Las Islas Canarias están absolutamente colapsadas ante la avalancha de miles de inmigrantes llegados a las islas en los últimos meses.
Los centros de internamiento temporal están desbordados por la falta de una política migratoria que luche por bloquear y evitar la llegada masiva de inmigrantes a las costas canarias, la puerta sur de Europa.
A pesar de la situación dramática y desesperada que se vive en el archipiélago canario, los obispos canarios proponen como solución redistribuir por el resto de comunidades autónomas ‘el problema’. O lo que es lo mismo, enviar en avión a la península a los inmigrantes llegados a Canarias y así dejar espacio para que sigan llegando más y más inmigrantes de menara descontrolada. Una medida, que más que solucionar el problema lo que provocará es el efecto llamada y que el flujo migratorio descontrolado condene a las Islas Canarias al colapso.
Los obispos canarios apoyan y respaldan las medidas del Gobierno del PSOE para repartir inmigrantes por España ante la saturación de los CIE pero, por lo que sabemos, por ahora no han ofrecido ninguno de los majestuosos palacios episcopales. Ni el de la diócesis de Tenerife ni el de la diócesis de Canarias.
La residencia del obispo de Canarias se encuentra en la plaza Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria. El palacio episcopal fue construido en la Plaza de Santa Ana en el siglo XVI como símbolo del poder religioso, aunque su fachada data del siglo XV. Es obra del arquitecto Juan Ponce de León. En su arquitectura destaca el alfiz de su portada.
Este majestuoso palacio ha sufrido diferentes reformas y reconstrucciones. La última se llevó a cabo a mediados del siglo XIX. Cuenta con dos plantas y una fachada hermosa por su austeridad y sencillez. Dentro del Palacio se encuentra la residencia del Obispo. La entrada es libre a algunas dependencias.
La que parece que tampoco han puesto a disposición de los menas es la Casa Salazar, sede episcopal de la diócesis de Tenerife. Se trata de un palacio de estilo barroco localizado en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en la isla de Tenerife.
La construcción de la casa-palacio fue iniciada hacia 1629 por Cristóbal Salazar de Frías, quien había llegado a Tenerife a finales del siglo xvi. Las obras fueron continuadas por su hijo Cristóbal Salazar de Frías y Ríos y terminada hacia 1687 por el hijo de este, Cristóbal Lázaro Salazar de Frías y Espinosa, primer Conde del Valle de Salazar y marqués de Estremiana.
En 1891 el obispo Ramón Torrijos y Gómez compra la casa-palacio a Esteban Salazar de Frías y Ponte, VIII Conde del Valle de Salazar, convirtiéndolo en sede de la Diócesis. Tras sufrir un incendio en 2006, el palacio fue reinaugurado en 2009. Uno de los elementos más destacados de la Casa Salazar es la Capilla del Obispado, cuya construcción fue dirigida por el famoso jesuita esloveno, Marko Ivan Rupnik., conocido siempre por sus mosaicos y ahora por sus abusos. La capilla se diseñó y se construyó en Roma, y tras su terminación los miles de mosaicos fueron llevados a Tenerife.
Por ahora, ninguno de los dos obispos canarios (ni José Mazuelos ni Bernardo Álvarez) han puesto ninguno de sus palacios a disposición para acoger menas.