Con la fuerza renovadora del tiempo pascual como telón de fondo, la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) inauguró este martes su 118 Asamblea en un clima de profunda fraternidad episcopal y esperanza. Más de una veintena de obispos de todo el país se reunieron para discernir el paso de Dios en la realidad boliviana, con la familia como eje central de reflexión a la luz de la exhortación apostólica Amoris Laetitia del papa Francisco y en vísperas de la Visita Ad Limina que realizarán en noviembre ante el papa León XIV.
La jornada inaugural estuvo marcada por dos intervenciones de alto calibre que, juntas, trazan el rumbo espiritual y profético de la Iglesia en Bolivia. Por un lado, el arzobispo mexicano Fermín Emilio Sosa Rodríguez, nuncio apostólico en Bolivia, entregó un mensaje cargado de fuego misionero y confianza en la acción soberana del Espíritu Santo. Por otro, el presidente de la CEB, Aurelio Pesoa, expuso con realismo y valentía los graves desafíos que enfrentan las familias bolivianas, desde la crisis económica y el narcotráfico hasta la precariedad educativa y sanitaria.
En su homilía, el nuncio Sosa Rodríguez, representante del papa León XIV en el país, invitó a los obispos a una experiencia personal de “nacer del Espíritu”. Tomando como base el diálogo de Jesús con Nicodemo en el Evangelio de Juan (capítulo 3), propio de la segunda semana de Pascua, el arzobispo mexicano subrayó: “Es difícil poder comprender al Espíritu sólo desde ese aspecto material. ¿Cómo es posible que yo pueda renacer en el vientre de mi madre?”. Y añadió con claridad: “El Espíritu Santo es el agente principal que produce una transformación genuina y duradera en la vida de las personas, ya que es capaz de suscitar en nosotros un cambio de actitudes y de comportamiento”.
Fermín Emilio Sosa Rodríguez insistió en que “el nacer del Espíritu depende propiamente de la acción divina, que traspasa nuestra propia naturaleza”. Citando el mismo pasaje evangélico, recordó que “el viento sopla donde quiere. Tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Lo mismo sucede con todo aquel que ha nacido del Espíritu”.
Para el nuncio, esta imagen revela la esencia misma del Espíritu: “Es soberano, es libre, invisible y, podemos decir, incontrolable por el ser humano. Como el viento, su acción transforma vidas de manera imprescindible, su efecto es invisible, pero es real y tiene la soberanía en la salvación”.
El mensaje del nuncio fue un llamado urgente a renovar el ardor misionero. “Cada uno de nosotros debe hacer una experiencia de encuentro con Jesucristo, descubriendo la riqueza, la gracia de sentirse parte de la misión, conservando en el corazón el ardor misionero por anunciar su palabra con alegría”, afirmó. Vinculó esta exigencia con la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, donde “una multitud de creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”. “Esa realidad solo puede ser fruto del Espíritu de Dios”, subrayó, contrastándola con “intereses personales, partidistas, de grupo, como lo estamos viendo a nivel del mundo”.
Dirigiéndose directamente a la realidad nacional, Sosa Rodríguez fue contundente, “Aquí en Bolivia últimamente se han visto actitudes y acciones que verdaderamente nos hacen reflexionar sobre nuestra humanidad, sobre la humanidad de nuestro pueblo y hacia dónde se dirige”. Pidió a los obispos sabiduría para “guiar a su pueblo con ese Espíritu que nace de lo alto” y confió los trabajos de la asamblea a la protección de la Madre del Redentor.
El nuncio también mencionó que el papa León XIV ha convocado a un consistorio en junio para profundizar en La alegría del Evangelio, reforzando la urgencia de un renovado impulso misionero en toda la Iglesia.
Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, Aurelio Pesoa, pronunció el discurso de inauguración, en el que saludó fraternalmente a todos los obispos y agradeció de manera especial la presencia del arzobispo Fermín Emilio Sosa Rodríguez y a los representantes de los medios de comunicación, “ayudándonos a hacer efectiva la comunión apostólica con el Santo Padre”. También envió un saludo al cardenal Toribio Porco Ticona, presidente honorífico de la CEB, ausente por motivos de salud.
Pesoa centró su intervención en el tema de la asamblea, la realidad de la familia a la luz de Amoris Laetitia. Recordó que la carta apostólica del papa Francisco invita a contemplar al Dios Trinidad como modelo de amor eterno y a mirar a la Sagrada Familia de Nazaret. “El matrimonio es el sacramento que consagra el amor humano, cuyas raíces se encuentran en la misma naturaleza humana, un hombre y una mujer, iguales en dignidad, distintos para ser complementarios, abiertos a la vida, en comunión y amor para siempre hasta que la muerte los separe”, afirmó, citando a Jesús en Mateo 19,6: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Sin embargo, reconoció las “no pocas dificultades” que enfrenta hoy este ideal: el culto al bienestar personal, el miedo a los compromisos definitivos, el egoísmo como “enfermedad del amor”, las posturas antinatalistas y las ideologías de género. “El Papa nos llama a no rechazar a nadie, no excluir a nadie”, dijo, e invitó a una catequesis matrimonial más intensa.
Al analizar la situación específica de Bolivia, el presidente de la CEB no se anduvo con rodeos. “A estas dificultades comunes hay que añadir las propias de las situaciones que vivimos en Bolivia, con una crisis económica profunda, heredada, fruto de un sistema económico cegado de ideología, unido a una corrupción generalizada, que ha empobrecido a las familias bolivianas y las ha sumido en la pobreza”. Enumeró las consecuencias dramáticas: rupturas familiares, aumento de la violencia intrafamiliar, feminicidios y el recurso al aborto como “forma de control de la natalidad”.
Con especial gravedad se refirió al narcotráfico. Retomando textualmente la carta pastoral de los obispos de 2016 titulada Hoy pongo ante ti la vida y la muerte, Aurelio Pesoa advirtió que la situación “se podía hacer hoy de la misma manera, pero aumentada con la preocupación por la creciente violencia, los ajustes de cuentas y la aparición de carteles organizados de la droga que impactan negativamente en la paz social del país”. Dirigiéndose a quienes se lucran con este flagelo, les reclamó con las mismas palabras de la carta: “Les pedimos que sean responsables frente a sus hijos, a la juventud y a la construcción de una sociedad más segura y fraterna, renunciando a esa actividad que es un delito y una grave violación a la dignidad del ser humano y al orden ético”.
El presidente de los obispos también denunció los problemas en educación y salud. Criticó la “baja calidad de la educación” en colegios fiscales de zonas rurales y pobres, donde “no se les está dando las herramientas para resolver problemas con creatividad y capacidad de comprensión”. Agradeció los esfuerzos del gobierno, pero pidió un acuerdo nacional entre maestros, universidades y autoridades.
En salud, Pesoa fue tajante: “Se ha hecho más propaganda que realidad”. Exigió “un acceso universal a la salud de calidad y con calidez” que deje de ser “un lujo” y se convierta en “un derecho humano fundamental”.
Finalmente, recordó la primera exhortación apostólica del papa León XIV, Dilexi Te (“Te he amado”), que denuncia “la dictadura de una economía que mata” y la “cultura del descarte”. “No se puede ser Iglesia sin servir a los pobres”, afirmó, llamando a vivir la caridad con los enfermos, los excluidos de la educación, los privados de libertad y todos los marginados.
El mensaje del nuncio apostólico en Bolivia puede ser visto aquí: