La 66ª edición del Peregrinaje Militar Internacional reúne del 22 al 24 de mayo de 2026 a cerca de 15.000 soldados y sus familias en el santuario mariano francés, en un evento que nació de la reconciliación franco-alemana tras la Segunda Guerra Mundial.
El Peregrinaje Militar Internacional (PMI) a Lourdes constituye uno de los encuentros católicos castrenses más singulares del mundo. Cada mayo, desde 1958, militares de prácticamente todos los continentes —este año se esperan delegaciones de entre 40 y 41 países— acuden al santuario pirenaico para tres jornadas de oración, celebraciones litúrgicas y fraternidad bajo la mirada de la Virgen de la gruta de Massabielle.
El evento, organizado por la capellanía militar católica francesa, se ha convertido en el segundo acontecimiento castrense más importante de Francia, solo por detrás del desfile del 14 de julio. Su particularidad radica en que los militares están autorizados excepcionalmente a portar uniforme dentro del recinto del santuario, algo vedado en circunstancias ordinarias.
Un origen de reconciliación
Las raíces del PMI se hunden en el contexto de la posguerra europea. Ya en 1945, soldados de distintas naciones que habían combatido entre sí comenzaron a peregrinar a Lourdes para implorar la paz. Fue en 1958 cuando capellanes franceses y alemanes —antiguos enemigos— decidieron abrir la peregrinación a otras naciones, convirtiendo el encuentro en un gesto tangible de reconciliación cristiana entre pueblos que se habían masacrado mutuamente pocos años antes.
Este espíritu fundacional permanece intacto. El lema de la próxima edición, «Centinela de la paz», tomado del Evangelio, subraya la vocación del militar cristiano no como mero combatiente, sino como guardián de la concordia entre los pueblos.
Liturgia, sacramentos y fraternidad
El programa alterna celebraciones eucarísticas solemnes, procesiones marianas con antorchas y procesiones eucarísticas con ceremonias militares internacionales. Los tres días incluyen también tiempos específicos de oración por los heridos de guerra y sus familias, así como un acompañamiento espiritual que permite a muchos participantes recibir sacramentos: bautismo, confirmación, reconciliación, eucaristía y unción de enfermos.
Uno de los momentos más esperados es el Festival Internacional de Músicas Militares, donde bandas castrenses de decenas de países interpretan sus repertorios, creando un ambiente de fiesta que trasciende uniformes y fronteras.
Un capellán condecorado tras 32 años de servicio
En el contexto de esta tradición, la Iglesia castrense francesa ha anunciado que el padre Jean-Yves Ducourneau, sacerdote de la Misión de San Vicente de Paúl y capellán militar en Saint-Maixent, recibirá la Cruz de la Legión de Honor durante las celebraciones del 14 de julio. Tras 32 años de carrera acompañando a las tropas francesas, el «Padre» —como le llaman los soldados— dejará su puesto activo para integrarse en la reserva ciudadana.
El Peregrinaje Militar Internacional de Lourdes permanece como uno de los pocos espacios donde la dimensión sobrenatural de la vocación militar —la defensa de la paz justa, el sacrificio, la fraternidad entre antiguos enemigos— encuentra expresión pública y litúrgica en un mundo que tiende a reducir lo castrense a mera geopolítica.