Hemos terminado una larga jornada y hoy, dia 8, empezamos otra no menos intensa que puede terminar con ‘habemus Papam’. Pasadas un poco más de las nueve de la noche, las 9:05 y tenemos fumata, la primera, y es negra. Empezamos a desmontar tantas tonterías de estos días. Los medios influyen y mucho, todos vivimos colgados de un teléfono que cuenta con todo tipo de conexiones y el paso de las horas desde el ‘extra omnes’ ha provocado que la plaza se fue llenando – parece que el pueblo de Dios estaba latitante y aparece de nuevo – ante la posibilidad de un ‘cónclave exprés’. El dia 7 de mayo, comienzo del cónclave, primera votación y terminamos con fumata negra, veremos cómo proceden las cuatro votaciones previstas para hoy.
Hoy no es un día de comentar otras noticias, no tiene sentido, las dejamos para otro momento, vivimos horas importantes en la vida de la Iglesia, todos tenemos la impresión de que estamos ante un cónclave decisivo y no podemos tomarlo con frivolidad. Hoy preferimos dejar otros temas, los hay, pero están superados por la realidad. Nos toca unirnos en oración para que la elección del nuevo Papa sea el que Dios quiere y no el que los deseos humanos desean. Hemos vivido días de vértigo, ha llegado la hora de la verdad y nuestra obligación es rezar.
La última congregación General del Colegio Cardenalicio participaron 173 cardenales, incluidos 130 electores, comenzó a las 9 y concluyó a las 12.30. Entre los temas tratados: las reformas del Papa Francisco, “que es necesario llevar adelante en el tiempo venidero”, como la legislación sobre los abusos, la economía, la Curia, la solidaridad, el trabajo por la paz y el cuidado de la creación, estos dos últimos temas basados en las encíclicas Fratelli tutti y Laudato si’. Se mencionaron también la memoria y el testimonio de los mártires de la fe en zonas de conflicto, donde la libertad religiosa está en peligro, y la cuestión del cambio climático, atendiendo a los países de origen de algunos de los cardenales. También se mencionaron la Pascua, el Concilio de Nicea y el diálogo ecuménico.
Maradiaga ha abandonado el Vaticano indignado, el no puede votar por edad y ha preferido volver a sus honduras a llorar las penas que espera. No quiere estar en Roma para saludar al nuevo Papa, sospecha, sus razones tendrá, que no será de sus simpatías y prefiere ahorrarse el mal trago, mal perder parece tener su eminencia. No sabemos cuáles serán sus simpatías, pero se queja de que muchos cardenales han dado la espalda a Francisco: «Hemos visto demasiados tránsfugas». Viniendo de quien viene una buena señal antes de que lleguen los humos.
Desde hoy los cardenales están enclaustrados bajo el Juicio Final de Miguel Ángel con la grave tarea de elegir al sucesor de Pedro. La única señal externa es el humo negro de las elecciones fallidas, hasta el blanco que anunciará al 267º pontífice. A partir de la tarde, miércoles 7 de mayo, habrá total silencio y secretismo sobre lo que sucederá entre el cierre de las puertas de la Capilla Sixtina y la reapertura de la logia central de San Pedro para la primera aparición del nuevo Papa. El primer misterio del cónclave es su duración: sabemos cuándo comienza, no cuándo termina. Como mucho podemos hacer una estimación: de media dura unos pocos días. El más rápido fue el que eligió a Julio II en una sola noche en 1503. La elección más larga y problemática fue la que tuvo lugar en Viterbo entre 1268 y 1271 y que en su momento no se llamó “cónclave”, pero se convirtió literalmente en eso cuando los viterbeños encerraron a los cardenales para que lo resolvieran. Fue entonces el elegido, el beato Gregorio X, quien reguló con la constitución apostólica Ubi periculum lo que desde entonces se llamó el «cónclave».
