El sacerdote que salvó miles de manuscritos cristianos del Estado Islámico

El sacerdote que salvó miles de manuscritos cristianos del Estado Islámico

En medio de la devastación provocada por el Estado Islámico en Irak, la figura del dominico Najeeb Michaeel emerge como uno de esos raros ejemplos en los que la defensa de la fe y la custodia de la memoria cristiana se funden en una misma misión. Según relata The Aramaic Wire, este sacerdote arriesgó su vida durante años para poner a salvo la mayor colección de manuscritos arameos del mundo, un tesoro documental que abarca siglos de historia religiosa y cultural en la llanura de Nínive.

Lo hizo, además, prácticamente solo. Mucho antes de la irrupción final del Estado Islámico en Mosul, Michaeel ya había recibido amenazas de muerte. En 2007 comenzaron a llegar cartas al monasterio dominico de la ciudad; dentro de cada sobre aparecían una cruz rota y una bala. Su nombre figuraba en una lista negra. Pero lejos de huir, decidió comenzar una operación silenciosa para salvar los manuscritos.

Una evacuación clandestina antes del amanecer

Cada mañana, antes de salir el sol, el padre Najeeb se vestía de civil y conducía su viejo coche hasta Mosul para trasladar cajas de manuscritos a unos 30 kilómetros de distancia. Fue un trabajo largo, discreto y arriesgado, realizado caja por caja durante meses.

La colección que intentaba rescatar no era menor. Incluía manuscritos arameos que se remontaban al siglo IX, además de otros textos cristianos, musulmanes, judíos y yazidíes. No se trataba solo de preservar documentos antiguos, sino de salvar una parte esencial de la memoria de Oriente Próximo, amenazada por el fanatismo y la barbarie.

El rescate definitivo cuando ISIS estaba a las puertas

La amenaza se hizo extrema en agosto de 2014, cuando el Estado Islámico estaba a pocos días de tomar Mosul. Entonces, Michaeel repitió la operación de salvamento. Cargó dos vehículos con manuscritos y libros del siglo XVI y emprendió la huida hacia el este durante la noche.

A bordo viajaban siglos de historia. Manuscritos cristianos, musulmanes, judíos y yazidíes que daban testimonio de una civilización plural en la llanura de Nínive. En uno de los controles del trayecto, una niña señaló el horizonte. Cuando lograron pasar el último puesto, el sacerdote atribuyó su salvación a la protección de la Virgen: estaba convencido de que no habían llegado hasta allí solo por sus propias fuerzas.

El regreso a un monasterio profanado

Tras la liberación de Mosul, Michaeel regresó al monasterio dominico y se encontró con una escena devastadora. El edificio había sido convertido en almacén de armas. La biblioteca había sido destruida. La histórica torre del reloj, donada en 1876 por la emperatriz de Francia y considerada el primer reloj de Irak, había sido saqueada.

Lo más elocuente del desastre era quizá la transformación del propio templo: donde antes había un altar, los terroristas habían levantado una horca. El lugar de la oración había sido convertido en símbolo de humillación y muerte.

De custodio de manuscritos a arzobispo de Mosul

En 2019, la Iglesia nombró a Najeeb Michaeel arzobispo de Mosul, reconociendo así una trayectoria marcada por la fidelidad, el coraje y la defensa del patrimonio cristiano oriental. Hoy supervisa más de 8.000 manuscritos digitalizados procedentes de 105 colecciones repartidas entre Irak, Turquía e Irán.

Su historia no solo habla de conservación cultural. Habla también de resistencia cristiana en una tierra castigada por la persecución. Mientras otros destruían siglos de fe y civilización, este sacerdote comprendió que salvar los manuscritos era también salvar la memoria de un pueblo y la continuidad de una tradición que el terror quiso borrar.

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