León XIV afirmó este domingo, solemnidad de Todos los Santos, que «la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos». El Papa lo dijo en la reflexión previa al rezo del Ángelus, que presidió desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, según el texto publicado por Vatican News.
El pontífice partió del Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12) y de la visión del Apocalipsis (Ap 7, 9) sobre la multitud inmensa de todas las naciones. Recordó que la Iglesia celebra en esta fiesta tanto a los santos reconocidos oficialmente como a muchos otros que solo Dios conoce, y los describió como «el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios» que ya está presente entre los hombres, según la crónica en español de Vatican News.
Una santidad que no se puede contar
León XIV subrayó que esa multitud no puede ser contabilizada, porque la santidad no se reduce a ningún cálculo y se mide en «gestos y decisiones de amor» que, dijo, superan «los cálculos de la avidez y la prepotencia del mal». De este modo, el Papa insistió en que la llamada a ser santo alcanza a todo bautizado, con independencia de su origen, su cultura o sus circunstancias vitales.
En esa línea, el Santo Padre dejó una consideración de carácter más personal sobre la mirada de Dios: el mensaje de la fiesta, explicó, es que «Dios ve el bien que nosotros no vemos», conoce historias que los hombres ignoran y llega a corazones a los que nadie más tiene acceso. La frase, que cierra el núcleo de su reflexión, invita a no juzgar la santidad por las apariencias ni por el reconocimiento público.
La petición a la Virgen y la paz
Al término de su intervención, León XIV pidió a la Virgen María que acompañe a los fieles en el camino de la santidad y en la construcción de la paz, tanto en los grandes acontecimientos como en la vida cotidiana. La mención de la paz, según el texto de Vatican News, aparece así vinculada a la vocación universal a la santidad que había expuesto poco antes.
El Papa ya había dedicado a esta cuestión su catequesis de la audiencia general del 8 de abril, en la que habló de la llamada universal a la santidad a la luz de la constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II. El domingo anterior, en otro Ángelus, había afirmado que el amor a Dios debe desbordarse en amor al prójimo.