Crece la indignación del clero porteño con el Cuervo García Cuerva

Me dicen de Argentina

«La destitución del padre Adolfo Granillo Ocampo -próximo a cumplir 25 años de sacerdote-, del rectorado del Santuario eucarístico de Jesús Sacramentado, en el barrio de Almagro -a solo un año de haber asumido-; y el intempestivo pedido -a través de su vicario general, Pedro Cannavó- al padre Walter Marchetti, para que deje la parroquia Nuestra Señora de Balvanera (Santuario de San Expedito), hizo estallar de indignación al clero porteño, con su arzobispo, el «Cuervo» García Cuerva.

«Luego de haber pagado buena parte del patético espectáculo del ‘cura dj’, en plaza de Mayo -comentó un experimentado párroco de «periferia»-, ésta es la gota que rebasó el vaso. Estamos hartos de su despotismo, malos tratos y gritos. Hasta el mismo Papa Francisco se arrepintió de haberlo nombrado. Y, por eso, le sacó a Buenos Aires, ser la diócesis primada de Argentina».
Dijo, también, que «la indignación ya no se disimula. Un párroco le pidió explicaciones al «Cuervo» hace unos días, en la sacristía del Seminario, por el relevo de Granillo Ocampo, sin que mediaran motivos morales, y sólo recibió como respuesta una catarata de gritos. Sus resentimientos clasistas, de kirchnerista empedernido, son indisimulables. Y cuenta, para eso, con la obsecuencia de sus lamentables obispos auxiliares; tres de los cuales hizo nombrar él».
Y agregó: «Les gustan los curas jóvenes, a los que puede manejar a su antojo. De hecho, se hizo muy compinche de dos párrocos, uno de 45 y otro de 47; a los que, todo el tiempo, agasaja. Es muy probable que, como miembro del Dicasterio de los Obispos, busque hacerlos obispos. ¡Así estamos!»
Nuevas prepotencias del plebeyo ordinario porteño. Que para demostrar su «pobrismo» se fue a vivir a una casa del arzobispado, en el Bajo Flores, a la que por supuesto, hizo refaccionar convenientemente. Como ocurrió con su difunto mentor con la Casa Santa Marta, en Vaticano: hacerse el pobre, con plata ajena, cuesta muy caro».

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