El día de Pentecostés, habemus encíclica, performance episcopal en Perú, la sinfonía de los azulejos, el descenso de las vocaciones, San Juan Pablo II y el Vaticano II, el cocinero de Can Pío V, Veni Creator Spiritus.

El día de Pentecostés, habemus encíclica, performance episcopal en Perú, la sinfonía de los azulejos, el descenso de las vocaciones, San Juan Pablo II y el Vaticano II, el cocinero de Can Pío V, Veni Creator Spiritus.

Memoria de Santa María Madre de la Iglesia, celebrado Pentecostés, mayo enfila su final, en un rato tenemos encíclica, la primera de león XIV que va, eso dicen, sobre eso que llaman la inteligencia artificial, que no sabemos muy bien si es inteligencia o que es. Como todo lo nuevo necesita tiempo para asentarse, la encíclica nos dará la medida de donde estamos a nivel de compresión de tema sin olvidar que es más bien incipiente. Empezamos la semana con preformance episcopales en Perú y en Francia, algún día, algún obispo, emperará a gobernar y se dejaran de tonterías. No esperamos dimisiones, ¿Señor, a dónde iremos?, pero sí un poco de vergüenza y dignidad. Empezamos…

El día de Pentecostés.

Homilía del Papa León XIV para la Solemnidad de Pentecostés en la que el Papa desarrolló el tema del Espíritu del Resucitado como el «Espíritu de misión»: «Como el Padre me envió, así también yo os envío» (Jn 20,21). León XIV recordó que, el día de Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a proclamar a Jesús crucificado y resucitado, y que «las “obras poderosas de Dios” (Hch 2,11) se resumen en la redención, que comienza con la fe».  El tercer aspecto: el Espíritu del Resucitado como el «Espíritu de verdad» (Jn 14,17), que «promueve siempre la unidad en la verdad» y defiende a la Iglesia «del faccionalismo, la hipocresía y las modas que nublan la luz del Evangelio». Citando a San Agustín, León XIV recordó que «el Espíritu Santo quiso que esto fuera signo de su presencia»: el don de las lenguas comprendidas en la única fe. El Papa concluyó con una triple oración: que el Espíritu «nos libre del mal de la guerra, que no se gana con una superpotencia, sino con la omnipotencia del amor»; que «libere a la humanidad de la miseria, que no se redime con riquezas incalculables, sino con un don inagotable»; que «nos sane de la herida del pecado, por la redención proclamada a todos los pueblos en el nombre de Jesús».

En el Regina Coeli: «El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que sea acogedora y hospitalaria para todos, incluso para aquellos que han cerrado sus puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir».  Invitó a los fieles a reflexionar sobre «una imagen del Espíritu que nos da la liturgia»: el Espíritu que abre puertas. León XIV señaló tres puertas que el Espíritu abre de par en par. La primera es «la de Dios mismo»: el Espíritu nos da «la verdadera fe, nos ayuda a comprender el significado de las Escrituras» y «nos permite participar de su propia vida». La segunda es la del Cenáculo, es decir, la de la Iglesia: sin el fuego del Espíritu, advirtió el Pontífice, la Iglesia «permanece prisionera del miedo, tímida ante los desafíos del mundo, encerrada en sí misma y, por lo tanto, incapaz de dialogar con los tiempos cambiantes». La tercera es la del corazón: el Espíritu «nos ayuda a vencer la resistencia, el egoísmo, la desconfianza y los prejuicios», capacitándonos para «vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros».

Hoy tenemos encíclica, con Anthropic.

Magnifica Humanitas, sobre la protección de la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial. Anunciada la presencia física del Papa León XIV en la presentación de su primera encíclica que estará acompañado por Christopher Olah, cofundador de Anthropic y figura clave en el enfoque de la empresa hacia la transparencia algorítmica.

La fecha elegida para la firma (15 de mayo, exactamente 135 años después de la encíclica Rerum Novarum de León XIII) deja clara la intención: la Iglesia interpreta la revolución de la IA del mismo modo que interpretó la Revolución Industrial. Si León XIII defendió a los trabajadores de la explotación del capitalismo naciente, León XIV, con Magnifica Humanitas, busca defender la conciencia, el trabajo y la dignidad biológica de la humanidad frente a la «sustitución algorítmica» y la automatización descontrolada. La colaboración con Anthropic demuestra que la defensa ética no es una utopía para los filósofos, sino una posibilidad técnica viable.

Christopher Olah no es un gerente cualquiera: es un pionero de la interpretabilidad mecanicista . Su objetivo científico es abrir la «caja negra» de los algoritmos para comprender por qué una red neuronal responde de cierta manera. Esta visión encaja a la perfección con la agenda antropológica del Vaticano. Anthropic llega a Roma en un momento de ruptura con Washington, tras la orden ejecutiva del gobierno estadounidense que prohíbe el uso de sus tecnologías en agencias federales debido a la negativa de la empresa a conceder a las fuerzas armadas un acceso ilimitado y poco ético a sus modelos.

