¿Apocalipsis 12 en tiempo presente?

Por Pedro Abelló Apocalipsis Michael D. O’Brien
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A veces resulta interesante recordar hechos recientemente sucedidos, cuya importancia puede habernos pasado por alto o de los que, simplemente, no hemos tenido noticia, y que sin embargo pueden resultar claves para interpretar el momento en que vivimos.

A mediados de 2017 llegó a mi conocimiento un artículo que me pareció extraordinario por sus posibles implicaciones. Dicho artículo describía, ni más ni menos, lo que pudiera ser la realización efectiva del inicio de Apocalipsis 12 en este momento de nuestra historia, en el tiempo en que nos ha sido dado vivir.

Todos recordamos la profecía que tantas veces hemos leído y escuchado, y de la que tanto se ha hablado: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”.

¿Y si esa señal en el cielo hubiera ya aparecido en toda su precisión y majestad, ante nuestros propios ojos, y no hubiéramos sido capaces de entenderla? Eso es lo que sugiere el artículo de Patrick Archbold al que hago referencia más adelante.

Impresionado por la fuerza sugerente de lo que Archbold relata, en junio de 2017 escribí el artículo que transcribo a continuación, con alguna leve corrección, que fue publicado por Forum Libertas y que ofrezco ahora a la redacción de Infovaticana por si considerase de interés “resucitarlo”, dado lo extraordinario de sus posibles implicaciones.

No pretendo con ello dar nada por sentado, pues las cosas del Cielo sólo Dios las conoce, sino simplemente ofrecer a la reflexión de los lectores unos hechos tan extraordinarios que parecieran diseñados con todo cuidado para darnos a conocer un importante mensaje. Que cada uno opine según su leal y cabal saber y entender.

Un gran signo en el cielo 

El 29 de octubre de 2015, Patrick Archbold publicó en The Remnant un fascinante artículo titulado Apocalypse Now? Another Great Sign Rises in the Heavens. Se refiere el autor a una extraordinaria conjunción planetaria entre las constelaciones de Virgo y Leo y el paso de Júpiter por Virgo, que comenzó el 20 de noviembre de 2016 y culminó el 23 de septiembre de 2017. Por esta conjunción, dicho 20 de noviembre el planeta Rey (Júpiter) entró en el cuerpo de Virgo, permaneciendo en su seno durante nueve meses y medio debido a su movimiento retrógrado. Tras este tiempo de “gestación”, Júpiter salió de Virgo (nació) el 23 de septiembre de 2017, y en el momento de su “nacimiento” vimos al sol apareciendo directamente detrás de Virgo, con la luna a sus “pies”, y sobre la “cabeza” de esa constelación una corona de doce estrellas, formada por las nueve de la constelación Leo más Mercurio, Venus y Marte.

Tan extraña y única conjunción es asociada por el autor con Apocalipsis 12: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”. Tal asociación supone, evidentemente, la sugerencia de un contenido apocalíptico para el tiempo que vivimos, idea que no es ni mucho menos extraña y ha sido repetidamente manifestada por muchos autores, por lo que no es preciso insistir en ella. La peculiaridad de este caso –y no es poca – es hablar de un hecho concreto, en un momento concreto, como posible confirmación de tal contenido.

Ignoro si la relación sugerida por tal artículo existe, si bien admito que la coincidencia entre las posiciones de los astros y el texto de la profecía es impresionante. Con todo, me adhiero a la idea expresada por John-Henry Westen en el sentido de que, si bien desconocemos la realidad de esa relación, sí es cierto que los hechos pueden situarse en un contexto muy determinado: la celebración del centenario de la aparición de la “mujer vestida de sol” en Fátima, la constatación del cumplimiento de sus advertencias, la expectativa ante las que quedan pendientes de cumplimiento y todos los hechos, generalmente poco conocidos, que caracterizan este momento: 

  • La polémica en torno a la publicación del Tercer Secreto de Fátima, que la Iglesia afirma haber dado a conocer en su totalidad, mientras que eminentes personalidades dan una versión muy distinta: el padre Ingo Dollinger, confidente del entonces cardenal Ratzinger, quien afirma que el propio cardenal le confesó que “lo que hemos publicado no es el texto completo”, añadiendo que “nos han mandado hacerlo así”, versión confirmada posteriormente por Gottfried Kiniger, amigo íntimo de Dollinger, por el cardenal Luigi Ciappi, una de las pocas personas que han leído el texto completo, quien, en una carta al profesor Baumgartner, manifestó que “en el Tercer Secreto se predice que la gran apostasía de la Iglesia comenzará por su vértice”, así como por las indagaciones de Alice von Hildebrand. 

