Un condenado a muerte en Arkansas rechaza una última comida y pide recibir la Comunión

Un condenado a muerte en Arkansas rechaza una última comida y pide recibir la Comunión

El pasado mes de abril, Ledell Lee fue ejecutado en Arkansas tras haber sido condenado a la pena capital, a pesar de que él siempre se declaró inocente de los cargos que se le imputaban.

En 1995, Lee fue condenado a muerte por el asesinato de Debra Reese. Más de veinte años después, él seguía defendiendo que era inocente.

Lee murió a causa de una inyección letal en la prisión de Cummins Unit. Según recoge America Magazine, un portavoz de la prisión aseguró que el preso rechazó una última comida y pidió recibir la comunión antes de morir.

En la conferencia de prensa realizada tras su muerte, un portavoz confirmó que Lee era cristiano, según informó Aleteia.

Francisco: La pena de muerte es inadmisible

En septiembre de 2015, en su histórica intervención en el Congreso de Estados Unidos, el Santo Padre abogó por la abolición mundial de la pena de muerte y mostró su apoyo «a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir el objetivo de la rehabilitación».

El Papa Francisco ha condenado en diversas ocasiones la aplicación de la pena de muerte y ha pedido su abolición. El pasado 11 de mayo, durante su homilía en la misa de Santa Marta, quiso volver a subrayar que la pena de muerte es «inadmisible».

Asimismo, en su mensaje a los participantes en el VI Congreso Mundial contra la Pena de Muerte, el pontífice aseguraba: «Hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. No hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza.»

En una carta al presidente de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, el Papa Francisco señalaba que «para un Estado de derecho, la pena de muerte representa un fracaso». «Con la aplicación de la pena capital, se le niega al condenado la posibilidad de la reparación o enmienda del daño causado», apuntaba.

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