Recordó la necesidad de que el nuevo Pontífice sea un constructor incansable de comunión: entre los cristianos, entre los obispos y el Papa, entre los pueblos y las culturas. No una comunión cerrada y autorreferencial, sino abierta y fiel al Evangelio. “Cada Papa”, dijo, “sigue encarnando a Pedro y su misión… La elección del nuevo Papa no es una simple alternancia de personas, sino que siempre es el apóstol Pedro quien regresa”. Palabras que han subrayado, una vez más, la dimensión espiritual y sobrenatural del acontecimiento que está a punto de tener lugar, y que concluyen con una intensa súplica: “Oremos para que el Espíritu Santo… nos dé un nuevo Papa según el corazón de Dios para el bien de la Iglesia y de la humanidad”.
Durante el intercambio de paz, un episodio perturbó significativamente la atmósfera relativamente relajada y contemplativa. El cardenal Re se acercó al cardenal Pietro Parolin, exsecretario de Estado del Papa Francisco y figura clave en el próximo Cónclave, ya que presidirá los actos en la Capilla Sixtina, y, en voz más alta de lo habitual, como viene ocurriendo desde hace tiempo debido a su creciente sordera, le dijo delante de todos: «¡Mis mejores deseos! ¡Mis mejores deseos por partida doble!». La frase, de tono bondadoso pero inequívoco, ha provocado irritación entre varios cardenales. Muchos han apreciado la ausencia de referencias al Papa Francisco en la homilía, pero el abrazo a Parolin ha creado descontento.
Algunos han visto en este gesto una manifestación más del apoyo público, y ya no disimulado, que Re ha mostrado hacia Parolin en los últimos días. Un apoyo que ha sido expresado en varias ocasiones y que ahora corre el riesgo de pesar en el clima del Cónclave, donde la confidencialidad, la libertad de conciencia y la independencia de presiones externas deberían ser absolutas. La metedura de pata, juzgada por muchos como «fuera de lugar» y «sin sentido», no sorprende a quienes conocen el estilo del cardenal Re, quién en el pasado ha causado repetidamente vergüenza con declaraciones desafortunadas o comportamientos fuera del protocolo.
En este momento crucial para la Iglesia universal, cada palabra y cada gesto adquieren un significado que va mucho más allá de la simple espontaneidad. El “doble” deseo dirigido a Parolin terminó por hacer explícita una dinámica que, hasta ahora, solo se había movido en los pliegues de las indiscreciones: la existencia de un apoyo organizado, quizás incluso estratégico, a favor del ex secretario de Estado como principal candidato posible. Un apoyo que, sin embargo, no parece haber obtenido la unanimidad entre los cardenales.
La más fiel de Bergoglio, Elisabetta Piqué, ayer en La Nación confundió al cardenal Vesco con el cardenal Prevost, demostrando su analfabetismo funcional, ha dado la voz de alarma: «Algunos cardenales cercanos a Bergoglio se han quejado de que el cardenal Re no habló de él en la Misa pro eligendo». Nos quedamos con la llamada de la homilía: sólo la oración, sólo la escucha del Espíritu Santo, puede guiar a la Iglesia hacia la elección justa. Y quizás también a la necesaria discreción.
A las 16.15 los cardenales electores, acompañados por las letanías de los santos, han procesionado de la Capilla Paulina a la Capilla Sixtina, atravesando la Sala Regia. Han invocado al Espíritu Santo cantando el Veni Creator , tras lo cual ha jurado «que quien de nosotros, por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá a cumplir fielmente el munus Petrinum de Pastor de la Iglesia universal», Cada uno de los electores se presenta ante el Libro del Evangelio y con su mano sobre él: « Et ego, N. cardinalis N., spondeo, voveo ac iuro. Sic me Deo audivet et haec Sancta Dei Evangelia, quae manu mea tango».
