La Conferencia Episcopal Española ha respondido a las propuestas políticas que plantean priorizar a los nacionales frente a los inmigrantes en el acceso a servicios básicos, subrayando que la Iglesia no se guía por “eslóganes” y que su criterio fundamental es la dignidad de toda persona, en línea con el reciente enfoque del Papa León XIV sobre la cuestión migratoria.
Mensaje de León XIV tras su viaje a África
Las palabras del secretario general de la Conferencia Episcopal, Mons. Francisco César García Magán, se producen después de que el Papa León XIV haya abordado el debate migratorio tras su viaje por África, donde subrayó la complejidad del fenómeno y recordó que los Estados tienen derecho a regular sus fronteras, pero sin perder de vista la dignidad de cada persona y las causas profundas de la migración.
La Iglesia rechaza la lógica de los “eslóganes”
García Magán advirtió de que el debate actual está marcado por una dinámica de polarización basada en consignas simplistas. “La Iglesia no se mueve a nivel de eslogan, ni de este ni de ninguno”, afirmó, insistiendo en que su visión es “mucho más amplia y más rica”.
En este sentido —y al ser cuestionado directamente sobre Vox—, se desmarcó de planteamientos políticos concretos, incluidos aquellos que buscan establecer prioridades excluyentes en función de la nacionalidad.
Ni exclusión ni eliminación del otro
El portavoz episcopal fue claro al rechazar propuestas que impliquen marginar a determinados colectivos: “Cuando de un lado se quiere anular, excluir, eliminar al otro, en eso la Iglesia no está, ni puede estar, ni estará nunca”.
Frente a ello, recordó que la acción de la Iglesia en la vida pública se fundamenta en dos principios esenciales: la dignidad de la persona humana —“intocable e irrenunciable”— y la búsqueda del bien común de toda la sociedad.
El Evangelio como criterio último
García Magán insistió en que el criterio de la Iglesia no es político, sino evangélico. “El prójimo no es solo el que es de mi partido, de mi país o de mi religión”, señaló, evocando la parábola del buen samaritano como referencia central.
Asimismo, recordó el pasaje del Evangelio de San Mateo sobre el juicio final —“tuve hambre y me diste de comer, fui forastero y me hospedaste”— como criterio definitivo de la acción cristiana.