Los dineros, tan menguantes, de la Iglesia; la falta de transparencia, todavía más hiriente cuando pretenden vendernos el camelo de la sinodalidad de lo que Francisco es un antiejemplo permanente; nombramientos, ceses y permanencias inexplicados, inexplicables e incomprensibles; El Papa cada vez más solo en plazas, aulas y basílicas y no digamos ya en óbolos… Es un pontificado que agoniza y que se va por el sumidero. Hasta la estabilidad física del Pontífice es ya patética.
Estamos ya ante un descomunal esfuerzo permanente de ocultación de la realidad y del vacío imposible de sostener porque la nada termina siempre apareciendo.
Pues ese intento de engaño permanente ya no convence a nadie. Y se va a Specola para encontrar la verdad. Todos los días derrota la mentira oficial y oficiosa.