Y no parece que eso vaya a amainar.
No hay prestigio que resista a esta ofensiva diaria contra el cardenal arzobispo de Madrid. Si, además, la fama de Su Insignificancia era ya escasísima, tanto ataque prácticamente diario a lo que prácticamnte todos juzgan una intrusión sin base alguna tiene que resultarle letal.
De ese embrollo solo puede salir declarando que sin representación alguna, equivocadamente y con la mejor intención de favorcer a la basílica y a los monjes firmó un documento para lo que carecía de cualquiera autoridad por lo que su firma carece de cualquier valor.
Y así se terminaría definitivamente con esta continua sucesión de desautorizaciones que tan malparado le están dejando.
La otra salida es renunciar a un cargo para el que con toda evidencia no está capacitado. Y lo que natura non dat el capelo, evidentemente no lo presta.