El Obispo de Fresno impone las manos en una consagración anglicana: ¿será excomulgado por cismático?

El Obispo de Fresno impone las manos en una consagración anglicana: ¿será excomulgado por cismático?

Mons. Joseph V. Brennan, Obispo católico de Fresno (California), aparece en un vídeo difundido en redes sociales participando activamente imponiendo las manos sobre el electo y recitando la oración consecratoria durante una ordenación episcopal anglicana. No asistió en hábito coral desde la nave, como permitiría el ecumenismo de cortesía. Estuvo en el centro del rito, ejecutando los gestos esenciales de la consagración. El material ha sido puesto en circulación por Novus Ordo Watch.

Lo que se ve en el vídeo

En el video, Brennan está junto al grupo de obispos anglicanos en el momento central de la ceremonia: el «ordenando» arrodillado, las manos extendidas sobre su cabeza, la oración consecratoria. No hay margen interpretativo: cualquiera familiarizado con el Ordinal anglicano reconoce el momento exacto en que el rito pretende conferir el episcopado.

Que el Obispo de Fresno participe en ese instante —imposición de manos con fórmula consecratoria— es lo que el ecumenismo católico nunca ha autorizado.

Los límites del Directorio Ecuménico

Quienes minimicen el episodio invocarán, como siempre, el Directorio Ecuménico de 1993. Conviene leerlo antes de citarlo. Los nn. 118 a 121 admiten la presencia de un obispo católico en celebraciones de otras confesiones como gesto fraterno y oración común. Lo que el Directorio no autoriza —ni podría hacerlo sin contradecir el Magisterio anterior— es la participación en la materia y forma del rito.

La calificación canónica correcta

Conviene precisar, porque el Derecho Canónico no admite atajos. Lo que ha hecho Brennan no es una consagración episcopal ilícita en el sentido del c. 1387 —el canon que se aplicó a Écône en 1988—. Para Roma, las órdenes anglicanas son inválidas (Apostolicae Curae, 1896), de modo que Brennan no ha “consagrado válidamente” a nadie sin mandato pontificio.

La calificación correcta es otra, y igualmente severa:

Simulación de sacramento (c. 1379 §1, 2º CIC), en la redacción de Pascite gregem Dei (2021). Ejecutar los gestos y palabras propios de la confección sacramental fuera de las condiciones de validez configura este tipo, reservado a la Sede Apostólica cuando el sujeto activo es un obispo.

Communicatio in sacris ilícita (c. 1365), por exceder con mucho los límites del c. 844.

Escándalo público y confusión doctrinal, que aunque no son tipo penal autónomo, son el daño concreto al Pueblo de Dios.

Apostolicae Curae sigue vigente

León XIII enseñó solemnemente en Apostolicae Curae que las órdenes anglicanas son absolute nullas et omnino irritas. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Nota de 1998 sobre la Professio fidei, situó esta enseñanza entre las verdades definitive tenenda: irrevocables. Negarlas —dice la Nota— sitúa al sujeto en oposición a la doctrina católica.

Imponer las manos en una ordenación anglicana comunica, con el lenguaje del cuerpo que es el propio de la liturgia, exactamente lo contrario de lo que esos dos documentos enseñan.

La asimetría que duele

Y aquí viene la pregunta que todo católico tiene derecho a hacerse en voz alta:

Cada vez que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X anuncia ordenaciones episcopales —invocando estado de necesidad y la enseñanza tradicional sobre la jurisdicción supletoria—, la respuesta vaticana es inmediata. Notas, advertencias, recordatorios de que quien participe incurre en latae sententiae. La maquinaria disciplinar funciona con velocidad, claridad y firmeza doctrinal.

¿Funcionará con la misma celeridad cuando el desvío va en dirección contraria?

No pedimos que se equipare lo que canónicamente no es equiparable. Las consagraciones de Écône fueron actos válidos pero ilícitos, sancionados bajo el actual c. 1387. Lo de Brennan, si se confirma, es simulación sacramental bajo el c. 1379. Son tipos distintos, con penas distintas. Lo que sí pedimos —y es legítimo pedirlo— es que la disciplina canónica se aplique con la misma diligencia en una dirección y en la otra.

Porque la sospecha de los fieles no es paranoia. Hay celo institucional para perseguir el desvío “por exceso de tradición” y silencio prolongado ante el desvío “por exceso de modernidad”. Esa asimetría, mantenida en el tiempo, comunica algo que los fieles no formados teológicamente captan perfectamente: que no todas las desobediencias pesan lo mismo. Que hay desobediencias toleradas y desobediencias perseguidas. Y que la frontera entre unas y otras no la marca la doctrina, sino la simpatía ideológica.

Si Brennan no recibe ni siquiera una notificación canónica, mientras los obispos que aceptan consagrar para la FSSPX son recordados puntualmente de las penas que les amenazan, el mensaje será tan inequívoco como devastador.

Lo que correspondería

Tratándose de un Obispo diocesano, la causa está reservada al Romano Pontífice. El cauce es el Dicasterio para los Obispos, eventualmente con intervención del Dicasterio para la Doctrina de la Fe si se considera comprometida la doctrina sobre la sucesión apostólica.

Lo mínimo exigible —antes incluso de cualquier decisión penal— es una clarificación pública que reafirme la vigencia de Apostolicae Curae. No para humillar a nadie, sino para impedir que el silencio sea leído, como inevitablemente lo será, como derogación tácita.

Refrendo: el caso Mullally en la Capilla Clementina

El episodio de Fresno no es un hecho aislado. La Sra. Sarah Mullally, designada para ocupar la Sede de Canterbury, visitó la Capilla Clementina, donde rezó junto al Arzobispo Flavio Pace, Secretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, e impartió una “bendición” mientras el propio Mons. Pace se inclinaba y se persignaba.

Persignarse ante la bendición de quien la Iglesia católica no reconoce como ministra ordenada —recordemos que a Apostolicae Curae se suma aquí Ordinatio Sacerdotalis— equivale a reconocerla como tal. Y lo hace, además, el segundo del dicasterio precisamente competente en materia de unidad cristiana.

Dos episodios, dos continentes, una misma pregunta: ¿sigue enseñando la Iglesia lo que ha enseñado solemnemente, o no?

 

Vídeo del episodio

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