Scalfari insiste en que el Papa negó el infierno y Francisco mantiene su silencio

Scalfari insiste en que el Papa negó el infierno y Francisco mantiene su silencio

El Jueves Santo unas supuestas declaraciones del Papa a Eugenio Scalfari, negando dos dogmas de la fe católica, dieron la vuelta al mundo. Scalfari reconoce que no tomó notas pero asegura, en declaraciones al New York Times, que recuerda con claridad al Papa asegurando que «el infierno no existe». 

«Tienen toda la razón», ha asegurado el veterano periodista Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano La Repubblica, en declaraciones al New York Times en referencia al desmentido parcial de la Oficina de Prensa del Vaticano sobre las explosivas declaraciones atribuidas al Papa sobre la inexistencia del infierno.

Se refiere el periodista, amigo personal de Su Santidad, a que, como recuerda el desmentido vaticano, no toma notas, la ‘entrevista’ no fue tal sino un encuentro relajado e informal por invitación del Papa, y que lo publicado no recoge las palabras precisas de Francisco.

El periodista, sin embargo, dice recordar con claridad que el Papa le intimó que el infierno no existe, pero añade que «también puedo cometer errores», una confesión de falibilidad que le honra.

Que un nonagenario que ni siquiera toma notas -de grabadora ya ni hablamos- cometa errores de transcripción es más que creíble, como ha reconocido él mismo. Lo que, sin embargo, le haría sospechoso de demencia senil en estado avanzado sería que, con su formación y su cercanía al actual Pontífice, ignorara que un cristiano incurre en herejía al negar la existencia del infierno y la mortalidad del alma, y que el hecho de que lo afirme el Vicario de Cristo es una noticia de portada en cualquier medio de comunicación.

La noticia corrió en seguida como la pólvora y apareció en grandes medios de todo el mundo, conmocionando al mundo católico. Más lenta fue la Oficina de Prensa vaticana en reaccionar, varias horas después, con un desmentido que ni siquiera desmentía lo principal, el fondo de la cuestión, limitándose a la forma.

Porque el problema es que la prensa secular tiende a creer a Scalfari, no sin motivo. Si es cierto que no tomó notas ni era, propiamente hablando, una entrevista; si es verdad que el anciano pudo transcribir erróneamente las palabras, desde fuera cuesta creer que un avezado periodista pueda no apreciar el alcance de semejante declaración y no asegurarse de que ha entendido bien una confesión que contradice dos mil años de doctrina sólida e inequívocamente mantenida por la Iglesia.

La segunda causa de extrañeza es que las notas de Scalfari parecen en línea con declaraciones previas del Pontífice al periodista, al que ha concedido ya numerosas entrevistas pese a haber tenido ya que enfrentarse a un desmentido previo. En la ocasión anterior, el Vaticano empezó por desmentir para, más adelante, incorporar la entrevista desmentida a la página web vaticana.

Y la causa tercera por la que la prensa secular tiende a inclinarse del lado de Scalfari es que, ante tan monumental desconcierto público, el Papa no se ha pronunciado ni ha aprovechado, como muchos esperábamos, para recordar a los fieles las verdades de fe con respecto al infierno y al destino eterno de las almas.

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