León XIV recibe en audiencia a Sara Mullally

León XIV recibe en audiencia a Sara Mullally

El Papa León XIV recibió este lunes en el Vaticano a Sarah Mullally, arzobispo de Canterbury y primada de la Comunión Anglicana, en un encuentro marcado por el diálogo ecuménico y por las tensiones doctrinales que siguen separando a católicos y anglicanos. La visita llega además precedida por el polémico episodio en en la capilla Clementina en torno a la presencia y gestos públicos de Mullally en ámbitos vaticanos.

León XIV reconoce avances y nuevas dificultades

En el discurso pronunciado durante el encuentro, difundido por la Santa Sede, el Pontífice recordó el largo camino recorrido en el diálogo ecuménico desde el histórico encuentro entre san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey en 1966. Aquel momento dio inicio a un proceso de diálogo teológico que continúa hasta hoy.

León XIV reconoció que se han logrado avances en cuestiones que durante siglos habían sido motivo de división. Sin embargo, advirtió de que en las últimas décadas han surgido nuevos problemas que hacen más difícil discernir el camino hacia la plena comunión, una referencia implícita a debates doctrinales y disciplinarios que afectan también a la Comunión Anglicana.

Un contexto marcado por tensiones doctrinales

La figura de Sarah Mullally no es ajena a estas tensiones. Su nombramiento como primera mujer al frente de la Comunión Anglicana ha generado divisiones internas, especialmente en sectores que rechazan la ordenación femenina y sus posiciones en materias como las bendiciones de parejas del mismo sexo o el enfoque pastoral hacia el colectivo LGBT.

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Estas cuestiones, junto a otras diferencias históricas, forman parte del trasfondo al que aludió el Papa al hablar de los “nuevos problemas” surgidos en el diálogo ecuménico.

Llamamiento a la unidad pese a las diferencias

A pesar de estas dificultades, León XIV subrayó que no deben convertirse en un obstáculo para el anuncio común del Evangelio. El Papa insistió en que la división entre los cristianos debilita su testimonio en un mundo que necesita la paz de Cristo.

En este sentido, retomó unas palabras del Papa Francisco en 2024, quien advirtió de que sería un escándalo que las divisiones impidieran cumplir la vocación común de dar a conocer a Cristo.

El Pontífice añadió que también sería escandaloso abandonar el esfuerzo por superar las diferencias, incluso cuando estas parezcan difíciles de resolver, reafirmando así el compromiso de la Santa Sede con el diálogo ecuménico.

Un encuentro en continuidad con el diálogo ecuménico

La visita de Mullally a Roma, que se desarrolla entre el 25 y el 28 de abril, forma parte de una serie de encuentros destinados a fortalecer las relaciones entre la Iglesia católica y la Comunión Anglicana.

El encuentro en el Vaticano, incluyó también un momento de oración conjunta.

 

Dejamos a continuación el discurso completo de León XIV: 

Su Gracia,

¡La paz esté con usted!

En la alegría de este tiempo pascual, mientras seguimos celebrando la resurrección del Señor Jesús de entre los muertos, me complace darle la bienvenida a usted y a su delegación al Vaticano.

Su visita trae a la memoria el memorable encuentro entre san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey hace sesenta años, cuyo aniversario usted conmemoró junto al cardenal Koch en la catedral de Canterbury la mañana siguiente a su entronización. Desde entonces, los arzobispos de Canterbury y los obispos de Roma han continuado reuniéndose y rezando juntos, y me alegra que hoy sigamos esta tradición. Asimismo, estoy agradecido por el ministerio del Centro Anglicano en Roma, también establecido hace sesenta años, y saludo de modo especial a su director, el obispo Anthony Ball, a quien esta tarde usted encomendará como su representante ante la Santa Sede.

Durante estos días del tiempo pascual, las primeras palabras pronunciadas por Cristo resucitado resuenan en toda la Iglesia: «La paz esté con vosotros» (Jn 20,19). Este saludo nos invita no solo a acoger el don de la paz del Señor, sino también a ser mensajeros de su paz. He señalado con frecuencia que la paz de Jesús resucitado es “desarmada”. Esto se debe a que Él siempre respondió a la violencia y a la agresión de manera desarmada, invitándonos a hacer lo mismo. Además, creo que los cristianos debemos dar juntos un testimonio profético y humilde de esta profunda realidad (cf. Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026).

Mientras nuestro mundo sufriente necesita profundamente la paz de Cristo, las divisiones entre los cristianos debilitan nuestra capacidad de ser portadores eficaces de esa paz. Si el mundo ha de acoger nuestro anuncio, debemos, por tanto, ser constantes en la oración y en los esfuerzos por eliminar todo obstáculo que dificulte la proclamación del Evangelio. Esta atención a la necesidad de la unidad para una evangelización más fecunda ha sido un tema constante en mi ministerio; de hecho, se refleja en el lema que elegí al ser consagrado obispo: In Illo uno unum, «En Aquel que es uno —es decir, Cristo— somos uno» (san Agustín, Enarr. in Ps., 127, 3).

En este sentido, cuando el arzobispo Michael Ramsey y san Pablo VI anunciaron el primer diálogo teológico entre anglicanos y católicos, hablaron de buscar la «restauración de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental» (Declaración común, 24 de marzo de 1966). Ciertamente, este camino ecuménico ha sido complejo. Si bien se han logrado importantes avances en algunas cuestiones que históricamente dividían, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas que hacen más difícil discernir el camino hacia la plena comunión. Sé que la Comunión Anglicana también afronta muchas de estas mismas cuestiones en este momento. Sin embargo, no debemos permitir que estos desafíos continuos nos impidan aprovechar toda oportunidad posible para anunciar juntos a Cristo al mundo. Como dijo mi querido predecesor, el papa Francisco, a los primados de la Comunión Anglicana en 2024, «sería un escándalo que, debido a nuestras divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo» (Discurso a los primados de la Comunión Anglicana, 2 de mayo de 2024). Por mi parte, añado que también sería un escándalo que no continuáramos trabajando para superar nuestras diferencias, por más difíciles que puedan parecer.

Mientras seguimos caminando juntos en amistad y diálogo, oremos para que el Espíritu Santo, que el Señor insufló en los discípulos la tarde de su resurrección, guíe nuestros pasos mientras buscamos, con oración y humildad, la unidad que es voluntad del Señor para todos sus discípulos.

Su Gracia, al agradecerle su visita hoy, pido que ese mismo Espíritu Santo permanezca siempre con usted, haciéndole fecundo en el servicio al que ha sido llamado.

Que Dios le bendiga a usted y a su familia.

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