El acercamiento entre el Vaticano y Anthropic apunta a la búsqueda de un socio en Silicon Valley que haya demostrado, a un alto costo comercial, que puede decir «no» a la lógica de la militarización y la vigilancia masiva. Y para Anthropic que busca encontrar el escudo político y reputacional ideal en Roma (y, por extensión, en Europa). Vincularse a la doctrina social de la Iglesia permite a Dario Amodei y su equipo ganar credibilidad ante los reguladores europeos como la única gran empresa tecnológica verdaderamente ética y fiable, allanando el camino para inminentes inversiones estratégicas en Europa e Italia. Parece que, por ahora,  no estamos ante un «catecismo para robots», sino más bien un impulso político global a favor de una gobernanza algorítmica con rostro humano. El Vaticano legitima técnicamente su Doctrina Social para la Era Digital, mientras que Anthropic demuestra que la ética en la IA no es un simple ejercicio de marketing, sino la única manera de preservar la Magnifica Humanitas frente a la máquina.

Los obispos peruanos piden perdón.

Ante los campesinos reunidos en la parroquia de San Juan Bautista en Catacaos, cerca de Piura, que llevan años pidiendo «reparación» por los abusos, vejaciones y expropiaciones sufridos a manos de los miembros del Sodalitium Christianae Vitae. El comisario del Vaticano que ha organizado esta performance afirma que: «Deberíamos haber venido hace años».
Así tenemos a cardenales, obispos y un sacerdote delegado del Vaticano, todos de rodillas ante los campesinos y campesinas en señal de perdón por una justicia y una reconciliación que han llegado demasiado tarde.  La petición de perdón de rodillas fue el punto culminante de la liturgia eucarística celebrada en la vigilia de la solemnidad de Pentecostés en San Juan Bautista, como respuesta a las súplicas que los campesinos presentaron a Bertomeu, el funcionario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.  Concelebró la misa con los cardenales Mattasoglio y Barreto, los arzobispos Luciano Maza de Piura y Alfredo Vizcarra de Trujillo.

Mattasoglio habló en su homilía de un compromiso «en el camino de la renovación», además de de «un auténtico signo de esperanza para la humanidad». Esperanza tras la «tragedia» causada por «un grupo de la Iglesia que, lamentablemente, arroja una sombra sobre ella». «Hoy queremos superar esta deshonra» y seguir adelante en el «camino de reconciliación» iniciado por Francisco y continuado por León XIV, quien ya como obispo en Perú abordó en numerosas ocasiones la cuestión del Sodalicio, garantizando apoyo a las víctimas. «Venimos en señal de solidaridad, dispuestos no solo a pedir perdón en nombre de la Iglesia, ya que fue un grupo dentro de la Iglesia el que creó el problema que aún hoy viven, sino también a comprometernos a renovar la Iglesia y seguir por el camino de la renovación emprendido por los dos últimos papas».

La sinfonía de los azulejos.

Proyecto artístico sobre el abuso, «Renaissance, la Symphonie des tesselles»   En Lourdes, el 24 de marzo de 2026, un grupo de obispos franceses posó para una fotografía sosteniendo fragmentos de mosaico. Se trata de piezas de cerámica de colores, del tamaño aproximado de un cuaderno, en tonalidades que van del rojo intenso al gris pizarra. Los obispos las sostienen frente a sus pechos, ligeramente inclinados hacia la cámara, con expresiones que oscilan entre la solemnidad y una serena satisfacción. Detrás de ellos, el santuario. Delante, las cámaras.

Estos fragmentos forman parte de Rinascita , un mosaico monumental de 50 metros cuadrados (12,5 x 4 metros) diseñado por la hermana Samuelle, monja y artista. Compuesto como un rompecabezas de 200 piezas, el mosaico narra un camino de reparación tras los abusos espirituales, psicológicos y sexuales cometidos en el seno de la Iglesia. Para los autores, esta obra funciona como una garantía para la comunidad eclesial: la Iglesia reconoce, la Iglesia repara, la Iglesia renace. Pero, ¿ quién controla la narrativa de este renacimiento?

En Lourdes, el 24 de marzo de 2026, los obispos posan en otro preformance episcopal para una foto con fragmentos de Rinascita . En sus curia, en algún archivo secreto al que solo el obispo tiene acceso, se encuentran los expedientes, los nombres de los abusadores, los informes de los superiores que encubrieron, las cartas de las víctimas, nunca enviadas, las transferencias silenciosas. algún día terminaremos con estos teatros episcopales y contaremos con gobernantes que sepan tomar decisiones y resolver los problemas. Por ahora, mucho golpe de pecho, pero reconocer culplan y  renunciar , aso no lo hace nadie.

