En declaraciones al diario Il Roma, Bagnasco subrayó la necesidad de una Iglesia «cada vez más unida», en sintonía con el llamamiento del nuevo Papa desde la loggia de San Pedro: «Es necesario que la Iglesia esté siempre más unida, y el Papa lo ha recordado con firmeza y ternura desde el primer momento».
La Misa tradicional dentro de la unidad de la Iglesia
Preguntado por la posibilidad de aliviar las restricciones impuestas a la Misa en latín, el purpurado respondió con claridad:
«He servido durante varios años en el Dicasterio para las Iglesias Orientales y he comprobado que en la Iglesia católica existen más de treinta ritos litúrgicos. Nunca he visto, y tampoco veo ahora, cómo la forma extraordinaria del rito romano —único, como aclaró Benedicto XVI— pueda crear problemas, como tampoco ocurre con el rito ambrosiano. No veo riesgos ni peligros si las cosas se hacen serenamente y con benevolencia por parte de todos».
Para Bagnasco, la diversidad de formas litúrgicas vividas en paz y caridad no compromete la comunión eclesial, sino que puede vivirse como una riqueza al servicio de la unidad.
Brotes de fe y devociones populares
El cardenal señaló motivos de esperanza: «Veo muchos brotes de fe que crecen en lo que parece ser el desierto espiritual de Europa. En las familias y entre los jóvenes con los que hablo a menudo percibo la necesidad de cultivar el alma».
Aunque la práctica religiosa disminuye en algunos lugares, aseguró que las devociones populares «siguen vivas» también en el norte de Italia, especialmente en las zonas de montaña, donde «no es solo folclore: expresa un alma religiosa profundamente vinculada a la Virgen y a los santos».
Doctrina moral y llamada personal a la conversión
Sobre las cuestiones morales —incluida la homosexualidad— recordó que «la doctrina de la Iglesia y el magisterio son claros y se enraízan en la Biblia». El Jubileo, dijo, está «abierto a cada persona» para confrontar su vida con el Evangelio. «No los grupos ni las categorías, sino cada persona».
Una invitación a la esperanza
En su homilía, Bagnasco animó a los fieles a ser «disidentes» frente a la cultura materialista que «predica la ausencia de Dios», cuando «el corazón humano siente una necesidad absoluta de Él».