El sínodo y los frutos del Espíritu

Sínodo Madrid clausura Acto de clausura del Sínodo en Madrid (ArchiMadrid)
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Su Santidad insiste siempre, y con frecuencia, en la etimología de la palabra ‘sínodo’, en ese “caminar juntos” que debe ser la Iglesia. Y eso hace especialmente alarmante la escasísima participación de los fieles en un sínodo que trata, básicamente, de esa participación.

Hay algo sonrojantemente soviético en ese contraste abismal entre el entusiasmo manufacturado de la propaganda oficial y la realidad tibia e indiferente de la recepción entre los supuestamente interesados.

Madrid es el caso que tengo más cercano, del que escribe aquí nuestro inestimable Diego Lanzas. No hay interés; no hay participación en el sínodo de la participación. Si todo sínodo tiene cierta tendencia a convertirse en una reunión de especialistas, con su propio lenguaje y sus propias formas alejadas de las del común, este parece suscitar menos interés aún que la media entre los fieles, precisamente cuando trata específicamente de escucharles.

¿A qué responde esta apatía? Su hipótesis es tan buena como la mía, pero sospecho que tiene algo o mucho que ver con la percepción, después de años, de que el jaleado ‘diálogo’ y la omnipresente ‘escucha atenta’ no son exactamente universales. Que, por primera vez en la historia de la Iglesia, la Curia presuma de que en el nuevo sínodo se va a escuchar incluso a los no católicos, los no cristianos e incluso los no creyentes en religión alguna, como muestra de apertura total, no consigue ocultar el hecho evidente de que hay un grupo al que no se está dispuesto a escuchar: los motejados de ‘rígidos’, es decir, quienes ven con recelo unos aires renovadores en sospecho connivencia con los intereses del mundo secular y sienten un comprensible apego a la tradición de la Iglesia.

Con estos no hay diálogo o, por lo menos, no se fomenta la escucha atenta. Por el contrario, han sido tan a menudo denunciados en los discursos papales (muy recientemente) que se dirían más allá de cualquier acercamiento posible.

Pero aquí está el problema: los ‘rígidos’ (eufemismo para designar a los tradicionalistas) son muy pocos, pero su crecimiento es exponencial. La Iglesia abierta al mundo se queda sin vocaciones en una ‘primavera’ que se parece al más crudo de los inviernos, mientras que las diócesis donde estos grupos son más activos alientan un verdadero auge vocacional. Lo que se presenta como el brillante futuro se agosta, mientras que lo que se denuncia como reliquia muerta de un muerto pasado no hace más que crecer y dar fruto.

¿Hacia dónde va el Sínodo?

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Comentarios
5 comentarios en “El sínodo y los frutos del Espíritu
  1. Francisco sólo escucha a una parte, la que él quiere, que es la que se asimila a su ideología, mientras persigue a los que por ser fieles a la doctrina, no aceptamos diversos errores que promueve este pontificado.
    Y precisamente ese es uno de los motivos por los que el pueblo cristiano, en el que también está el «sensus fidelium», mayoritariamente se muestra apático por el sínodo.
    Lo que hay que hacer es escuchar la doctrina revelada, contenida en las Escrituras y la Tradición, y no escuchar al mundo, sino convertirlo a la verdad.

  2. Blasfemia me parece anteponer la soberanía popular del sínodo de marras a la palabra de Dios y al magisterio de la iglesia. Estos pretenden claramente instaurar una república en la sede de la iglesia, es su sueño desde el concilio la Comuna de París.Una iglesia revolucionaria, asamblearia, anarquista, donde se voten en campaña electoral las verdades y las normas donde el populacho crea que manda. El concilio dio la mayor casta de impíos de la historia y sus hijos putativos siguen cosechando todas la herejías habidas y por haber. La toma de la Bastilla en la iglesia fue el concilio, no necesitó violencia, casi todos se entregaron sin rechistar, todos se vendieron al maligno en la mayor apostasía de la historia. Sigamos templando gaitas.

  3. He visto algunas fotos de la performance del cierre del Sinodo de Madrid, desde lejos, parece medio vacio. Y es una manifestacion, mas, de lo que podemos denominar, comentarios «sociologicos» de lo relacionado con el Sinodo. Mucho mensaje «social», del «mundo» siempre escorado a una parte, y poca palabra de Dios. Claro los ateñidos, los cercanos a este mensaje «social» no estan en el Sinodo, no les interesa la Iglesia Universal, si la iglesita para su control y, en su caso, …..

  4. Parece que se trata de la Iglesia progre-globalista lo que quiere potenciar Bergoglio. Lo de menos es la Santísima Trinidad, lo de m´ás es caer bien a los gobiernos globalistas. Basta con leer o escuchar los discursos del Arzobispo Fulton Sheen a mediados del siglo XX para reconocer que sus palabras eran proféticas y lo que describía se parecía MUCHO a lo que estamos viviendo actualmente.

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