El descenso de las vocaciones.

El marcado descenso de las vocaciones registrado en los últimos años está empezando a hacerse notar: las parroquias son las primeras en sufrir las consecuencias. En Verona se aborda el problema del futuro de la iglesia y a su obispo no parece que le preocupe mucho el tema: «ha llegado el momento de cultivar, quizás todos juntos, el deseo de consagrar nuestros corazones y mentes a un cristianismo viable, digno de los tiempos que vivimos». «Las parroquias valoran la presencia de las mujeres en nuestras comunidades». «En las parroquias sin sacerdote, la vida comunitaria se confía a un líder pastoral. Esta tarea también puede encomendarse a laicos». Obviamente, no se trata de ministros ordenados, por lo que no pueden asumir funciones  como la celebración de la Misa o la administración de los sacramentos. Estas figuras laicas, tanto hombres como mujeres, podrán actuar como guías espirituales , ofreciendo apoyo a los fieles, lo que permitirá a los sacerdotes ordenados cumplir con sus deberes exclusivos mientras se dividen entre varias parroquias.  En el Tirol del Sur, al menos 500 laicos y laicas participan en la celebración de liturgias públicas, incluidos funerales, especialmente en los valles, donde la necesidad es mayor; en  los pueblos de montaña, no es posible celebrar la Misa semanalmente.

San Juan Pablo II y el Vaticano II.

De John Grondelski. Resulta difícil creer que, tras un pontificado de 26 años, más los ocho años del reinado de Ratzinger, las enseñanzas y la guía del pontificado de Wojtyła —concebidas como una lente para observar la correcta aplicación del Concilio Vaticano II— parezcan haberse perdido. La pseudonarrativa que se difunde es que hubo que esperar hasta el pontificado del Papa Francisco  para redescubrir el verdadero objetivo de renovación del Concilio Vaticano II, y que ahora nos encontramos inmersos en una nueva aventura para su implementación. Esta idea resulta ridícula por dos razones. Primero, Wojtyła fue un Padre Conciliar, cosa que no fue el Papa Francisco y Ratzinger fue un experto destacado cosa que evidentemente tampoco lo fué su sucesor que  fue ordenado sacerdote cuatro años después de la finalización del Concilio.

¿Quién, entonces, comprendió mejor las intenciones del Concilio?  Muchas de las nuevas «ideas» no son nuevas en absoluto, estamos viviendo refritos de las malas ideas de la década de 1970, recalentadas y reutilizadas, esta vez con el añadido del «discernimiento sinodal». Admitir a los adúlteros a la Eucaristía fue una idea que Walter Kasper y otros en Alemania promovieron en las décadas de 1970 y 1980. En esta ocasión, la combinaron con una versión del galicanismo del siglo XX: una iglesia local sabe mejor que nadie cómo ser una «Iglesia», lo que conduce al pecado geográfico. La sinodalidad es, en muchos sentidos, una versión recalentada del sensus fidelium, que, en su versión revisionista, nunca explicó cómo se anclaba al requisito lógicamente previo del sensus fidei.  La novedosa idea de «conversaciones en el Espíritu» con un breve  momento de silencio de un minuto seguido de un flujo de opiniones sin sentido no deja de ser ridícula. Vivimos continuos intentos de adornar el concilio con ideas nacidas del «espíritu conciliar», que carecen de fundamento en los textos conciliares y a menudo son contrarias a la enseñanza eclesial previamente recibida.

El problema de la Iglesia hoy es el problema del hombre. Los esfuerzos por adaptarse y «acompañar» el espíritu de la época a menudo conllevan la aceptación de lo que menoscaba la dignidad humana.  El pensador protestante Carl Trueman en su nuevo libro La profanación del hombre afirma que atacar la auténtica dignidad humana es también un sacrilegio, porque distorsiona la imagen de Dios presente en esa dignidad.

San Juan Pablo II reflejó mejor que nadie el enfoque de «ventanas abiertas» del Concilio Vaticano II. Tomó en serio el pensamiento moderno y se comprometió con él, comenzando con su formación en fenomenología y todo el proyecto tomista de Lublin de confrontación y oposición al marxismo. Esto significaba interactuar con el mundo «donde está», es decir, en sus categorías de pensamiento, y buscar reconducirlas a Cristo. Está planteamiento no es comparable con  esto con el tipo de introspección eclesial interna y autorreferencial que ha caracterizado a la Iglesia en los últimos doce años.

El cocinero de San Pío V.

