TRIBUNA: El ecumenismo era esto

Por: Alonso Pinto

TRIBUNA: El ecumenismo era esto

Hace unas semanas, la imagen de la “arzobispa” de Canterbury impartiendo una bendición en la capilla clementina de la basílica de san Pedro indignó al mundo católico. El nombre de la autopercibida sucesora de los apóstoles es Sarah Mullaly, quien fue recibida en audiencia por el Papa León XIV. En la imagen se puede ver cómo Mullaly imparte la bendición mientras a su lado, complaciente, un obispo responde a la parodia santiguándose.

Comparto la indignación general de los católicos, pero no la sorpresa. Para cualquiera que conozca el verdadero significado del ecumenismo promovido por el Concilio Vaticano II, es perfectamente obvio que la imagen que tanto ha indignado es un documento gráfico totalmente congruente con los principios del ecumenismo. Lo que se refleja en esa imagen lleva ocurriendo décadas en la Iglesia católica, pero, como dice el refranero español, una imagen vale más que mil palabras. Algunos parecen haber comprendido ahora que el ecumenismo es incompatible con la doctrina de la Iglesia, y que contradice frontalmente la Tradición y las Escrituras.

Durante años se ha intentado convencer a los católicos de que algunas escenas vergonzosas de promiscuidad religiosa eran simples abusos que no respondían a la “doctrina” ecuménica. Con ese subterfugio se ha pretendido disculpar al ecumenismo de todas las sucesivas aberraciones eclesiales, desde el beso al Corán por parte del Papa Juan Pablo II hasta el culto a la Pachamama en la Basílica de san Pedro durante el Pontificado de Francisco. Sin embargo, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que no es más que una burda maniobra.

Los defensores del Comunismo utilizan la misma táctica para obviar el exterminio provocado por su ideología, remitiendo siempre a una definición abstracta y puramente nominal de su doctrina. La falacia podría resumirse así: «En el Manifiesto Comunista no se ordena asesinar a los disidentes, luego ningún asesinato de disidentes puede ser atribuido al Comunismo». De esa manera, cualquier consecuencia negativa que se siga de la aplicación de determinadas ideologías o de ciertos movimientos queda automáticamente redefinida como abuso y no como consecuencia lógica. Siguiendo este método, si alguien quiere hacer el mal con un nuevo sistema o una nueva ideología tan sólo debe tener la precaución de evitar dejar constancia de sus verdaderas intenciones en el texto fundacional.

La realidad es que el ecumenismo, en la práctica y digan lo que digan sus ambiguos textos fundacionales, establece la paridad de todas las religiones. Todas son en parte verdaderas, todas en cierto sentido rinden culto al mismo Dios, todas tienen sacerdotes válidos y merecen el mismo respeto. Las diferencias con la religión católica son insignificantes y deben ser caritativamente omitidas del discurso público para fomentar el diálogo interreligioso y la sinodalidad.

Cristo, Krishna o Pachamama; resurrección, reencarnación o eterno retorno, ¿qué importa? Pelillos a la mar. Lo importante es cogernos de la mano y cantar en corro mientras en nuestra cara se refleja la expresión boba y distante de un hippie ahíto de marihuana.

Paralelamente a esta promoción encubierta de la apostasía, los adalides del ecumenismo llevaron a cabo su campaña contra el proselitismo. Sabían perfectamente que era imposible defender ambas cosas. El proselitismo católico es el celo por hacer prosélitos, es decir, seguidores de Cristo, y eso es incompatible con la promoción de un cristianismo aguachinado y evasivo.

Por lo tanto, asimilando el discurso anticristiano, se dedicaron a asociar el proselitismo con la violencia, haciendo creer a los fieles incautos que en realidad eran sinónimos. No pararon hasta grabar en la mente flácida de generaciones enteras que hacer proselitismo era equivalente a ejercer la violencia para obligar a las personas a seguir a Cristo.

En realidad, hacer proselitismo equivale a sufrir la violencia, no a ejercerla. Proselitismo es lo que hacían los once apóstoles que fueron ejecutados; proselitismo es lo que hacía san Esteban frente al Sanedrín y lo que le valió ser lapidado; proselitismo es lo que hacía san Francisco Javier en Japón arriesgando su vida, no arrebatándosela a otros, y lo que hicieron los 26 mártires de Nagasaki que fueron crucificados por predicar pacíficamente el Evangelio.

La historia de la Iglesia católica y de sus mártires es la historia del proselitismo, el cual tiene su fundamento en las palabras de Jesucristo: «Id y haced discípulos de todas las naciones».

Una vez que se convenció al católico promedio de que por nada del mundo se le debía ocurrir predicar la verdad, so pena de ser considerado un indeseable fanático, el camino quedó expédito para recibir a todas las religiones, a todas las sectas cristianas y a todos sus sacerdotes más o menos chiflados. Así se podía entablar el diálogo.

Un diálogo en el que las partes han acordado previamente no hablar sobre la verdad, no defender sus creencias, no tocar ningún punto importante y no discrepar en nada. Esa es la definición de «diálogo» para los valedores del ecumenismo. Yo creo que es la definición de estar de cháchara.

Y así es como hemos llegado, sin darnos cuenta, al esperpento de la “arzobispa” impartiendo la bendición en el lugar más importante del catolicismo. El mensaje implícito en esa escena es que los apóstoles que murieron por defender la verdad, los mártires que derramaron su sangre por protegerla, los santos que dedicaron su vida a custiodiarla y, en última instancia, el mismo Cristo que mandó predicarla, estaban todos equivocados.

Por lo tanto, el ecumenismo que no sólo permite, sino que provoca ese tipo de situaciones, es una de las mayores traiciones que se hayan llevado a cabo jamás contra la religión católica, un anticatecismo que se ha infiltrado con aire inocuo durante décadas y que amenaza con corroer poco a poco todos los dogmas y todas las doctrinas de la religión católica.

No me interesa esclarecer ahora quiénes lo crearon y con qué intereses, ni el grado de alevosía de aquellos que lo promueven hoy en día. Lo único que me interesa es predecir un hecho para el cual no es necesario tener dotes proféticas, y es que tarde o temprano los fieles se verán en la alternativa de elegir entre ecumenismo y catolicismo. Viendo el panorama actual, creo que ese día la Iglesia católica se librará de muchos impostores.

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