La pedagogía arquitectónica de Basílica de Guadalupe

La pedagogía arquitectónica de Basílica de Guadalupe

 

La arquitectura de la Basílica de Guadalupe en 1976 reflejó un propósito fundamental: No sólo era el espacio arquitectónico que serviría para “rescatar” un lugar de culto en franco deterioro por los hundimientos, debería ser funcional, amplio y pedagógico.

Los principales hacedores del plan arquitectónico vieron en ese proyecto la oportunidad para levantar una Basílica con elementos adecuados a los nuevos tiempos litúrgicos del Concilio Vaticano II y de estructura con implicaciones bíblicas que enlazaran la historia de la Salvación, del Antiguo y del Nuevo Testamento con el Tepeyac, un cerro en las inmediaciones de la antigua ciudad conquistada en 1521 y en el que se dio un prodigio que, en ese 1976, cumplió 445 años.

A la distancia, esa pedagogía parece erosionarse consecuencia de lo que el tiempo siempre provoca en la historia, el olvido. Para el creyente y el observador contemporáneo, asistir a la “Casita del Tepeyac” podría tener más significado que el de una visita a un templo tan familiar, conocido y querido que protege a la “Virgencita”, pero recuperar su pedagogía inicial es ahora un deber moral de la memoria en este cincuentenario.

En entrevista, el canónigo Juan de Dios Olvera Delgadillo, comparte sus reflexiones “desde dentro”, las de un sacerdote que ha prestado su ministerio en Basílica de Guadalupe. Su biografía y trayectoria son bien conocidas. Hace 40 años fue ordenado sacerdote para la arquidiócesis de México en 1986; es doctor en teología dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Llamado a colaborar en la Santa Sede como oficial de la Pontificia Comisión para América Latina de 1989 a 1994, participó en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (1992). Encargado de la Formación Permanente del Clero de 1995 a 2002, colaboró en uno de los puestos fundamentales del gobierno del cardenal Norberto Rivera Carrera como canciller de la arquidiócesis de México de 2004 a 2011 conjugando sus funciones curiales y las responsabilidades de párroco del 2000 al 2017. Desde 1996 se desempeñó como profesor de Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de México y como miembro de la Academia Mexicana de Teología. En 2016, el Papa Francisco lo designó Misionero de la Misericordia y en octubre de 2017 el cardenal Rivera le integra al Venerable Cabildo de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. Fundó el grupo Amistad Sacerdotal, orientado a la formación espiritual y doctrinal de sacerdotes diocesanos y religiosos. Ha publicado trabajos de teología, entre ellos Metodología Cristológica y Reflexión Pastoral (CELAM, 1993). Actualmente, el padre Juan de Dios Olvera es colaborador en la Agencia Católica de Noticias a través de su columna dominical Veritas Salutaris.

La entrevista completa puede verse aquí:

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