En su obra «Opera Dell’arte del Cucinare», Bartolomeo Scappi, el célebre chef personal del Papa Pío V, considera que la cocina judía romana es más ligera que la cristiana, a menudo rica en carne, mantequilla y manteca.  El calendario cristiano incluía aproximadamente 150 días de ayuno al año, durante los cuales estaba prohibido el consumo de carne y, a menudo, de productos lácteos. Los chefs aristocráticos se veían obligados a inventar menús alternativos, y la tradición judía ofrecía soluciones probadas. En una época en que las fuentes sobre la vida cotidiana judía eran escasas, sus páginas conservaron vestigios de sabores, técnicas y hábitos alimenticios que de otro modo se habrían perdido.

Bartolomeo Scappi, el célebre chef personal del Papa Pío V, en 1570 publicó uno de los textos gastronómicos más importantes de la época: Opera Dell’arte del Cucinare . Más de 900 páginas dividida en seis volúmenes, es mucho más que una simple colección de recetas. Incluía ilustraciones, diagramas, consejos para organizar cocinas profesionales y detalles sobre los hábitos alimenticios contemporáneos. La presencia de la gastronomía judía se hace especialmente patente en la sexta parte de la obra, dedicada a la nutrición de los enfermos y convalecientes. Según Scappi, la cocina judía romana era más ligera que la cristiana, a menudo rica en carne, mantequilla y manteca. Las normas de kashrut, sumadas a las dificultades económicas de las comunidades judías, habían favorecido de hecho una dieta basada en verduras, aceite de oliva y pescado.

Otro factor decisivo fue la llegada a Italia de judíos expulsados ​​de España en 1492 y de territorios bajo dominio español, como Sicilia. Estas comunidades trajeron consigo nuevos ingredientes y combinaciones de sabores. La berenjena, la calabaza, las alcachofas y, sobre todo, los sabores agridulces se incorporaron gradualmente a la gastronomía italiana gracias a los judíos sefardíes. Sabores que en un principio fueron vistos con recelo por la aristocracia romana acabaron conquistando las mesas de la nobleza.

Indulgencia plenaria de Pentecostés.

Y terminamos recordando cosas muy elementales. Cincuenta días después de la Pascua se celebra la fiesta de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles que marca el nacimiento de la Iglesia. Este día también encierra un don espiritual especial: la posibilidad de obtener una indulgencia plenaria participando  en el canto o la recitación solemne del himno Veni Creator Spiritus .

No es poca cosa y en en estos tiempos descreídos hay que recordar que una indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados cuya culpa ya ha sido perdonada. En otras palabras, incluso después de que el pecado haya sido perdonado mediante la confesión, queda una «herida» por sanar, una pena que debe ser expiada en esta vida o en el purgatorio. Una indulgencia, que se nutre del tesoro de los méritos de Cristo y de los santos, permite a la Iglesia remitir esta pena temporal en su totalidad (indulgencia plenaria) o en parte (indulgencia parcial). Los fieles pueden obtenerla para sí mismos o aplicarla como sufragio por los difuntos, pero no por otras personas vivas.

El Enchiridion Indulgentiarum de la Penitenciaría Apostólica, en el número 26, establece claramente que se concede indulgencia plenaria a los fieles que, en la iglesia o en el oratorio, participen devotamente en el canto o la recitación solemne del himno Veni, Creator el primer día del año o en la solemnidad de Pentecostés. La misma concesión se concede para el himno Te Deum el último día del año.

Para obtener una indulgencia plenaria, no basta con realizar la obra prescrita. El Manual de Indulgencias, en el número 20, exige a los fieles que cumplan las llamadas «condiciones usuales»: Desapego del pecado. Se requiere la exclusión de cualquier apego al pecado, incluso venial. Esta es la condición interior más exigente: si falta, la indulgencia es solo parcial. Confesión sacramental. Se requiere una confesión sacramental realizada en el momento oportuno. Se pueden adquirir varias indulgencias plenarias en diferentes días con una sola confesión. Comunión eucarística. Es necesario recibir la Sagrada Comunión, posiblemente el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada. Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Se reza un Padrenuestro y un Ave María , u otras oraciones de elección, según las intenciones del Papa (no por el Papa, sino por lo que el Papa tiene en el corazón para la Iglesia en ese momento). Las tres condiciones de confesión, comunión y oración por el Papa pueden cumplirse días antes o después de completar la obra prescrita, aunque es recomendable que la comunión y la oración coincidan el mismo día. Cabe recordar también que, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Papa, solo se obtiene una indulgencia plenaria por día.

En tiempos en que rara vez se mencionan el castigo temporal, el purgatorio y las indulgencias, es bueno redescubrir la riqueza espiritual de esta antigua concesión de la Iglesia. Pentecostés no es simplemente la conmemoración de un acontecimiento histórico: es una continua efusión de gracia, y la indulgencia plenaria vinculada al Veni Creator es uno de los signos más concretos de esta generosidad divina mediada por la Iglesia. 

«Aquí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa».

Buena lectura.

 

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