 

  • No podemos olvidar la carta de sor Lucía al ahora cardenal Carlo Caffarra cuando fue encargado de crear un nuevo Instituto Pontificio para los estudios sobre el matrimonio y la familia, en la que predice la actual polémica sobre el matrimonio y la califica de “batalla final”. 

 

  • Se une a todo ello la extraña renuncia de Benedicto XVI, conservando, sin embargo, el “munus petrinum”, el ministerio petrino, y, por tanto, la condición de pontífice, así como las múltiples especulaciones sobre sus causas; el “partido de la sal de la tierra” y el “grupo de Sankt Gallen”.

 

  • También las polémicas sobre el pontificado del papa Bergoglio, los cardenales de las “dubbia”, las declaraciones de Arturo Sosa y tantas otras… 

 

  • En otro terreno, la creciente persecución de la Iglesia, cruenta en muchos lugares o incruenta (todavía) en muchos otros. 

 

  • La promulgación de leyes totalitarias contra la libertad de expresión, condenando severamente a aquellos que manifiesten opiniones contrarias a los dogmas LGTBI o al aborto, por ejemplo.

 

  • Añádanse a ello las revelaciones a Santa Faustina Kowalska sobre el tiempo de la Misericordia y el tiempo de la Justicia. Y, en general, un mundo en el que el hombre ha eliminado a Dios tomando su lugar, declarándose totalmente autónomo y haciendo de su voluntad subjetiva la fuente de toda “verdad” (tantas como voluntades) y fundamento de toda caprichosa “moral”.

Ante todo este cúmulo de elementos interrelacionados, y muchos otros que, de mencionarlos, constituirían todo un libro, confieso que me siento fuertemente tentado a conceder verosimilitud a la relación sugerida en los artículos arriba mencionados, toda vez que la situación de nuestro mundo se parece asombrosamente a lo que los profetas de Israel y los Evangelios describen como el “fin del tiempo de las naciones”, que no es el fin del mundo. 

Y si ello fuera así, ¿deberíamos temer ese tiempo de la Justicia que parece se nos viene encima? Bien, si no creemos en Dios, si pensamos que el hombre es realmente un ser autosuficiente, devenido de la pura materia como conjunto aleatorio de átomos, fruto del azar, sin ningún elemento espiritual en su constitución, entonces, ¿para qué perder el tiempo en tonterías? Pero yo creo en Dios, creo que el hombre ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, dotado, por tanto, de un elemento espiritual que llamamos alma, inmortal en tanto que espiritual, susceptible de una retribución tras la vida en esta tierra en función de su fidelidad o infidelidad a su propia naturaleza de criatura creada a imagen de Dios y creada libre, plenamente responsable de sus actos, que haciendo un mal uso de esa libertad pretendió ocupar el lugar de Dios estableciendo por sí misma y por su propia voluntad el bien y el mal (igual que ahora), que por ello perdió la amistad de Dios e introdujo el mal en la tierra. Creo también que Dios envió a su Hijo unigénito para asumir la naturaleza humana y purificarla con su propia sangre, restableciendo así para el hombre la posibilidad de recuperar la amistad de Dios, siempre dependiendo de su libre voluntad, una amistad que, tras la Redención, no es ya simple amistad sino filiación divina.

Si creo todo eso y considero mi propio comportamiento y el comportamiento del hombre en general con relación a las exigencias de su naturaleza, temo que hayamos contraído una enorme deuda con la Justicia divina, deuda cuyo pago se nos puede exigir. Si Dios nos ha dado un tiempo de Misericordia para poder mitigar o incluso anular esa deuda en base a su reconocimiento y arrepentimiento, a la humilde petición de perdón y a la correspondiente penitencia y conversión o cambio de vida, pero sucede que no hemos sabido o querido aprovechar esa oportunidad, ahora llega el momento de pagar esa deuda, y puede ser un pago muy ingrato, tal como sugiere el propio Apocalipsis 12.

Porque tras el anuncio de la mujer encinta vestida de sol, la revelación anuncia la aparición del gran dragón escarlata, que tras intentar infructuosamente devorar al hijo a punto de nacer, es derribado del cielo y arrojado a la tierra junto con sus ángeles: ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo (…) y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella.

