La Iglesia en España celebra este viernes 6 de noviembre la memoria de san Pedro Poveda, san Inocencio de la Inmaculada y sus compañeros mártires, víctimas de la persecución religiosa del siglo XX. La conmemoración recuerda a sacerdotes, religiosos y fieles laicos que fueron asesinados por su condición de católicos y cuya muerte ha sido reconocida por la Iglesia como martirio por odio a la fe.
La celebración adquiere este año una relevancia especial ante las nuevas beatificaciones previstas durante noviembre. Según los datos publicados por la Conferencia Episcopal Española el pasado 14 de octubre, 2.404 mártires figuran en el registro de beatificados y otros once han sido proclamados santos. La cifra incluye a aquellos cuyos decretos de martirio ya han sido promulgados y cuyas ceremonias de beatificación están programadas.
Una persecución que golpeó especialmente al clero y a la vida religiosa
La persecución religiosa que sufrió España durante la Segunda República y, especialmente, durante la Guerra Civil provocó el asesinato de miles de católicos.
Obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos fueron víctimas de una violencia que tuvo entre sus objetivos la eliminación de la presencia pública de la Iglesia en numerosos territorios.
Junto a los asesinatos se produjeron incendios de templos, destrucción de imágenes sagradas, profanaciones y ataques contra conventos y comunidades religiosas.
Entre los santos recordados el 6 de noviembre figura Pedro Poveda Castroverde, fundador de la Institución Teresiana, asesinado en Madrid en julio de 1936. También se recuerda a Inocencio de la Inmaculada, religioso pasionista martirizado durante los acontecimientos de Turón, en Asturias, en octubre de 1934.
Sus historias forman parte de una memoria litúrgica común que reúne a numerosos testigos de la fe de aquella época.
Más de tres mil mártires continúan en proceso de beatificación
La actualización de la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE señala que actualmente se encuentran en proceso de beatificación otros 3.040 mártires.
El organismo recuerda que las causas siguen procedimientos canónicos destinados a examinar la identidad de las víctimas, las circunstancias de su muerte y la existencia de odio a la fe por parte de sus perseguidores.
El reconocimiento del martirio exige acreditar que la persona murió por fidelidad a Jesucristo y que aceptó la muerte manteniéndose firme en su fe.
Este proceso permite distinguir el martirio cristiano de otras muertes producidas en el contexto de los enfrentamientos políticos y militares.
El perdón de los perseguidores
Uno de los elementos recurrentes en los testimonios de los mártires españoles es el perdón ofrecido a quienes los condujeron a la muerte.
La Iglesia conserva sus historias como ejemplos de fidelidad a Cristo hasta las últimas consecuencias, de acuerdo con el testimonio de los primeros mártires cristianos.
La memoria del 6 de noviembre precede este año a la beatificación de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires de la diócesis de Santander, prevista para el sábado 7 de noviembre.
La coincidencia de ambas celebraciones vuelve a situar en primer plano uno de los capítulos más dolorosos de la historia religiosa española y el testimonio de quienes permanecieron fieles a su fe en medio de la persecución.