Saiz Meneses imparte en Roma una ponencia sobre la relación entre obispos y movimientos eclesiales

Saiz Meneses imparte en Roma una ponencia sobre la relación entre obispos y movimientos eclesiales

El arzobispo de Sevilla ha intervenido en el encuentro anual del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida con una ponencia sobre la relación entre obispos y moderadores de asociaciones de fieles, en la que ha defendido que el prelado «no es el propietario del Espíritu en su diócesis», sino «su primer servidor».

Monseñor José Ángel Saiz Meneses participó esta semana en Roma en las jornadas organizadas por el Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, del que es miembro, dedicadas a los responsables de asociaciones internacionales de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. El arzobispo hispalense pronunció este viernes la ponencia principal, titulada Relación entre moderadores y obispos. La conciliación como estilo de gobierno.

El prelado, que ingresó a los 17 años en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad y actualmente es asesor espiritual de su Organismo Mundial, partió de su experiencia personal para articular una reflexión sobre el lugar de los carismas en la Iglesia diocesana. Definió los movimientos, asociaciones y comunidades como «una forma privilegiada mediante la cual el Espíritu Santo renueva, una y otra vez, la vida de la Iglesia».

«El obispo debe contemplar a los movimientos no con la sospecha del administrador ante algo que no controla, sino con la gratitud del pastor ante lo que el Espíritu suscita»

Saiz Meneses se apoyó en la célebre intervención del cardenal Ratzinger de 1998 ante asociaciones y movimientos, en la que el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe presentó la dimensión institucional y la carismática de la Iglesia «no como polos en tensión, sino como dos dimensiones co-esenciales de un único misterio». Ratzinger ya advirtió entonces que todo carisma auténtico «necesita purificarse» mediante el discernimiento eclesial, una integración que «no siempre resulta fácil».

Tres tareas del obispo: discernimiento, integración y misión

El arzobispo de Sevilla señaló que las dificultades en la relación entre obispos y movimientos pueden deberse a la diversidad de espiritualidades, a la tentación del movimiento de «cerrarse en sí mismo» o a la «incapacidad de la estructura diocesana para acoger una realidad nueva que le desborda». Pero «en la superación de esas dificultades se prueba la madurez eclesial, tanto de los moderadores como de los obispos», subrayó.

Saiz Meneses identificó tres tareas fundamentales del obispo en su relación con estas realidades: discernimiento, integración y misión. Y precisó que la relación que el pastor está llamado a mantener con los responsables de movimientos «tiene un nombre teológico preciso: comunión», que no es «el resultado de un proceso de negociación entre instancias diversas», sino «un modo de percibir la realidad».

«El obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis; al contrario, es su primer servidor y primer garante de discernimiento»

Evocando a Romano Guardini y su intuición de que «la Iglesia despierta en las almas», el prelado defendió la vigencia de esta perspectiva para comprender los movimientos actuales. La conciliación entre obispo y movimientos, afirmó, no es «un ejercicio de habilidad diplomática ni un equilibrio de fuerzas en tensión», sino «el reconocimiento mutuo, anclado en la fe, de que ambos son servidores de un mismo Espíritu que los precede».

Sinodalidad y el magisterio de León XIV

El arzobispo hispalense conectó esta comunión con el concepto de sinodalidad, citando tanto a Francisco como al actual pontífice. «El mismo encuentro del obispo con los responsables de movimientos es un acto sinodal», afirmó. Recordó que León XIV, desde su elección, ha insistido en que «la sinodalidad es una categoría espiritual y misionera».

Esta nueva dimensión exige, según Saiz Meneses, que obispos y movimientos «no basta con que coexistan en paz, ni siquiera con que colaboren en proyectos comunes»: es preciso que «sean capaces de engendrarse mutuamente en la fe, de corregirse con caridad, de interpelarse con la verdad». La «gramática de la escucha» que propone el Papa implica «la disposición a ser sorprendido, a descubrir que el Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto».

Saiz Meneses concluyó con una mirada a su propia diócesis, donde «conviven asociaciones, movimientos y comunidades de orígenes y espiritualidades muy diversos junto con las hermandades y cofradías», un tejido que «reclama también un discernimiento pastoral permanente». Su tarea como arzobispo, afirmó, consiste en acoger y discernir, reconociendo los dones e integrándolos «en un proyecto común de evangelización, sin temer la diversidad».

«El obispo que acoge a las asociaciones, movimientos y comunidades en su diócesis no está gestionando recursos pastorales. Está reconociendo que el don del Espíritu es más grande que cualquier programa diocesano»

Las jornadas del Dicasterio, celebradas bajo el lema Servir, acompañar, guiar. Fundamento y praxis del gobierno en las asociaciones, contaron con la presencia del Santo Padre el pasado jueves y concluyeron este viernes.

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