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Jozséf Mindszenty, guía del cardenal Caffarra en sus primeros pasos hacia el sacerdocio

El Santo Padre ha reconocido esta semana las 'virtudes heroicas' de Mindszenty, arzobispo de Ezstergom entre 1945 y 1973El cardenal József Mindszenty
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Tras una reunión con el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa Francisco ha publicado una serie de decretos en los que se reconoce, entre otras cosas, las virtudes heroicas del cardenal húngaro Joszéf Mindszenty, arzobispo de Ezstergom entre 1945 y 1973.

Creado cardenal en 1945, Mindszenty se erigió en símbolo de resistencia a las intrusiones del totalitarismo en los derechos de la Iglesia y de los fieles. Fue arrestado inicuamente en 1948 y condenado a cadena perpetua por delitos de conspiración y traición. Tras casi ocho años de presidio, fue liberado durante el levantamiento húngaro de octubre de 1956. Inmediatamente, buscó refugio en la embajada de Estados Unidos, donde discurrieron los siguientes quince años de su vida.

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‘No anteponer nada a Cristo’, publicado por Bibliotheca Homo Legens, recoge una homilía en la que el difunto cardenal Carlo Caffarra se refiere a la inagotable fuente de inspiración que el cardenal Mindszenty supuso para él:

El siervo de Dios, el cardenal Mindszenty, que tenía en sí mismo el testimonio de Jesús tuvo que hacer frente a un poder que había tomado cuerpo en un sistema: el materialismo dialéctico e histórico, que negaba todo destino ultraterreno del hombre; que excluía de manera radical la acción de Dios en el mundo y, sobre todo, en el hombre. A este poder, el siervo de Dios no opuso más que el testimonio de Jesús que tenía en sus manos: el testimonio del primado de Dios y de la verdad del hombre.

El ejemplo del prelado húngaro fue el asidero de Caffarra durante sus primeros años de vocación:

Conocí al cardenal Mindszenty cuando era pequeño. Recuerdo perfectamente que mi padre hablaba siempre de él en casa, y le consideraba un ejemplo de fidelidad a Cristo. No puedo no estar ahora profundamente conmovido. Vuestro eminentísimo primado me hizo un gran don: puedo rezar sobre la tumba de este mártir, que fue guía de mis primeros pasos hasta el sacerdocio. 

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