Lamento mucho que la Iglesia, o sea León XIV, no haya sabido impedir el acto cismático. Que creo también lamentan los lefebvristas.
Eso se habría evitado si el Papa hubiera nombrado obispo a un par de esos sacerdotes que, seguro estoy, son notablemente mejores que no pocos de los que nombra diariamente. Pues no quiso.
Con lo que ahora vamos a tener un cisma. A los que los lefebvristas están ya muy acostumbrados. Y pienso que no les afectará mucho.
Creo también que habrá más católicos que se pasen a esos lefebvristas que miembros de esa comunidad que vuelvan al catolicismo sin adjetivos. Aunque todos, unos y otros, tampoco en grandes números. Aunque superiores, dentro de su pequeñez, el de los católicos que se vayan al de los lefebvristas que vuelvan. Y pienso que todo se hará sin grandes actos de afiliación. Simplemente pasando de un local a otro.
Repito que esto se debió haber evitado por el Papa. ¿Por los otros también? Creo que no es lo mismo. Ellos estaban en un estado de necesidad en el que el Papa no se encontraba. Los lefebvristas, sin obispo, y los que les quedaban eran ya cada vez mayores, se morían solos. No tendrían más sacerdotes ni más obispos. Con este acto tendrían asegurada unos cuants años más su existencia.
Confío en que, como ya ha pasado, la Iglesia termine levantando excomuniones y reconociendo su existencia. Aunque, ¿para eso, no sería mejor no montar este número católico?