A las puertas del primer aniversario de la muerte del papa Francisco, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, ha salido a defender con firmeza la continuidad de su legado frente a quienes apuntan a un cambio de rumbo con León XIV. En una entrevista concedida a Il Giornale, el purpurado ha afirmado sin matices que “decir que el papa León quiere cancelar lo hecho en el pontificado de Francisco es deshonesto”.
El cardenal argentino, figura clave del último pontificado y no exenta de polémica en ámbitos doctrinales, insiste en que el actual Papa no solo no se distancia de su predecesor, sino que promueve activamente su recepción.
León XIV pide releer a Francisco
Tucho sostiene que León XIV ha dado indicaciones concretas en esa línea. “A nosotros, los cardenales, antes del consistorio, nos pidió releer Evangelii gaudium y luego nos invitó a reflexionar de nuevo sobre su aplicación”, explica. Asimismo, señala que el Papa ha convocado a los presidentes de las conferencias episcopales “para retomar la recepción de Amoris laetitia”.
A su juicio, estos gestos demuestran que “Francisco no está bajo tierra”, una expresión llamativa con la que pretende subrayar la vigencia de su magisterio. No obstante, introduce una crítica a quienes no lo asumieron: “Para los que rechazaban cada una de sus enseñanzas o para los que las recibían solo en apariencia, su pontificado habrá sido solo un mal interludio”.
“Humíllate y confía”: el recuerdo personal de Francisco
Al evocar sus últimos encuentros con el Papa argentino, Fernández ofrece un testimonio de tono marcadamente personal. “En una de las últimas audiencias que tuve con él, cuando ya casi no hablaba, me miró, sonrió y me repitió una frase: ‘Humíllate y confía’”, relata.
Según explica, el sentido de esas palabras era claro: “Renunciar a toda forma de orgullo y tener gestos de humildad, porque así Dios puede hacer una gran obra a través de la propia persona”.
Continuidad o tensión: el trasfondo del debate
El prefecto insiste en que no existe ruptura entre pontificados, sino complementariedad: “Entre León y Francisco hay muchos puntos en común; más que la contraposición, se debería ver la complementariedad”.
Sin embargo, sus propias palabras reflejan que el debate sigue abierto dentro de la Iglesia, especialmente en cuestiones sensibles del magisterio reciente. Fernández reivindica, por ejemplo, “su insistencia en hablar con el corazón del Evangelio, como anuncio de amor infinito”, así como la aplicación de la llamada jerarquía de verdades a toda la predicación.
También defiende la condena de la pena de muerte impulsada por Francisco, señalando que “todavía hoy, lamentablemente, los grupos más tradicionalistas se resisten”.
Sin nuevos encargos de León XIV al Dicasterio
Uno de los puntos más llamativos de la entrevista es la referencia al funcionamiento actual del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Tucho asegura que el Papa no ha impuesto nuevas tareas específicas: “Las peticiones que llegan de los obispos y de otros dicasterios son tantas que el Santo Padre intenta no añadir más compromisos”.
Esta afirmación contrasta con lo sucedido en el pontificado anterior. Bajo Francisco, el dicasterio recibió encargos concretos para elaborar documentos doctrinales, algunos de los cuales aún están pendientes de publicación. Entre ellos, un texto sobre la transmisión de la fe, mencionado previamente por responsables del propio organismo, pero del que el prefecto no ofrece ahora ninguna actualización.
El silencio sobre este documento pendiente resulta significativo, especialmente en un momento en que el propio Fernández reconoce que “hoy muchos no rechazan la fe, pero la consideran innecesaria”.
La vida parroquial: una comunidad de carismas y experiencias
Al abordar cómo debería vivirse hoy la fe en el ámbito concreto de las parroquias, Fernández propone un modelo que pone el acento en la diversidad de experiencias. “Una comunidad llena de carismas, donde todos experimenten la libertad y el aprecio de los demás para hacer florecer esos dones con alegría y esperanza”, describe.
Según el prefecto, este tipo de comunidad permitiría generar “una comunión llena de riqueza, de colores y de fascinación”, en la que cada fiel encuentre su lugar. Al mismo tiempo, insiste en la necesidad de ofrecer “espacios diversos de encuentro personal con Cristo”, subrayando que “diversos” porque “las sensibilidades son distintas”.
Una crisis de fe marcada por la superficialidad
En el plano pastoral, el prefecto describe una situación de fondo preocupante: “Vivimos una enorme distracción, un exceso de ruido de las redes sociales y del mundo en general”. A su juicio, esta dinámica conduce a una fe superficial, más debilitada por la indiferencia que por la oposición frontal.
Como respuesta, propone partir de la experiencia humana: “La experiencia que todos tienen de insatisfacción, de vacío, de falta de sentido en la vida”, junto al deseo de fraternidad y la apertura a una relación personal con Cristo.
No obstante, su planteamiento insiste en una línea ya habitual: evitar tanto el inmovilismo como las posiciones rígidas. “El esfuerzo debemos hacerlo todos, conservadores y progresistas, porque en todos está la tentación de encerrarse en sus propios esquemas”, concluye.