El lehendakari Imanol Pradales aprovechó este miércoles su asistencia a la Audiencia General de León XIV para entregar al Pontífice tres obsequios cargados de simbolismo político: dos referencias al Guernica de Picasso y un poema en euskera traducido al quechua, la lengua andina que el Papa aprendió durante sus años como misionero agustino en Perú
El gesto del jefe del Ejecutivo vasco se enmarca en la operación de acercamiento institucional que el Gobierno Vasco ha desplegado en torno al primer aniversario del pontificado del Papa Robert Prevost, y se acompañó de una invitación formal para que el Pontífice visite el País Vasco.
Dos obsequios sobre el Guernica
El primer regalo entregado al Pontífice fue el libro Guernica, Pablo Picasso, del escritor bilbaíno Juan Larrea (1885-1980), que mantuvo una relación cercana con el pintor malagueño durante la ejecución del encargo para el Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París de 1937.
El segundo presente fue una reproducción de la relectura del Guernica realizada en 1999 por el pintor guipuzcoano José Luis Zumeta (1939-2020), con caseríos en llamas y figuras mutiladas en una composición de fuerte expresividad cromática.
Desde el Gobierno Vasco se ha presentado la doble referencia pictórica como un guiño a la «vocación pacifista» que el Gobierno Vasco atribuye al magisterio de León XIV, especialmente en sus llamamientos al cese de los conflictos abiertos en Ucrania y Tierra Santa.
Un poema en euskera… y en quechua
El tercer obsequio fue, sin duda, el más imaginativo del repertorio: una poesía del bertsolari Jon Sarasua redactada en euskera y, por si el Pontífice no acababa de captar el mensaje, oportunamente traducida al quechua. El Gobierno Vasco ha explicado el gesto como un reconocimiento a «la implicación y compromiso» del entonces padre Prevost «con las lenguas indígenas» durante su etapa misionera en los Andes peruanos, donde sirvió primero en Chulucanas y posteriormente como obispo de Chiclayo.
La elección de la lengua quechua como puente entre Roma y Vitoria —saltándose, de paso, el incómodo trámite del castellano, idioma materno de cientos de millones de católicos y, casualmente, también lengua del Papa— permite al Ejecutivo autonómico encuadrar el euskera dentro de la categoría de «lenguas minorizadas del mundo», en pie de igualdad con las habladas por los pueblos andinos evangelizados por los misioneros españoles hace cinco siglos.
La traducción al castellano del poema, finalmente facilitada por el propio Gobierno Vasco, reza: «Desde la infancia de la humanidad nos llega el aroma, la harina que molieron de generación en generación. El euskera, comunidad y tarea, anhelo, alegría y dolor de tantas culturas marginadas, esfuerzo que recibimos, sueño que ofrecemos, voluntad de embellecer una tierra, tesón de mantener un nosotros del espíritu, soplo del gran fondo, creado para abrirse desde lo particular hacia todos y todas».
Invitación al Papa y referencia al bombardeo
Pradales aprovechó el saludo protocolario para invitar formalmente a León XIV a visitar el País Vasco y para plantearle, según ha trascendido, un «gesto» del Pontífice en relación con el bombardeo de Gernika de 1937, episodio cuya conmemoración el nacionalismo vasco viene reivindicando desde hace décadas en clave de memoria histórica.
El Vaticano, que mantiene como criterio general no pronunciarse sobre conmemoraciones de carácter político-nacional en países concretos.