El obispo de Oslo, Fredrik Hansen, ha defendido que la misión de un obispo consiste en transmitir fielmente las enseñanzas de la Iglesia y no en cuestionarlas. En una entrevista concedida a la periodista Petra Lorleberg para el portal católico alemán Kath.net, el prelado noruego, de 47 años, afirmó que «como obispo es mi deber proclamar la fe de la Iglesia» y advirtió de que ponerla en duda supondría faltar a su responsabilidad como pastor y maestro.
Hansen explicó que, durante las primeras semanas posteriores a su nombramiento, varias personas le preguntaron si creía en determinadas enseñanzas de la Iglesia. Aquellas conversaciones le sorprendieron, pues consideraba evidente que la fe que debía anunciar era la misma que había recibido al convertirse al catolicismo.
Según señaló, si como obispo comenzara a cuestionar o criticar esa fe, «fallaría en mi tarea como maestro» y provocaría «duda e inseguridad» entre los fieles. «Sería un error», añadió.
De familia luterana a obispo católico
Nacido en una familia luterana, Fredrik Hansen ingresó en la Iglesia católica cuando tenía alrededor de veinte años. Su conversión estuvo marcada por las discusiones teológicas que entonces se desarrollaban en el seno de la Iglesia luterana de Noruega, especialmente sobre la Eucaristía, la autoridad eclesiástica y el papel de los obispos.
Al profundizar en esas cuestiones, llegó a la conclusión de que su comprensión de la Eucaristía y de la naturaleza de la Iglesia correspondía a la doctrina católica.
El obispo recordó también la paz y la serenidad que experimentó al asistir a Misa durante los primeros meses posteriores a su conversión. Aquella experiencia, explicó, continúa ocupando un lugar central en su vida espiritual.
Preguntado por los motivos que llevan actualmente a otras personas a abrazar el catolicismo, Hansen señaló que muchos conversos destacan la búsqueda de la verdad, la claridad doctrinal, una liturgia digna y la posibilidad de formar parte de una auténtica comunidad cristiana.
Un sínodo diocesano inspirado en san Carlos Borromeo
Durante la entrevista, Hansen abordó también la preparación del sínodo diocesano que ha convocado en Oslo y quiso distinguirlo expresamente del Camino Sinodal alemán.
El prelado explicó que se trata de un sínodo diocesano en el sentido previsto por el derecho canónico, orientado a organizar y fortalecer la vida pastoral de la Iglesia local. Como referencia histórica mencionó los sínodos celebrados por san Carlos Borromeo después del Concilio de Trento.
Entre los asuntos que se abordarán figuran la elaboración de un nuevo plan pastoral y la revisión de los estatutos de los organismos parroquiales.
El pasado agosto, al anunciar la convocatoria del sínodo diocesano, Hansen ya había insistido en que «un sínodo diocesano no es una asamblea democrática», subrayando la responsabilidad propia del obispo en el gobierno de la diócesis.
El prelado identificó además dos prioridades para la Iglesia de Oslo: la transmisión de la fe a las nuevas generaciones y la atención pastoral a las comunidades de inmigrantes, que constituyen una parte importante de los católicos de Noruega.
Ambas cuestiones estarán presentes en los trabajos sinodales. Hansen también reconoció que la diócesis deberá prepararse para un futuro en el que posiblemente disponga de menos sacerdotes procedentes del extranjero.
La experiencia diplomática y la universalidad de la Iglesia
Antes de asumir el gobierno pastoral de Oslo, Fredrik Hansen desarrolló parte de su ministerio fuera de Noruega, especialmente en el servicio diplomático de la Santa Sede, con destinos en Honduras y Viena.
Aquellos años, explicó, le permitieron experimentar de manera directa la universalidad de la Iglesia católica. Con independencia del país o de la cultura, encontró un mismo hogar espiritual en la fe compartida, la celebración de los sacramentos y la comunión con los pastores.
Desde su llegada a Oslo, Hansen también ha llamado la atención por distintas iniciativas pastorales, entre ellas la ampliación de las posibilidades de asistir a la Misa tradicional en su diócesis y sus exhortaciones a recuperar la práctica frecuente del sacramento de la confesión.
Al concluir la entrevista, el obispo dirigió un mensaje a los católicos de lengua alemana: «¡Sed personas de esperanza!», recordando las palabras de Jesucristo en el Evangelio de san Juan: «En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).