
Son unas cifras a la vez impresionantes y espantosas. Y la diócesis de Lérida fue superada por su vecina Barbastro.
Recordarlas es pura memoria histórica pues nada hace pensar que puedan hoy repetirse. Fueron unos días a la vez trágicos y gloriosos de nuestra Iglesia que sería injusto olvidar. Que llenaron los altares de santos. De santos mártires.
Ni en la Roma clásica hubo tanto y en tan poco tiempo.