Las pinturas murales del Real Monasterio de Santa María de Sijena deberán regresar a Aragón en un plazo máximo de 56 semanas, después de que la jueza encargada de ejecutar la sentencia del Tribunal Supremo haya fijado el calendario para su devolución. Sin embargo, el traslado sigue envuelto en resistencias y recursos por parte del entorno institucional catalán, lo que prolonga un conflicto que se arrastra desde hace décadas.
Según informa El Mundo, la restitución de este conjunto, ligado desde su origen a la vida religiosa del monasterio, continúa sin materializarse en la práctica, pese a las resoluciones judiciales firmes.
De su origen litúrgico al arranque en la Guerra Civil
Las pinturas, realizadas en el siglo XIII, formaban parte de la Sala Capitular del monasterio de Sijena, integradas en un espacio concebido para la oración, la contemplación y la enseñanza de la fe.
En 1936, tras el incendio del cenobio durante la Guerra Civil, las obras fueron arrancadas mediante la técnica del strappo por un equipo dirigido por Josep Gudiol. Posteriormente fueron trasladadas a Barcelona, donde permanecen desde 1940 en el MNAC.
Ese traslado, realizado en un contexto de urgencia, supuso también la separación de las pinturas de su ubicación original y de la función espiritual para la que fueron concebidas.
Del fallo del Supremo a la ejecución judicial
El litigio dio un paso decisivo en mayo de 2025, cuando el Tribunal Supremo confirmó la obligación de devolver los murales a Sijena, poniendo fin al recorrido judicial sobre su titularidad.
El 13 de abril, la jueza de Huesca encargada de ejecutar la sentencia ha fijado un plazo máximo de 56 semanas para completar el traslado, según detalla El País. La resolución establece que el proceso debe llevarse a cabo con todas las garantías técnicas, pero deja claro que la devolución debe ejecutarse.
Por su parte, el MNAC ha anunciado su intención de recurrir, aunque la propia resolución advierte de que la ejecución no queda suspendida por ese motivo.
Argumentos técnicos y oposición al traslado
El museo catalán sostiene que las pinturas presentan una fragilidad extrema debido a los daños sufridos en el incendio de 1936, que alteró su estructura y provocó grietas y desprendimientos.
Según sus responsables, cualquier traslado entraña riesgos para la integridad de las obras. Sin embargo, la resolución judicial recuerda que los informes periciales no han concluido que el traslado sea inviable, siempre que se realice con los medios adecuados.
Desde Aragón se insiste en que existen condiciones técnicas suficientes y que la Sala Capitular, ya restaurada, está preparada para recibir nuevamente las pinturas.
Una disputa que supera lo técnico
El caso ha ido incorporando elementos de tensión política. Según recoge El Debate, Junts per Catalunya ha pedido frenar el traslado de las pinturas, vinculándolo a otros debates sobre patrimonio cultural, como el del Guernica.
No obstante, fuentes citadas por El Debate, sostienen que las comparaciones no son equivalentes. Las pinturas de Sijena permanecieron durante más de siete siglos en su ubicación original, formando parte de un conjunto religioso concreto, antes de su traslado en el contexto de la Guerra Civil.
El sentido de su restitución
En Sijena, la Sala Capitular ha sido acondicionada para acoger nuevamente las pinturas, con sistemas de control de luz, temperatura y humedad.
Las obras no fueron creadas como piezas independientes, sino como parte de un espacio religioso concreto, vinculado a la vida monástica y a la transmisión de la fe. Su retorno no supone únicamente un traslado material, sino la recuperación de ese vínculo.
Más de noventa años después de su salida, las pinturas siguen fuera del lugar para el que fueron concebidas, mientras avanza un proceso judicial que ya ha fijado plazos para su devolución, pero cuya ejecución continúa condicionada por objeciones técnicas y resistencias que han impedido hasta ahora su regreso efectivo al Real Monasterio de Santa María de Sijena.