Cabildo en pleno y el arzobispo emérito Norberto Rivera Carrera marcaron este 11 de octubre, las celebraciones por los 50 años de la dedicación del templo y el inicio del Año Jubilar Guadalupano.
La Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe fue escenario este domingo 11 de octubre de 2026 de la misa capitular con el Venerable Cabildo en pleno, presidida por el obispo auxiliar de México, Luis Manuel Pérez Raygoza. La celebración eucarística, oficiada en el recinto circular que alberga desde hace medio siglo la tilma de San Juan Diego, contó con el arzobispo emérito de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, quien pronunció la homilía.
Se vio al purpurado, de 84 años, apoyado de un bastón y fue asistido por los canónigos Luis Felipe García Álvarez y Jorge Antonio Palencia Ramírez de Arellano. Su presencia en el altar de la Basílica, en una fecha que prepara el aniversario del 12 de octubre de 1976, día de la dedicación del nuevo santuario y del traslado de la Sagrada Imagen desde el antiguo templo, adquirió un carácter de reconocimiento eclesial. La misa formó parte del programa de actos previos al inicio oficial el 12 de octubre del Año Jubilar Guadalupano concedido por el Papa León XIV.
Rivera Carrera centró su predicación en las lecturas del día, Isaías 25, 6-10a y el Evangelio de Mateo 22, 1-14 sobre el banquete de bodas, y las puso en diálogo con el contexto jubilar y con la realidad. “El Señor del Universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos. Él arrancará en este monte el velo de luto que cubre el rostro de todos los pueblos… El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”, recordó el cardenal, evocando la promesa del profeta.
Frente a esa esperanza, el arzobispo emérito trazó un contraste directo con el presente, “Nosotros, en medio de la cultura de la muerte, de impunidad, de incertidumbre que estamos viviendo, Dios nos consuela, nos ilumina, ilumina nuestro futuro”. Subrayó que “otros también nos presentan una nueva era y nos anuncian cambios y progreso que nunca llegan porque no tienen fundamento ni acontecimientos que los sustenten”. Las promesas humanas, señaló, “son discursos vanos y promesas que no se cumplan”, mientras que “las promesas de Dios sí tienen una fuente fundamental, ya que se sustentan en acontecimientos concretos y precisos”.
El cardenal insistió en que el acontecimiento guadalupano , “el Señor del Cielo, la Señora del Cielo Santa María de Guadalupe vino a nuestra tierra a traernos a su Hijo Jesucristo”, y la redención de Cristo son hechos que “ya sucedieron y se siguen realizando”. Recordó que la presencia de la Guadalupana ha sido “nuestra bandera nacional” y que miles de peregrinos acuden al santuario “sobre todo a dar gracias” o a pedir su intercesión.
Al referirse a los dos mil años de la redención, que se aproximan, subrayó que se celebrará “el banquete más grande de nuestra historia humana” y que la Eucaristía es el lugar donde “su muerte y resurrección” se actualizan. Criticó la cultura de la inmediatez y lo desechable: “Vivimos en una cultura de la inmediatez, de la prisa y de lo desechable… somos presa de la comida rápida y chatarra… así contaminamos nuestra tierra, nuestros mares y hasta el aire que respiramos”. Frente a ello, invitó a anhelar la vida eterna no como algo “aburrido”, sino como el banquete de alegría y abundancia que Jesús describe. “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, concluyó.
La dedicación del 12 de octubre de 1976 respondió a una necesidad urgente. La antigua basílica (hoy Templo Expiatorio a Cristo Rey), cuya construcción principal data de 1695-1709, presentaba graves daños estructurales por el hundimiento diferencial del terreno de la Ciudad de México. Un diagnóstico de 1968 confirmó el riesgo. Tras una solución provisional, la llamada Basílica efímera, se decidió construir un nuevo templo permanente. La primera piedra se colocó el 12 de diciembre de 1974 bajo el cardenal Miguel Darío Miranda. El proyecto, dirigido por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, José Luis Benlliure, Alejandro Schoenhofer, fray Gabriel Chávez de la Mora y Javier García Lascuráin, produjo un edificio circular de 100 metros de diámetro, con un claro libre de 63 metros sin columnas intermedias, de modo que la imagen de la Virgen se ve desde casi cualquier punto. La cubierta, de concreto armado recubierta con láminas de cobre, ha adquirido el característico tono verdoso. El conjunto tiene capacidad para alrededor de 10 mil personas en la nave principal. El 12 de octubre de 1976, en presencia de miles de fieles, se dedicó el santuario y se trasladó solemnemente la tilma. El Papa Pablo VI envió un mensaje en el que calificó la dedicación no como meta de llegada, sino como “punto de partida”.
Medio siglo después, el templo sigue recibiendo a millones de peregrinos anuales. El Año Jubilar Guadalupano que se abrirá oficialmente mañana 12 de octubre con la Misa de las Rosas y la apertura de la Puerta Santa, se extiende hasta el 12 de octubre de 2027. Los fieles que visiten con devoción la “Casita Sagrada”, participen en un acto litúrgico o dediquen tiempo a la oración podrán ganar la indulgencia plenaria, bajo las condiciones habituales. La fecha coincide también con el 131 aniversario de la Coronación Pontificia de 1895. El horizonte más amplio es el de los 500 años de las apariciones (2031) y los dos mil años de la redención. La homilía de Rivera Carrera situó los 50 años de la nueva Basílica dentro de esa continuidad histórica y teológica.
La presencia del arzobispo emérito de México en esta misa capitular constituye un gesto de reconocimiento al arzobispo que gobernó la Arquidiócesis Primada de México de 1995 a 2017. Durante su pontificado pastoral se impulsó decididamente el culto guadalupano y se culminó uno de los procesos más significativos de la historia eclesial mexicana reciente: la canonización de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el vidente de la Virgen. El 30 de julio de 2002, en la misma Basílica de Guadalupe, el Papa Juan Pablo II proclamó santo al indígena. Rivera Carrera, principal promotor de la causa y autor de obras que documentaron la historicidad y la fama de santidad de Juan Diego, acompañó al Pontífice y pronunció palabras de agradecimiento en nombre de la Iglesia mexicana. Que el cabildo y el obispo auxiliar hayan convocado al cardenal emérito para dirigir la homilía en la víspera del cincuentenario de la dedicación del templo que alberga la tilma de Juan Diego es, en ese sentido, un acto de memoria y de continuidad.
En un contexto nacional marcado por la impunidad, la violencia y las promesas políticas que no se materializan, las palabras del cardenal Rivera Carrera devolvieron la mirada al banquete que, según la fe cristiana, Dios ha preparado y sigue preparando. La Basílica, a 50 años de su dedicación y en el umbral del Año Jubilar concedido por León XIV, se presenta de nuevo como el lugar donde ese banquete se anuncia y se anticipa en la Eucaristía, mientras la Iglesia se encamina hacia los 500 años del acontecimiento guadalupano y los dos mil años de la redención.