deja ver algunas líneas claras.
En homilías pronunciadas en el Caribe advirtió sobre el relativismo moral contemporáneo y reivindicó la necesidad de preservar la identidad cristiana frente a la secularización. También ha insistido repetidamente en la humildad del ministerio episcopal y en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Su lenguaje encaja con la diplomacia eclesiástica clásica: firmeza doctrinal expresada con tono institucional y sin espíritu de confrontación. Durante su ministerio ha repetido con frecuencia la idea de que la Iglesia debe “construir puentes” y trabajar por la reconciliación sin diluir su identidad católica.
Al mismo tiempo, ha asumido el vocabulario impulsado durante el pontificado de Francisco sobre la sinodalidad, la escucha y el diálogo, aunque siempre dentro de un marco claramente eclesial y sin deslizarse hacia planteamientos rupturistas.
La importancia del destino neerlandés
Los Países Bajos representan uno de los lugares más avanzados de secularización en Europa. La Iglesia católica neerlandesa vive desde hace décadas una fuerte caída de vocaciones, práctica religiosa y presencia pública. A ello se suma la presión constante de la agenda progresista en cuestiones morales y antropológicas.
De Wit ya conoce además el país: entre 2001 y 2004 trabajó precisamente en la nunciatura apostólica neerlandesa como secretario diplomático. No llega, por tanto, a un terreno desconocido.
Con este nombramiento, monseñor Santiago Ignacio De Wit Guzmán regresa a un país que ya conoce y asume ahora la representación de la Santa Sede en uno de los escenarios eclesiales más complejos de Europa occidental.