
Dios quiera que se termine para siempre ese absurdo odio de algunos eclesiásticos a la misa con la que tantos siglos se santificó la Iglesia.
Y que no se da entre los seguidores de la misa tradicional. Conozco a muchos de ellos, y digo muchos con toda conciencia, que no teniendo a su alcance el modo extraordinario del rito latino, tan escaso en España, habitualmente asisten al modo ordinario sin el menor problema.