El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha reaccionado a las declaraciones del obispo de Canarias sobre la inmigración, después de que el prelado afirmara que “a mucha gente habría que meterla cinco días en un cayuco sin comer” para comprender la situación de los migrantes.
Abascal carga contra el discurso sobre inmigración
En un mensaje publicado en la red social X, Abascal afirmó que “algunos que hacen negocio con la inmigración ilegal deberían salir del palacio y bajar a ver las consecuencias que tiene para los españoles”, señalando ámbitos como la sanidad, la seguridad, los salarios y los impuestos.
El líder de Vox introduce así una crítica directa al discurso que, a su juicio, ignora el impacto de la inmigración irregular en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Las declaraciones del obispo y el contexto migratorio
El obispo de Canarias, José Mazuelos, realizó estas afirmaciones en un encuentro con medios, en el que defendió la necesidad de fomentar la empatía hacia quienes llegan en cayuco a las costas españolas, una ruta que calificó de especialmente dura y peligrosa .
En ese contexto, el prelado insistió en que, desde una perspectiva cristiana y humana, es necesario atender a los migrantes, subrayando el sufrimiento que padecen durante el trayecto.
Frente a ese planteamiento, la reacción de Abascal pone el acento en las consecuencias sociales y económicas de la inmigración irregular, un enfoque que contrasta con el discurso centrado en la acogida que mantienen, en su mayoría, sectores eclesiales.
Aceptar la apelación a la empatía que plantea el obispo exigiría, en coherencia, ampliarla también a la realidad cotidiana de quienes sostienen con su trabajo, sus impuestos y sus sacrificios el sistema que hace posible esa acogida. Porque el drama del cayuco es innegable, pero no agota la complejidad del fenómeno migratorio: junto a él convive la vida concreta de millones de españoles que afrontan dificultades reales y sobre los que recaen, en última instancia, las consecuencias de las decisiones políticas.
A ello se suma un elemento que no pasa desapercibido: estas llamadas suelen hacerse desde posiciones institucionales cómodas —palacios episcopales, estructuras estables, asistencia y coberturas aseguradas— que, precisamente por su distancia de la vida ordinaria, dificultan una comprensión plena de esas realidades. Ignorar esa dimensión o reducirla a falta de sensibilidad no contribuye a un debate serio, sino que lo empobrece.
