El papa León XIV ha enviado una carta a los cardenales, fechada el 12 de abril y difundida este 14 de abril, en la que propone recentrar la vida de la Iglesia en el anuncio de Cristo y en la transmisión de la fe. En el texto, el Pontífice retoma las conclusiones del consistorio celebrado en enero y subraya el papel de la exhortación Evangelii gaudium como referencia para la misión eclesial.
La carta, publicada por la Santa Sede, se enmarca en el tiempo pascual y tiene como trasfondo la preparación del próximo consistorio previsto para finales de junio.
Evangelii gaudium como punto de referencia
León XIV destaca que la exhortación apostólica Evangelii gaudium sigue siendo un documento clave para comprender la misión de la Iglesia. Según explica, no se trata tanto de introducir novedades como de recuperar el núcleo del mensaje cristiano.
En palabras del Papa, este texto “recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial” y ha sido reconocido como un “verdadero soplo nuevo”, capaz de impulsar procesos de conversión pastoral y misionera.
De una fe recibida a una fe vivida
El Pontífice subraya que esta llamada afecta a todos los niveles de la vida eclesial. A nivel personal, invita a cada bautizado a renovar su encuentro con Cristo, pasando de una fe meramente heredada a una fe vivida.
En este contexto, insiste en la importancia de la vida espiritual, el primado de la oración y la coherencia entre fe y vida, así como en el valor del testimonio, que “precede a las palabras”.
Una Iglesia con impulso misionero
A nivel comunitario, León XIV plantea la necesidad de superar una “pastoral de conservación” para dar paso a una pastoral misionera. Las comunidades, señala, deben convertirse en sujetos activos del anuncio, caracterizadas por la acogida, la cercanía y la capacidad de acompañamiento.
También a nivel diocesano, el Papa subraya la responsabilidad de los pastores, llamados a sostener la audacia misionera sin dejar que quede “sofocada por excesos organizativos”.
Una misión centrada en Cristo y libre de proselitismo
La carta presenta una visión de la misión como una realidad unitaria, centrada en Cristo y en el anuncio esencial de la fe. Se trata, afirma, de una misión que “se difunde por atracción más que por conquista” y que integra anuncio, testimonio, compromiso y diálogo.
El Papa advierte además contra dos riesgos: el proselitismo y una lógica puramente institucional. Incluso en contextos de minoría, añade, la Iglesia está llamada a vivir “sin complejos”, como “pequeño rebaño portador de esperanza”.
Llamamiento a revisar la transmisión de la fe
Entre las indicaciones concretas, León XIV propone relanzar la recepción de Evangelii gaudium para evaluar qué aspectos han sido realmente asumidos y cuáles permanecen pendientes.
Asimismo, señala la necesidad de revisar los procesos de iniciación cristiana, mejorar la comunicación eclesial en clave misionera y aprovechar las visitas pastorales como ocasiones para el anuncio del Evangelio.
Preparación del próximo consistorio
La carta concluye con un agradecimiento a los cardenales por su participación en el consistorio de enero y con el anuncio de una próxima comunicación más detallada para preparar la reunión de los días 26 y 27 de junio.
Dejamos la carta completa a continuación:
Eminencia Reverendísima:
En el tiempo santo de la Pascua, deseo hacerle llegar mi cordial y fraterno saludo, para que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve nuestro mundo sufriente.
Aprovecho con gusto esta ocasión para renovarle mi gratitud por su participación en el Consistorio del pasado mes de enero. He apreciado mucho el trabajo realizado en los grupos, que ha permitido un intercambio libre, concreto y espiritualmente fecundo, así como la calidad de las intervenciones en la asamblea. Las aportaciones recogidas constituyen un patrimonio precioso, que deseo seguir custodiando y hacer madurar en el discernimiento eclesial.
En el discurso de clausura de aquel encuentro ya señalé algunos elementos surgidos de los grupos dedicados a la sinodalidad. Deseo ahora detenerme de manera particular en lo que ha madurado en los grupos en relación con Evangelii gaudium, especialmente en lo referente a la misión y a la transmisión de la fe.
De sus aportaciones aparece con claridad cómo esta Exhortación sigue representando un punto de referencia decisivo: no introduce simplemente nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial. Ha sido reconocida como un verdadero «soplo nuevo», capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia.
Han subrayado cómo esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles. A nivel personal, llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada; en este camino se ve implicada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida. A nivel comunitario, impulsa el paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio: comunidades acogedoras, capaces de lenguajes comprensibles, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, acompañamiento y sanación. A nivel diocesano, emerge con claridad la responsabilidad de los Pastores de sostener con decisión la audacia misionera, vigilando para que no quede lastrada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial.
De todo ello brota una comprensión de la misión profundamente unitaria: una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que mantiene unidos el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o de expansión institucional. Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es la propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo.
Entre las indicaciones específicas que han surgido, algunas merecen ser acogidas y ulteriormente meditadas: la necesidad de relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué, con el paso de los años, ha sido realmente asumido y qué, en cambio, permanece aún desconocido o no aplicado; de manera particular, debe prestarse atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana; la conveniencia de valorar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en la calidad de las relaciones; así como la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, también a nivel de la Santa Sede, en una clave más claramente misionera.
Con ánimo agradecido, le renuevo mi reconocimiento por su servicio y por la contribución ofrecida a la vida de la Iglesia. Con vistas al próximo Consistorio, que se celebrará los días 26 y 27 de junio, seguirá una comunicación más detallada para acompañar adecuadamente su preparación.
En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, le lleguen mis más cordiales felicitaciones pascuales.
Con fraterna estima, en Cristo.
Desde el Vaticano, 12 de abril de 2026
LEÓN PP. XIV