La batalla por la sucesión de Alfonso Bullón de Mendoza en la Asociación Católica de Propagandistas empieza a dejar papeles. Según dos documentos de la candidatura de Raúl Mayoral Benito a los que ha tenido acceso este medio, el aspirante trata de presentarse ante los propagandistas como un hombre de la casa, con largo recorrido en el CEU y en las obras de la ACdP, pero con un discurso programático que, por ahora, se mueve más en el terreno espiritual que en el de las decisiones concretas sobre el futuro institucional de la Asociación.
La elección está fijada para el próximo 18 de julio de 2026, en la V Asamblea General Extraordinaria de la ACdP, convocada en el Colegio Mayor Universitario de San Pablo, en Madrid. El plazo para presentar candidaturas concluye el 18 de junio a las 19:00 horas, según la convocatoria firmada por Bullón de Mendoza.
Mayoral ha empezado a circular su candidatura con al menos dos documentos: una semblanza personal y profesional, y un texto de tono programático titulado Los Propagandistas y el Espíritu Sobrenatural. El primero funciona como carta de presentación. El segundo intenta fijar el marco moral de su candidatura. En ninguno de los dos aparece, sin embargo, una respuesta concreta sobre una de las grandes inquietudes de esta sucesión: qué ocurrirá con El Debate y con el modelo de presencia pública impulsado durante la etapa de Bullón.
El documento biográfico presenta a Mayoral como abogado y empresario, nacido en Talavera de la Reina el 26 de julio de 1966, casado y padre de cuatro hijos. Estudió Derecho en el CEU y cursó un máster en Derecho de las Telecomunicaciones por ICADE. La propia candidatura subraya que pertenece a la ACdP desde 1992, dentro del Centro de Madrid, un dato que busca reforzar su condición de propagandista antiguo y no de candidato coyuntural.
Su historial dentro de la casa es amplio. La semblanza recuerda que fue subdirector y director del Boletín asociativo, consejero local y secretario del Centro de Madrid, además de consejero nacional. También enumera cargos relevantes en las obras de la ACdP: secretario general, subdirector general, director de CEU Media, director general de la Fundación Universitaria San Pablo CEU y adjunto a la presidencia de la misma fundación. Además, fue director gerente de la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria y patrono del Colegio Mayor de San Pablo.
Ese repaso no es inocente. Mayoral necesita presentarse como alguien con conocimiento directo de las tripas de la Asociación y de sus obras, especialmente del CEU, en un momento en el que la sucesión de Bullón no sólo decidirá quién preside la ACdP, sino quién tendrá capacidad de influencia sobre su entramado educativo, cultural y mediático. Frente a José Masip, visto como la opción de continuidad, y Rafael Rodríguez-Ponga, interpretado en sectores internos como un perfil más próximo al PP, Mayoral intenta construir una candidatura basada en el arraigo asociativo, la experiencia de gestión y un discurso de regeneración espiritual.
La semblanza también recoge una etapa en el sector público: asesor de Telecomunicaciones y asesor parlamentario del ministro de Ciencia y Tecnología durante la legislatura 2000-2004. A eso añade una trayectoria en medios y opinión pública, con artículos en ABC, La Razón, El Mundo, Religión en Libertad y El Imparcial, así como programas o colaboraciones en Radio María, Gestiona Radio, Popular TV y 13 TV. La candidatura destaca igualmente sus dos obras recientes: el ensayo Pregón de combate para jóvenes de espíritu, publicado en 2024, y la novela Perder para ganar. Una paz para un siglo, de 2025.
Más revelador resulta el segundo documento. En Los Propagandistas y el Espíritu Sobrenatural, Mayoral se dirige a los socios como “queridos hermanos propagandistas” y sitúa su candidatura en una clave de vida interior, unidad asociativa y fidelidad al carisma fundacional. El texto agradece los avales recibidos, saluda a los demás candidatos y reconoce que todos recorren los centros de la Asociación para exponer sus propuestas. Pero, tras esa introducción, el contenido deriva hacia una reflexión religiosa sobre el espíritu sobrenatural, la concordia interna y la necesidad de renovación interior.
Mayoral cita la llamada a ser fieles al carisma fundacional, “centrado en una espiritualidad cristocéntrica, mariana y eclesial, de raíces ignacianas”, y se apoya en una carta reciente del consiliario nacional para insistir en la unidad de la vida asociativa. El candidato habla de “profunda renovación interior”, de transformación del corazón y de la mente, de servicio a la Iglesia, a España y al prójimo, y de lograr “la más difícil de las victorias: la victoria sobre nosotros mismos”.
El tono del texto es deliberadamente elevado. Mayoral afirma que el propagandista debe ser “un hombre nuevo”, con vida interior intensa, primacía de lo espiritual sobre lo mundano y capacidad de “alumbrar un mundo nuevo”. También contrapone un “catolicismo de convicción” a un “catolicismo de convención”, una fórmula que puede leerse como una apelación a recuperar identidad, pero también como una crítica velada a una ACdP demasiado instalada en sus estructuras.
El problema político de la candidatura está precisamente ahí. El documento habla de santidad, unidad, oración, conversión y renovación moral, pero no concreta qué haría Mayoral con las grandes obras de la Asociación, qué modelo propone para el CEU, cómo reorganizaría los equilibrios internos ni qué papel reservaría a El Debate. En unas elecciones marcadas por la continuidad o no del proyecto mediático lanzado durante la presidencia de Bullón, esa omisión no es menor.
Fuentes internas de la ACdP interpretan la candidatura de Mayoral más como una operación de posicionamiento que como una candidatura con opciones reales de ganar. La lectura que circula en algunos sectores es que Mayoral busca medir apoyos, exhibir capacidad de movilización y quedar en condiciones de negociar con quien resulte elegido. En ese contexto, la secretaría general aparece como una pieza clave del futuro reparto de poder.
Su propio documento programático contiene una frase que puede tener varias lecturas: Mayoral asegura que se pone “a disposición de todos”. En una campaña interna, esa fórmula puede funcionar como gesto de unidad, pero también como mensaje para el día después. Si no gana, quiere estar. Si no preside, quiere pesar.
La sucesión de Bullón, por tanto, empieza a perfilarse en tres planos. Masip representaría la continuidad orgánica. Rodríguez-Ponga encarnaría una opción de perfil más político e institucional. Mayoral, a la luz de los documentos difundidos por su candidatura, intenta ocupar el espacio de la vieja militancia propagandista, del conocimiento interno del CEU y de una apelación espiritual que evita pronunciarse sobre los asuntos más delicados.
La incógnita sigue siendo El Debate. La cabecera se ha convertido en una de las piezas más visibles del mandato de Bullón y en uno de los instrumentos más relevantes de presencia pública de la ACdP. Quien suceda al actual presidente tendrá que decidir si mantiene el proyecto tal y como está, si lo reorienta o si lo somete a un nuevo equilibrio de poder dentro de la Asociación. Los papeles de Mayoral, por ahora, dicen mucho sobre su biografía y sobre su lenguaje espiritual. Dicen bastante menos sobre lo que haría con el poder.