El Papa no nos representa

El Papa no nos representa

Francisco Marhuenda, director de La Razón, ha dicho que “no se siente representado” por el Papa con motivo de la (falsa) polémica sobre el supuesto perdón que ha pedido el Pontífice al mandatario mexicano Manuel López Obrador por la evangelización de México.

“No me gusta como católico tener que cuestionar al sucesor de Pedro y no soy, precisamente, integrista sino liberal y comprensivo, pero no me siento representado por él”, ha dicho Marhuenda que, como informamos en estas páginas, ha dedicado un editorial en su periódico al funesto malentendido. En sus palabras está encapsulado uno de los problemas que padece la Iglesia de hoy.

Porque el Papa no nos “representa” ni tiene por qué representarnos. No es su papel, en absoluto. La idea de que hay que estar de acuerdo con el Papa para considerarlo tal, o que debe de algún modo responder a nuestras ideas como si fuera un mandatario democrático electo, está tan profundamente imbuida en nuestro inconsciente de ciudadanos del siglo XXI que explica muchísimas de las reacciones disparatadas a la figura y las acciones del Pontífice.

Dice Marhuenda, por ejemplo, que le disgusta cuestionar al Papa porque él, Marhuenda, es católico. No vemos la relación, cuando se trata de cuestionar unas declaraciones sobre un asunto perfectamente opinable. Los católicos somos partes de una iglesia; de la Iglesia, concretamente, no de una secta, y el Papa no es un gurú.

De este malentendido surgen dos nefastas reacciones cuando Francisco hace o dice algo que chirría al espectador católico. Una es retorcer argumentos y torturar la inteligencia para que cualquier acto o declaración del Papa, en no importa qué asunto, parezca irreprochable y de obligada sumisión intelectual.

La otra, no menos grave, es concluir que, como lo que ha hecho o dicho nos parece injustificable, Francisco no es el Papa, o negar la primacía papal.

Ambas son el resultado de nuestra absoluta falta de formación o, más probablemente, de la deformación que ha sufrido nuestro concepto del Papado por un proceso de identificación con las estructuras políticas seculares.

El Papa no nos representa, no lo hemos elegido y no le podemos hacer una moción de censura. Papas ha habido que han dicho enormes disparates y que han cometido horribles pecados. Son hombres, no ángeles o semidioses. Caramba, basta abrir un libro de historia.

En InfoVaticana hemos criticado a menudo las decisiones del Papa, exactamente como él mismo nos pidió al inicio de su mandato. Y creemos que es el Papa, el Vicario de Cristo.

Lo cierto es que la misión esencial del Sumo Pontífice es, al menos en un sentido, muy humilde, incluso frustrante para quien desea revoluciones y novedades: consiste, básicamente, en custodiar el depósito de la Revelación, de la verdad revelada, que se cerró con la muerte de San Juan Evangelista y a la que nada se puede añadir o quitar. No es el CEO de una empresa, que pueda decidir que si hasta ahora vendíamos tomates a partir de ahora vamos a comercializar pimientos, ni el líder de un movimiento político al que se le pueda ocurrir la línea del partido.

En el caso de Francisco, es cierto que parece a menudo como si esa misión le resultara corta y gusta de opinar de todo lo divino y de lo humano, siendo saludado como un ‘líder global’. Pero esa es una decisión que excede su misión y su ministerio, y como tal es perfecta y legítimamente criticable por cualquiera, empezando por sus hijos, los católicos.

En defensa del Papa Francisco

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