Ha llegado el momento del “ Extra omnes ” (“Todos fuera”) convocado por el maestro de las celebraciones litúrgicas, Mons. Diego Ravelli. Fuera monseñores, prelados y todos los que habían sido admitidos hasta ese momento. Lo primero que habría que hacer es retirar las cámaras. Dentro permanecen sólo el maestro y el predicador (el cardenal Raniero Cantalamessa, de más de ochenta años), encargados de dar la última meditación a los electores en vista de la grave responsabilidad que les espera. El Espíritu Santo los inspira , pero ciertamente no los priva de la responsabilidad que cae sobre sus hombros. Saldrán de la Capilla Sixtina, siempre en total secreto, sólo para comer y pasar la noche en Santa Marta, pero fuera nadie los volverá a ver hasta la elección del Romano Pontífice.
La última imagen que hemos visto los ha mostrado bajo el Juicio Final de Miguel Ángel , sentados en largas mesas, cada uno con su propio asiento asignado según el orden de precedencia. Un pequeño repaso histórico : hasta 1963, cuando los cónclaves eran menos numerosos, en lugar de mesas había asientos coronados por dosel. Una vez cumplida la “misión”, sólo quedó en pie la del recién elegido Papa, mientras que todas las demás fueron bajadas en señal de homenaje al nuevo pontífice. Una escena evocadora visible en algunas reconstrucciones cinematográficas, por ejemplo en la película de 1968 El hombre del Kremlin, protagonizada por Anthony Quinn. La única señal que se filtrará será el humo de la famosa chimenea de la Capilla Sixtina : negro si la elección no fue exitosa, blanco si el Papa fue elegido.
Gavin Ashenden en el Catholic Herald: «Existe una atracción extraña pero predominante hacia la afirmación de la Iglesia Católica sobre una intervención divina milagrosa». El dogma de la infalibilidad papal no es bien comprendido, incluso por algunos católicos. Hay muchas personas, incluidos los católicos, que parecen no entender ni creer esto cuando se les explica, pero fascina a la gente. La combinación de la afirmación de una intervención sobrenatural y el nivel de creencia en dicha intervención provoca un fuerte interés y una reacción, especialmente cuando se la malinterpreta, quizás de una manera particular.
Cuando se habla del Cónclave, hay una presunción implícita: si el Papa puede ser infalible entonces seguramente la elección del Papa debe ser igualmente infalible y surge la pregunta: “¿Será el Espíritu Santo quien elija al próximo Papa?” Recordamos de nuevo al Papa Benedicto XVI que cuando todavía era cardenal Ratzinger que en 1997 responde esta misma pregunta: “¿Es el Espíritu Santo responsable de la elección de un Papa?”. «No diría que, en el sentido de que el Espíritu Santo elige al Papa… Diría que el Espíritu no toma exactamente el control del asunto, sino que, como un buen educador, por así decirlo, nos deja mucho espacio, mucha libertad, sin abandonarnos por completo. El papel del Espíritu, por lo tanto, debe entenderse en un sentido mucho más flexible: no es que nos imponga el candidato por el que votar. Probablemente la única garantía que ofrece es que la cosa no se arruine por completo… ¡Hay demasiados casos contrarios de papas que el Espíritu Santo obviamente no habría elegido!».
Terminamos ofreciendo las dos oraciones que han utilizado los cardenales al comienzo del cónclave.
Veni Creator Spiritus,
Mentes tuorum visita,
Imple superna gratia,
Quae tu creasti pectora.
Qui diceris Paraclitus,
Altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, caritas,
Et spiritalis unctio.
Tu septiformis munere,
Digitus Paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
Sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus:
Infunde amorem cordibus:
Infirma nostri corporis
Virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius,
Pacemque dones protinus:
Ductore sic te praevio,
Vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem,
Noscamus atque Filium;
Teque utriusque Spiritum
Credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria,
Et Filio qui a mortuis
Surrexit, ac Paraclito,
In saeculorum saecula. Amen.
Sub tuum praesidium confugimus,
Sancta Dei Genetrix.
Nostras deprecationes ne despiciasin necessitatibus,
sed a periculis cunctislibera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.
«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre…»
Buena lectura.