El Papa León XIV recibió este sábado en el Vaticano a una delegación de líderes y representantes de la comunidad musulmana de Senegal, ante quienes defendió el diálogo interreligioso como herramienta fundamental para frenar el extremismo, los discursos de odio y los conflictos que golpean actualmente a África. Durante su intervención, el Pontífice elogió el modelo senegalés de convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes, al que definió como un “tesoro de fraternidad” que debe preservarse.
A continuación, el discurso de León XIV:
Excelencias,
queridos hermanos y hermanas:
¡La paz esté con vosotros!
Me alegra acogeros a vosotros, que representáis a las cofradías y comunidades musulmanas de Senegal, junto con los representantes de la Iglesia católica de ese mismo país. Este encuentro es una expresión significativa de nuestra amistad y de nuestro compromiso común de promover una sociedad inclusiva, pacífica y fraterna.
Venís de Senegal, la tierra de la “teranga” —la hospitalidad y la solidaridad—, una tierra de fuertes vínculos familiares, convivencia y coexistencia pacífica entre cristianos, musulmanes y creyentes de otras tradiciones. Esta realidad constituye el fundamento del diálogo entre pueblos diferenciados por su pertenencia religiosa y su origen étnico. Este tesoro de fraternidad, que debe ser cuidadosamente preservado, es un bien precioso no sólo para vuestra nación, sino para toda la humanidad.
Desgraciadamente, los conflictos armados persisten en el continente africano, provocando graves crisis humanitarias y profundas desigualdades que afligen diariamente a poblaciones enteras, sin olvidar el preocupante aumento del extremismo violento. A esto se suman los crecientes flujos de migrantes y refugiados, los discursos de odio que envenenan el tejido social, el debilitamiento de los vínculos familiares y la erosión de los valores éticos y espirituales, especialmente entre los jóvenes.
En este contexto, los valores inspirados por el espíritu de la “teranga” y el diálogo interreligioso constituyen un medio valioso para aliviar las tensiones y construir una paz duradera.
«Favoreciendo el diálogo interreligioso e implicando a los responsables religiosos en iniciativas de mediación y reconciliación, la política y la diplomacia pueden apoyarse en fuerzas morales capaces de aliviar las tensiones, prevenir las radicalizaciones y promover una cultura de estima y respeto mutuo» (cf. Discurso a las Autoridades, a la Sociedad Civil y al Cuerpo Diplomático, Yaundé, 15 de abril de 2026). Hoy el mundo necesita enormemente una diplomacia y un diálogo religioso fundados sobre la paz, la justicia y la verdad.
Como cristianos y musulmanes, creemos juntos que todo ser humano ha sido modelado por las manos de Dios y, por ello, está revestido de una dignidad que ninguna ley ni poder humano tiene derecho a arrebatar (cf. Gn 1,27). Las naciones del mundo también lo han proclamado: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos». Sobre este fundamento de fraternidad, arraigado en el origen de la humanidad y en la fe, asumimos juntos nuestra responsabilidad común: condenar toda forma de discriminación y persecución basada en la raza, la religión o el origen; rechazar toda instrumentalización del nombre de Dios con fines militares, económicos o políticos; elevar nuestra voz en favor de toda minoría que sufre. Como dije en Bamenda, Camerún: «¡Ay de aquellos que manipulan las religiones y el mismo nombre de Dios para sus propios intereses […], arrastrando lo que es sagrado hacia lo más oscuro y miserable!» (Discurso por la Paz, Bamenda, 16 de abril de 2026).
Rezo para que Dios todopoderoso reavive el deseo de comprendernos mejor unos a otros, de escucharnos mutuamente y de vivir juntos en el respeto y la fraternidad. Que Él nos conceda el valor de recorrer el camino del diálogo, de responder a los conflictos con gestos de fraternidad y de abrir nuestros corazones a los demás, sin temer las diferencias. Finalmente, rezo para que vuestro compromiso en favor de la paz, la justicia y la fraternidad dé abundantes frutos y conduzca a una cooperación cada vez más profunda entre todas las partes por el bien de la humanidad. ¡Gracias!