Todo ello sugiere un tiempo de mortal enfrentamiento entre el bien y el mal, en el que el mal, con la fuerza de la desesperación (puesto que “sabe que tiene poco tiempo”) parecerá vencer. Muchos  se dejarán seducir por el mal o se doblegarán ante su violencia. “Pero al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”, y esas son las palabras de la Mujer vestida de sol en Fátima que nos deben dar la fuerza necesaria para resistir y perseverar.

Mi intención no es afirmar ni negar, sino ofrecer algunos elementos de reflexión para quienes quieran considerarlos y someterlos a su propio y libre juicio. 

Por Pedro Abelló

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Comentarios
11 comentarios en “¿Apocalipsis 12 en tiempo presente?
  1. Estupendo!!! Cambiemos a la Santísima Virgen María, a la Santa Iglesia y al mismísimo Dios por los astros. Astrología pura y dura. La Iglesia tiene una sacrosanta Tradición que se ha encargado de enseñarnos el sentido de ese pasaje de las Escrituras. A ver si ahora por ir de eruditos vamos a caer en el libre examen luterano.

    1. Astronomía Sagrada.
      Lo otro, la astrología, es una deformación diabólica.

      La primera sería un lenguaje codificado en los astros por Dios para los hombres. Nombres de estrellas, constelaciones y planetas, dados por Dios para el Hombre, desde tiempos antiquísimos, con un significado muy preciso, y unos comportamientos y movimientos más precisos aún.
      Y ahí esas extrañas descripciones de tantos pasajes de la Sagrada Escritura (como el mencionado), que cobran significado al conocer esa Astronomía Sagrada, el (olvidado) Lenguaje de los Cielos.
      La Ciencia que estudiaban los Santos Reyes Magos, y les permitió encontrar al Mesías, viniendo a Israel desde tierras tan lejanas. No eran «astrólogos». Eran (son) santos.

      Lo otro es obra del enemigo, que siempre ha buscado destruir a los hombres, destruir la Obra de Dios. La guerra del mal contra el bien, desde el Principio. Enemigo que también está condenado, desde el Principio.

  2. Gracias por el artìculo. Como para meditarlo… muy en serio. Ven, Espìritu Santo, ven, por medio de la poderosa intercesiòn de la Inmaculada Virgen Marìa, Tu Amadìsima Esposa!

  3. Yo no creo en los astros como para suplantar a Dios, a la Virgen por ellos, pero si creo en el Evangelio y Jesús nos habló de las señales, y si puedo pensar que Dios con Su gran poder puede utilizar a la creación del cual es el dueño para darnos señales, en todo caso gracias por permitirnos reflexionar sobre estas señales!

    1. Por supuesto, vd. puede pensar lo que quiera, al igual que hicieron Lutero y todos los protestantes, interpretando la Palabra de Dios a su y apartándose de lo que la Tradición inveterada de la Iglesia, desde los primeros Padres hasta el CVII, nos ha enseñado a lo los siglos.

  4. El Apocalipsis contiene palabras clave que aparte de su real significado, poseen uno simbólico. Para los judíos y nosotros el «mar» indica el mundo, donde no está Dios, no es nuestro medio y nos hundimos y ahogamos. La «tierra» para los judíos indica la religión donde están firmemente parados en la Verdad de Dios, pero a partir de Cristo, la «tierra» indica religion falseada, apostasía, y Él trae un nuevo concepto y es donde se encuentra Su Verdad plena, el «cielo» como definición simbólica de la Iglesia. El dragón, el mal, no puede estar en el Cielo de Dios, por lo que aquí nos indica que se ha introducido en la Iglesia, y arrastra almas desde la Verdad, el «cielo», y las arroja a la «tierra», la falsedad o la religión pervertida. La Mujer revestida de Sol, por lo tanto hace referencia a la Iglesia y también a la Santísima Virgen, ambas revestidas y reflejantes de la Luz de Cristo, el Sol.

    1. Desde estos términos en su significación simbólica comprendemos que la Bestia del «mar», hace referencia a que ejerce su poder desde la política, y la Bestia de la «tierra» ejerce desde la religión, introducida dentro de la Verdadera Iglesia para pervertirla

  5. La visión de Apocalipsis 12 pareció cumplirse en 1917, cuando la Virgen se apareció el 13 de octubre vestida de Sol en Fátima, y días más tarde se produjo la revolución bolchevique con el Dragón Rojo del comunismo, amenazando con devorar a la Iglesia.

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