El Papa León XIV llegó este martes a Guinea Ecuatorial, última etapa de su viaje africano, y lo hizo con un discurso directo ante el presidente Teodoro Obiang Nguema —en el poder desde 1979— en el que denunció el abuso del poder, la desigualdad y la instrumentalización de la religión para justificar la violencia.
Del recuerdo de Francisco a la llegada a Malabo
Durante el vuelo entre Luanda y Malabo, León XIV recordó el primer aniversario de la muerte de Francisco, evocando su legado de cercanía a los más pobres y su insistencia en la misericordia. “Ha dejado tanto en la Iglesia con su testimonio y su palabra”, afirmó, en un tono aún marcado por la memoria del pontificado anterior.
Al llegar a suelo ecuatoguineano, el Papa fue recibido con honores en el aeropuerto de Malabo por el presidente Teodoro Obiang Nguema, que gobierna el país desde hace más de cuatro décadas. Tras la ceremonia oficial y un breve encuentro privado, ambos se trasladaron al Palacio Presidencial.
Un discurso incómodo ante un poder consolidado
Ante autoridades políticas, diplomáticas y representantes de la sociedad civil, León XIV pronunció el discurso más significativo de la jornada.
Sin mencionar directamente al régimen, colocó el foco en la responsabilidad moral del poder político. Recuperó palabras de san Juan Pablo II en 1982 —cuando Obiang ya estaba en el poder— sobre la necesidad de garantizar derechos y condiciones de vida dignas, y subrayó su vigencia actual: “Son palabras que siguen siendo actuales y que interpelan a cualquiera que ocupe un cargo público”.
León XIV advirtió de los riesgos de una política dominada por la ambición y el interés propio, evocando la contraposición de san Agustín entre la “ciudad de Dios” y la “ciudad terrena”. Advirtió además que, “El nombre de Dios no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación”. Y añadió que nunca debe ser invocado “para justificar decisiones y acciones que causan la muerte”.
El mensaje, pronunciado ante uno de los gobiernos más longevos del mundo, marcó el núcleo político de la jornada.
Desigualdad, recursos y conflictos: una crítica global
El Papa amplió su mirada al contexto internacional, denunciando un modelo económico que deja fuera a la mayoría.
“La exclusión es el nuevo rostro de la injusticia social”, afirmó, señalando el creciente desequilibrio entre una minoría privilegiada y el resto de la población.
En la misma línea, vinculó directamente los conflictos armados con la explotación de recursos: “Uno de los principales motivos de la proliferación de guerras es la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin respeto al derecho internacional ni a la autodeterminación de los pueblos”.
La universidad: verdad frente a dominio
Tras el acto institucional, el Pontífice se trasladó al ámbito académico. En el campus universitario que lleva su nombre, León XIV ofreció una reflexión sobre el sentido de la educación.
“La inauguración de una universidad es un gesto de confianza en el ser humano”, afirmó.
Advirtió, sin embargo, del riesgo de una inteligencia desligada de la verdad: cuando el conocimiento se convierte en instrumento de dominio, deja de ser búsqueda y se transforma en imposición. Frente a ello, defendió una formación que enseñe a discernir y a servir.
El hospital: el criterio real de una sociedad
La jornada concluyó en el hospital psiquiátrico Jean-Pierre Olie, en un ambiente radicalmente distinto al del Palacio Presidencial.
Allí, ante pacientes y personal sanitario, León XIV habló del sufrimiento y de la fragilidad, pero también del valor del cuidado. “Una sociedad verdaderamente grande no es la que esconde sus debilidades, sino la que las rodea de amor”, afirmó.
“Dios nos ama como somos, pero no para dejarnos como estamos, sino para sanarnos”, añadió, antes de bendecir a los presentes.