Le pontificat du on verra bien

Le pontificat du on verra bien

León XIV lleva más de quince meses de pontificado y ya es posible describir su método de gobierno con precisión notarial: consiste en no gobernar los conflictos. Gobierna lo demás. Nombra sustitutos, retoca reglamentos, convoca consistorios de escucha cronometrada, corrige el Vicariato de Roma tras el preceptivo grupo de estudio. Pero los expedientes que queman siguen exactamente donde Francisco los dejó, con aquel «donec aliter provideatur» del 9 de mayo de 2025 convertido en divisa no oficial del pontificado.

Lo que entonces parecía prudencia de transición es hoy un sistema: la apuesta de que los problemas caduquen antes de que él tenga que resolverlos.

En Estados Unidos existe una figura para esto: el pocket veto. El presidente que no quiere firmar una ley ni pagar el precio político de vetarla se la guarda en el bolsillo y deja que el cierre de la legislatura la mate por él. Prevost, nacido en Chicago, conoce la figura. Su pontificado la está elevando a categoría canónica.

Empecemos por el prefecto. A Víctor Manuel Fernández no lo ha tocado: lo ha dejado donde estaba, que es la forma más barata de confirmarlo. La única «confirmación» que consta es una filtración a Religión Digital en junio de 2025, jamás respaldada por nota alguna de la Sala Stampa. Desde entonces el Papa lo recibe, lo escuda cuando arrecia la tormenta mariana y le encarga lidiar con Écône, beneplácito incluido. Lo que no hace es pronunciarse sobre el fondo: Fiducia supplicans sigue vigente sin que León XIV la haya hecho suya ni corregido, las peticiones de relevo se acumulan sin respuesta y el cardenal gobierna el dicasterio más delicado de la Curia con un título provisional que ya dura quince meses. En septiembre criticó las bendiciones rituales de parejas del mismo sexo en el norte de Europa; el documento que las alumbró permanece intacto. Mantener también es decidir, pero sin factura: si algo estalla, todo era provisional.

Alemania es el caso de manual. La Conferencia Sinodal, heredera del vetado consejo sinodal, fue aprobada en febrero por los obispos alemanes con una mayoría de dos tercios rozada por la mínima, cuatro diocesanos al margen (Colonia, Ratisbona, Eichstätt, Passau) y el cardenal Marx exclamando «¡no quiero esto!» ante el mecanismo de supervisión episcopal. El 31 de marzo, Wilmer viajó a Roma, entregó los estatutos a Iannone y pidió el reconocimiento de la Santa Sede. Cinco meses después, la respuesta oficial es que Roma «necesita aún algo de tiempo». La sesión constituyente estaba convocada para el 6 y 7 de noviembre en Stuttgart: el propio Wilmer admite ya que probablemente no se celebrará. No hace falta decir no cuando el calendario dice no por ti. Preguntado por el asunto en su primer viaje, el Papa despachó la cuestión con un «ya veremos» que merece figurar en los manuales de diplomacia pontificia. Y de fondo, como contamos hace unos días a propósito de la cena de Castel Gandolfo con los grandes donantes americanos, la aritmética que hace posible la espera: una caja que depende cada vez menos de la Kirchensteuer negocia con más calma.

Con el Opus Dei la espera ya no se mide en meses sino en pontificados. Francisco ordenó la adecuación de los estatutos en 2022 con Ad charisma tuendum; la Obra entregó su propuesta el 11 de junio de 2025; y en febrero de este año León XIV comunicó personalmente a Ocáriz que el proceso «sigue en fase de estudio» y que «todavía no se puede prever fecha de publicación». Cuatro años de provisionalidad estatutaria para la institución más obsesionada de la Iglesia con su propia seguridad jurídica, con la causa argentina de las numerarias auxiliares reactivada al fondo y el centenario de 2028 acercándose sin que nadie en la prelatura sepa qué será canónicamente la Obra cuando lo celebre. La sala de espera como régimen jurídico.

Torreciudad es la miniatura perfecta del método. Arellano, decano de la Rota, fue nombrado en octubre de 2024 comisario pontificio plenipotenciario para zanjar el pleito entre la prelatura y el obispo Pérez Pueyo. Escuchó a las partes, redactó su informe y lo entregó. El informe duerme desde hace meses en la mesa del Papa, pendiente de una evaluación que no llega. El 12 de septiembre, el comisario presidirá la Jornada Mariana de la Familia en el santuario en disputa sin nada que anunciar: un plenipotenciario cuya única potencia ejercida hasta la fecha es la paciencia.

Traditiones Custodes es otro ejemplo de cómo la inacción explota: La FSSPX, necesitada de garantizarse el alimento espiritual, ha dinamitado lo que era una bomba de relojería.

Y luego ya para los de Madrid está Cobo. Al llegar León al solio pontificio se lamentaba en privado de que «este sabe todo lo mío». Pues parece que no ha importado y el de Sabiote está más fuerte que nunca y ha rendido el Valle de los Caídos por el camino.

Decidir tiene precio y esperar parece gratis, piensa León. Es el cálculo del funcionario, no el del pastor, y tiene un defecto: los problemas eclesiales no mueren solos, explotan. «Ya veremos», dijo el Papa. Lo estamos viendo.

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